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Maria Luisa Flores: la bien amada de Telemundo

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Es actriz y modelo. De las pasarelas brincó a las pantallas grandes y chicas. Ha resaltado entre caras, cuerpos y talentos. Dueña de la afectación y simpatía, habla a Clímax de sus amores con la cadena Telemundo

Su acento bogotano delata que lleva tiempo afuera. Sin embargo, el amor por la arepa de queso guayanés con aguacate la acusa de ser muy criollita —aunque Colombia se ensarte en la discusión bizantina de que la arepa es suya y no de Venezuela. Tiene un rostro tan dulce como su mismísima voz. Y unos ojos que brillan cada vez que nombra su tierra. María Luisa Flores, modelo y actriz nacida en Caracas, es una trotamundos. Su carrera fue la excusa que le puso el destino para tener que hacer maletas con frecuencia.

Tenía 15 años cuando, en una de esas fiestas que asisten las bachilleres, María Luisa se topó con la asistente de Osmel Sousa. La extraña le dijo que debería meterse al Miss Venezuela. Ella desistió, era muy joven y ―como ella misma se apoda― “galla”. Tampoco le interesaban los tacones, los patuques y los peinados pomposos. Pese a esto, la impulsaron a ir a una agencia de modelaje. De allí la seleccionaron para desfilar en Japón. “Pasé un año intentando convencer a mi mamá para que me dejara trabajar como modelo. Hubo muchas peleas. Al final ella supo que tarde o temprano me iría, así que aceptó”, comenta entre suspiros. En esa época se paseó por las pasarelas de Tokio, Milan, Barcelona, Paris, Munich, Hamburgo y Londres. 

“La verdad es que ser modelo tampoco es fácil. En cualquier profesión si te equivocas es por mal empeño. En cambio en el modelaje si algo está mal eres tú o tu cara, nariz y labios no tan gruesos. No es lo que haces, es lo que eres”. En el 2009 decidió residenciarse en Bogotá donde quedó seleccionada como actriz para una serie de RCN televisión. Desde entonces no ha podido soltar los guiones y los dramas.

“Fue muy duro comenzar. Yo no sabía actuar, pero me apasioné. Me di cuenta de que es una profesión que requiere de mucho estudio, y eso para mí es un regalo”. Su cara empezó a verse en la pantalla chica de toda Latinoamérica. Pero María Luisa ya no era una niña. Los castings en camisa beige con la insignia del colegio quedaron atrás. También el anonimato. En medio de la entrevista la interrumpe el anfitrión de la casa donde se hospeda mencionándole que tres personas están afuera esperando que ella baje a saludarlos.

Pero el azar lanzó otra carta. María Luisa tuvo un incidente en Venezuela. Sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en el brazo, cuello y rostro. El tiempo que pasó en tratamientos no fue en vano. Tres años de su vida los dedicó a agradecer todo lo que sí tenía. “Empiezas a vivir más en el presente. Dejas de ahogarte en vasos de agua. Es aceptar que la vida es lo que es y uno no la puede cambiar. Sí aceptar”. Su temple ante el recuerdo por ratos parece quebrarse, pero no.

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La batalla la ganó enfrentándola. Una manera de abordarla fue ayudando a personas que habían sufrido un mal parecido. Actualmente, está abriendo una fundación que trata a mujeres que han sido víctimas de quemaduras por sus esposos. “Colombia, después de Afganistán, es el segundo país en el mundo en el que más mujeres han sido quemadas con ácidos por sus parejas”. Ella, junto a otras colaboradoras, condicionó la labor prestando ayuda médica y psicológica a las víctimas. De haber sabido cuáles medidas tomar cuando ocurrió el accidente, se hubiese ahorrado días de hospitalización y muchas cirugías. La Fundación Inti, encargada de brindar rehabilitación física y psicológica a víctimas de quemaduras de cualquier tipo, presenta un video instructivo que las recopila:

Y sí, a María Luisa le encantaría brindar apoyo en Venezuela. La última vez que trabajó dentro de su patio fue para la película de Fina Torres Liz en Septiembre. Interpreta a Alex, una de las amigas de la protagonista. Pero un solo país le queda pequeño. En el 2013 entró al set de Telemundo en Miami. Grabó Reina de corazones. Hizo las veces de Connie en esta telenovela aplaudida por el público con éxito.

Para el momento de esta entrevista se transmite la serie Dueños del paraíso, su más reciente reto. Telemundo no quiere soltarla. “Este proyecto ha roto un record de audiencia en el canal. Es uno de los programas hispanos más populares en este momento”, se envanece de orgullo.

“Ahora estoy en Colombia, pero debo hacer maletas pronto para ir a México”, desliza. A la puerta le tocan muchas oportunidades. “Hacer cine es un regalo. Ojalá pudiéramos vivir solo del séptimo arte. A mediados de 2015 empezaré a grabar El club de la venganza, una cinta venezolana del director Rómulo Guardia”.

Está llena de planes, pero es consciente que las casualidades rezan eso que dice “la vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”. Llena de ánimos asevera: “Estoy en mi relación más hermosa: conmigo misma. Es lo que tengo ahora y es de lo único que tengo para hablar”.