Navidad a color Las fiestas de Barlovento

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Desde Caucagua hasta El Guapo, Barlovento mantiene vivas sus tradiciones navideñas contra viento y marea. No importa si la crisis económica de la nación golpea los bajos mirandinos, la negritud de Barlovento hace hincapié en sobrevivir con cultura

Desde que llega diciembre se va sintiendo el ambiente, se escuchan las parrandas aderezando los días, se cortan las hojas de plátano o la de bijao para las hallacas, las mujeres en los caseríos preparan las tradicionales cafungas, todos productos que nacen en la zona. Son los rituales que preparan y advierten lo que se avecina. Más allá de cacao y verde, esta zona tiene un no sé qué que se manifiesta con color y música.

El 24 de diciembre inicia a primeras horas de la mañana con un recorrido por los pueblos. Muy temprano en Higuerote pasean su Niño Jesús, uno hermoso, dentro de un nicho de madera y cristal. A las siete de la mañana ya el pueblo se activa. Al de Birongo se le rinden honores a las ocho de la mañana en su pequeña iglesia. No solo es pueblo de brujería, como dicen algunos, también se quiere al Divino Niño.

Entre las nueve y las diez de la mañana, le toca el turno a Curiepe. Si llueve y hay barro no importa, todos se suman.

Cada Niño Jesús en cada pueblo tiene un mayordomo. Es quien lo lleva en el pecho y lo cuida; lo guarda durante un año hasta el día que debe pasearlo.

En Tacarigua se incrementa lo vistoso. Banderas de colores, tambores y cantos, antecedes a la imagen. Luego, la ceremonia con misa.

Uno de los paseos más interesantes es el que le dan a Niño Jesús de Capaya, a las cinco de la tarde cuando ya empieza a caer el sol. En el verdor de Barlovento, los vecinos cruzan el rio con el pequeño, y de nuevo todo el mundo va a sus casas para compartir la comida.

Una de las celebraciones del mes de diciembre en Barlovento, especialmente en el pueblo de Caucagua, es la de los Santos Inocentes, tradición que tiene muchísimos años y hoy por hoy está en la lista de patrimonios del estado Miranda que buscan ser declarados Patrimonio de la Humanidad.

El día 27 de diciembre en la noche se celebra un encuentro con la parranda de Pantoja y la de la calle La Línea. Una está abanderada con colores verde y rojo, mientras que la otra porta estandartes amarillos y colorados. Cada uno de sus integrantes, todos actores, le da una función propicia a la celebración.

El día 28 las mujeres de la parranda se convierten en las vigilantes de la ley en el pueblo machete en mano, aunque de madera, simbólicos. Este honor se lo concede el alcalde de turno. Durante estos días, en las localidades no hay distingos sociales ni políticos.

Los músicos nunca pueden faltar en cada celebración. Son quienes le ponen ritmo y sabor con trompetas, tambores y cajas que hacen un ruido maravilloso.

Uno de los personajes más característicos del día es ‘el bolero’, integrante que se sale de control con sus colores y movimientos, una vara en la mano, la cara pintada de negro y una lengua muy roja, harapos y todo tipo de añadiduras que hagan colorida su vestimenta. Ellos piden su aguinaldo y van realengos mientras las mujeres imponen carácter. Esta es la celebración más popular de Caucagua.

Sin exagerar, todo el pueblo se incorpora a la fiesta, nadie se queda en su casa. Unos van detrás de la parranda de Pantoja y otros siguen la de la calle La Línea. Pero es en la tarde, antes de finalizar la fiesta, que las dos se encuentran frente la plaza Bolívar. Medio pueblo se ve desde el campanario de la iglesia de La Encarnación. Allí se produce un abrazo fuerte entre los miembros y músicos de cada parranda, sellando el pacto de unión de los cultores. A pesar de la delincuencia e inseguridad en la zona hay cierto respeto por esta tradición.

Desde 1992 todos los 29 de diciembre es tradición en la población de Marizapa, Caucagua, el recorrido de la parranda de la burra de Venezuela, representada por Carlos Marrón.

El 30 es la parranda de la Burra de Caucagua de Ernesto Monges. Él pasea el pueblo con parranda y músicos, y lleva caramelos por las calles. Con los años se ha hecho más complicado conseguir el dulce, pero siempre hay un niño que recibe la golosina de la mano del cultor.

Ya pasado el año viejo, la fiesta no puede cerrar porque le toca a los Reyes Magos hacer la caminata. Tres caballos esperan a los monarcas y todo el pueblo, porque ya es una receta, cuando hay celebración en el municipio Acevedo debe estar acompañada con parranda y músicos.

Van los reyes tirando papelillo y caramelos. Con ellos hay un cuarto monarca, pero es uno simbólico interpretado por el cultor Carlos Martinsky. Entre risas dice que con Melchor, Gaspar y Baltazar estuvo otro mago pero solo Caucagua sabe cuál es.

La cultura de estos pueblos se resiste a fallecer, se ha mantenido en el tiempo porque es su modo de vida, va de la mano con su agricultura y su gastronomía, es lo que sobrevive en la Venezuela que se entristece por una crisis económica, política y social profunda e inédita.

Comunicador visual egresado de la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas en las menciones Diseño Gráfico y Fotografía. Cuenta con 18 años de experiencia en la fotografía documental y fotoperiodística. Trabajó en la extinta Cadena Capriles y participó del especial OLP: La máscara del terror oficial en Venezuela, de Runrunes. En El Estímulo y sus marcas logró ser por dos años consecutivo merecedor del Premio a la Excelencia Periodística de la Sociedad Interamericana de Prensa. Además, desarrolla un seriado de ilustraciones editoriales con carácter crítico relacionado a la Venezuela de la actualidad, que fue expuesto en la colectiva República Colapsada Vol. 2, en New York en 2017.

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