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Lo más “divino” del evangélico Bertucci es la sopa gratis

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21/05/2018
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TEXTO: FRANCIS PEÑA | PORTADA: EFE | FOTOGRAFÍAS EN EL TEXTO: EFE Y AFP

Es sábado, y en Caracas cierra campaña el candidato presidencial Javier Bertucci. Fenómeno electoral del momento, el pastor evangélico busca votos y llena calles para repartir sopas, organizar verbenas y lanzar su mensaje. Todo gratuito. Hay quienes lo ven como un enviado de Cristo, tirando de la fe que los une. Otros aspiran llenar el estómago

Javier Bertucci renunció a la investidura religiosa con el propósito de cambiarla por una con mayor envergadura: la Presidencia de Venezuela. Su candidatura ha sabido levantar la ceja de más de un escéptico al ver la popularidad que gana con el pasar de las semanas. A punta de sopas, o por convicción, el electorado que afirma apoyar al abanderado de Esperanza por el Cambio no solo toma argumentos terrenales para reafirmar su creencia. La elección de Dios también entra en el juego.

Oriana López Conde perdió a su esposo a manos de la delincuencia. Con 32 años y dos bocas ajenas que alimentar, el sueldo mínimo que gana como intercesora de la Iglesia Evangélica de Petare no le es suficiente. Es sábado y está postrada en una cola que hace entre risas bajo el sol inclemente de Caracas. El candidato a la presidencia Javier Bertucci está por llegar a Petare y mientras Oriana lo espera, vigila a sus dos hijos hasta que le llenen su pote vacío con la sopa que el aspirante ofrece en todas sus convocatorias.

Bertuccicita5Es su primera vez en uno de los “sopazos” que caracterizan la campaña de Bertucci, y asegura que no está ahí por el alimento. Admite, claro, que para ella es un regalo que él les está dando. Ahora tomarse una sopa “resuelta” se sumó a la lista de lujos que pocos hacen en la Venezuela de hoy.

Bertucci lo sabe y por eso las regala.

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El olor a pescado se hace más fuerte a medida que en las ollas se cuece el líquido que será vertido en los recipientes que cada quien se procure. A Oriana eso no le importaba porque su fervor fue lo que la movió a asistir al “sopazo”.

Vecina del barrio San Blas en Petare, tiene nacionalidad colombiana, donde vive el mayor de sus hijos, pero se queda en Venezuela porque siente tener una misión en el país. Sus dos vástagos pequeños ya han pasado por la estación de afeitarse que puso el comando de campaña en lo que es el cierre de las actividades proselitistas en la capital del país, y muy alegremente los busca con la mirada en los pintacaritas mientras espera su sopa y refiere convencida que lo de Bertucci no es populismo porque “esto es lo que la gente necesita”.

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En la misma cola pero sentada en el área de tercera edad y niños, en donde los voluntarios que apoyan a Bertucci enfilan sillas para que esperen, está Julia de Yanes. De 60 años, con cabello blanco y ojos azules, se acompaña de dos amigas. Las tres hablan confiadas de que el pastor va a ser el próximo en sentarse en la silla de Miraflores.

Julia es evangélica y ama de casa. Con sus dos hijos fuera del país –uno en Miami y otro en Perú–, cuenta que no acudió por la sopa. Con una sonrisa tímida y un tono de voz bajo para que no todos escuchen, desliza: “Yo tengo comida en mi casa”.

Bertuccicita4Si hay algo de Bertucci que la convenza a votar por él es el dogma que comparten. Habla del candidato como si fuesen amigos pese a no conocerlo personalmente. Cuando el mentado llega a Petare, sus dos amigas se paran de las sillas y la llaman para que se acerque a verlo. Julia no hace caso y sigue hablando alegre sobre la disposición divina que puso al candidato en el camino a la Presidencia. “Dios es uno solo y puso a Bertucci. Él representa la esperanza”.

Oriana y Julia no se conocen ni están lo suficientemente cerca como para mediar palabra pero, sin saberlo, hay algo que las une. Para ambas, el religioso representa abundancia y paz, mensajes que sueltan desde su grupo político mientras entregan sopa, hacen cortes de cabello, montan colchones inflables y reparten algodón de azúcar. Todo gratis.

Ni una ni la otra difiere con la idea que ya ha planteado el candidato de no perseguir la obtención del matrimonio igualitario en el país y piensan que el capitalismo solo sirve para “lavar cerebros”. “Lo que dice Bertucci es seguir el modelo bíblico que plantea unión entre un varón y una hembra”, expone Oriana mientras se tapa la cara del sol usando su mano.

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El recién llegado

El nombre de Javier Bertucci no sonaba en al ambiente político hasta comienzos de 2018. Dirigía la Iglesia Cristiana Maranatha y hacía labor social con su organización El Evangelio Cambia, además de negocios de alto nivel, incluyendo los referidos por las investigaciones de los Panamá Papers que lo señalan de contrabando y revelan que estuvo bajo arresto domiciliario y en juicio a cargo de la juez Nº2 del Circuito Judicial Penal del estado Carabobo, Rosa Matute. Una historia que en Petare ese sábado pasó desapercibida.

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Desde febrero, cuando anunció su candidatura presidencial, el “outsider” ha crecido consistentemente en las encuestas, según el director de la firma Delphos, Félix Seijas. “Lento pero siempre ha subido”, contrario al exgobernador de Lara y también contendiente en la carrera a la primera magistratura nacional, Henri Falcón, quien se mantuvo estancado en las estadísticas durante varias semanas, según le dijo el encuestador a TalCual.

Bertuccicita3Un estudio de Delphos, realizado a comienzos de mayo, muestra que entre los muy seguros de votar, Maduro lograría 43% de votos, Falcón 24% y Bertucci 19%. Un escenario no tan pesimista para un candidato que subía entre 1,5 y 2% a la semana, al menos a comienzos de ese mes.

Henri Falcón contaba con aglomerar el voto del chavista descontento en su candidatura. Su pasado en las filas oficialistas debió ser suficiente para ello, pero la realidad dista mucho de ese ideal. Es el pastor evangélico quien ha logrado la simpatía de ese sector. Seijas asegura que la cuarta parte de los votos con los que cuenta Bertucci vienen del chavismo y el resto de “personas que no confían en el liderazgo político tradicional”. Solo 5% del electorado del exgobernador de Lara proviene de las filas rojas.

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A diferencia de Oriana y Julia que nunca se sintieron identificadas con el proceso de “revolución bolivariana” instaurada por Hugo Chávez y continuada por Nicolás Maduro, Osvaldo Ventura admite abiertamente haber sido partidario del comandante. “Yo apoyé a Maduro hasta que se sentó en la silla”, suelta desde la cola de la sopa, donde buscaba a unos amigos.

Con 36 años y un trabajo en el área de la construcción, Osvaldo tiene cinco hijos que mantener. No sigue la línea religiosa de Bertucci ni de quienes más lo apoyan, pues se declara católico. Pero, para él, el independiente que busca sentarse en Miraflores es “el que mejor habla” entre los postulados. A Falcón, en cambio, lo ve como “falso”.

Bertuccicita2Vecino de Guarenas, Osvaldo se ríe nervioso cuando le toca decir tres cosas que represente Bertucci para él. “Ahí sí me jodiste. Representa cambio”. Como salvado por la campana, sus amigos volvieron a la cola. “¿Puedo retirarme?”, se apura a decir sin enumerar una segunda y tercera cualidad del candidato. Una sola le bastará para votar.

La campaña de Bertucci se mantuvo gracias a donaciones, al menos eso es lo que dicen quienes forman parte de su comando. Entre quienes lo apoyan en la logística del evento no solo está su equipo de prensa sino también voluntarios de su organización El Evangelio Cambia, que se aferran al pasado del pastor y al trabajo social que, juran, “siempre lo ha caracterizado”.

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Con condimento

La cola de la sopa está larga, a reventar. Entonces ocurre lo más esperado: un voluntario abre la olla. Como en una escena de The Walking Dead, los hambrientos comienzan la carrera. Potes vacíos de todo tipo y origen van pasando uno tras otro para recibir el maná de aquel cucharón. Unos encima de otros, se hacen señas con los dedos de cuántas personas son para pedir la cantidad de sopa necesaria. El candidato ya ha llegado y desde una tarima brama su discurso. No importa si le hacen más caso a él o al bocado de comida gratis; para muchos, el único del día.

Bertuccicita1Luis Ramírez está sucio, y luce una poblada barba blanca y ropa rota. Desde lejos se escucha su cuchicheo crítico, ácido, que rechaza la escena y al político. Tiene 62 años y sin vergüenza confiesa que solo está ahí para comer. Su fidelidad está intacta hacia Nicolás Maduro y, a pesar de no trabajar ni tener en dónde alimentarse a diario, confía en que el mandatario “ya ganó, ninguno lleva chance”.

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El día anterior, Luis comió gracias al altruismo de alguien que se topó en sus andanzas callejeras pidiendo dinero. Ahora suelta sin titubear que “si tú me das comida, yo me muevo de aquí. No le creo nada a este pero tengo hambre, ¿cómo hago?”.

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