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Hiperinflación, la tormenta que apenas comienza

Lluvias
25/07/2018
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TEXTO: ANDRÉS CAÑIZALEZ @INFOCRACIA | FOTOGRAFÍA: AVN | ARCHIVO

La crisis económica en Venezuela es un monstruo con diferentes caras. La incapacidad de pagar la deuda externa, la emisión de dinero inorgánico, la reducción drástica del Producto Interno Bruto (PIB), son algunos de esos rostros, sin embargo para el venezolano común hoy la crisis es sinónimo de hiperinflación.

De forma recurrente entrevisto a economistas. La crisis económica y su irresolución con el actual gobierno es asunto que pasó a ser preocupación principal para los venezolanos. La inédita oleada migratoria que hoy caracteriza a Venezuela tiene como disparador el rápido deterioro de las condiciones de vida para las mayorías en el país.

Durante buena parte de los meses de 2017, el debate entre economistas estaba centrado en sí debía catalogarse de hiperinflacionaria al alza de precios. Yo creo que desde el último trimestre del año pasado pasó a haber un consenso. De forma unánime, según las diversas perspectivas, Venezuela vive en hiperinflación.

Cualquier advertencia resultó en vano. Yo mismo le preguntaba a muchos economistas en meses pasados de cómo debía prepararse el venezolano para lo que venía. Los consejos terminaron pulverizados como el bolsillo de muchos. No había manera, materialmente, de prepararse para esta etapa hiperinflacionaria, al menos para el común de la población.

Peor aún. Es difícil digerir el pronóstico que acaba de hacer el Fondo Monetario Internacional (FMI) de que habrá para fines de este año 2018 una inflación de 1.000.000% y debemos decir en este caso, como se anuncia en el bingo, y se lee: Un millón por ciento.

La hiperinflación es una suerte de lluvia, transformada hoy en tormenta que a su paso va arrasando con todo: salarios, pólizas de seguro médico, pensiones. La dinámica hiperinflacionaria va a un ritmo que incluso quienes reciben pequeñas remesas desde el extranjero también terminarán afectados, ya que si bien el dólar va subiendo de forma importante, los precios van en alza a una velocidad mucho mayor.

Con lo indicado por el FMI, además, podemos asegurar que la situación se va a empeorar de forma significativa en los próximos meses.

La tormenta, en realidad, apenas comienza. La hiperinflación, esa suerte de devastación económica, todavía no ha llegado a su punto clímax. Lo que hemos vivido en este primer semestre del año es, sin duda, sólo la punta de un iceberg gigantesco.

Hacer frente a la crisis económica en su conjunto, y en particular detener la hiperinflación, requiere ya a estas alturas de decisiones políticas, como antesala a un plan económico organizado. Tales decisiones políticas incluyen desde el cambio del régimen hasta el cambio dentro del régimen.

En uno u otro caso, debería salir Nicolás Maduro de la toma de decisión. Bien sea porque se produzca un cambio de régimen y por tanto abandone Maduro el poder; o porque aún manteniéndose el gobierno, la materia económica –por decisión del propio chavismo- pase a ser manejada por un equipo pragmático sin injerencia de Maduro.

En las diversas entrevistas que he hecho a economistas un asunto ha salido a relucir de forma recurrente. Las hiperinflaciones son una suerte de enfermedad aguda, que tienen un pico y que luego, se aplican necesariamente medidas. Sea por parte de un eventual nuevo gobierno o bien desde el propio gobierno por personas diferentes.

Las hiperinflaciones no son perennes. No son una enfermedad crónica, para seguir con las metáforas médicas.

Los meses venideros son más duros aún, y no habrá manera de poder estar preparados para contener los efectos de la devastación. Para una inflación de un millón por ciento sencillamente es imposible tener un plan viable de contingencia. Toca ver cómo se aguanta la tormenta, cómo se sobrevive en estos meses.

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