El "señor de las frutas" de Colombia descubre los secretos de las más raras
Gian Paolo Dager viraliza en redes sociales el uso de frutos nativos desconocidos para muchos, como piñuelas, cocorillas, lontares y pandanos, y enseña a consumirlos de distintas formas
Frente a miles de seguidores en internet, el llamado «señor de las frutas» nativas describe sabores, texturas y posibles usos de raros ejemplares. Gian Paolo Daguer dirige una red voluntaria para salvar estos manjares de la extinción en Colombia, uno de los países más biodiversos.
Desde su casa en Bogotá, el ingeniero ambiental graba con una cámara de celular la reseña de una lúcuma, un fruto tropical poco conocido, cuya apariencia exterior es similar a la de un coco. Por dentro se asemeja a una palta o aguacate amarillento y es de sabor ligeramente dulce.
Daguer, de 47 años, se ha convertido en referencia para un creciente círculo de amantes de las frutaspropias de Colombia pero poco habituales en la dieta de sus habitantes. Algunas de ellas están en peligro de extinción por el desconocimiento sobre sus propiedades y otros factores como la deforestación.
Algunas frutas exóticas colombianas. Foto Pablo VERA / AFP
En sus redes sociales, el proyecto «Frutas de Colombia» suma más de 108 mil seguidores. Sin fines de lucro, Daguer también lidera una red de chats en WhatsApp donde biólogos, campesinos y chefs, entre otros, comparten sus conocimientos y acuerdan intercambios de semillas.
Es una «visión holística en donde confluyen todos esos conocimientos diferentes con una intención de conservar y recuperar la biodiversidad y las frutas (…) que crecen en Colombia», dice a la AFP.
De acuerdo con Carolina Castellanos, bióloga del Instituto Humboldt, «Colombia es uno de los países más ricos en número de especies de plantas».
El estudio más reciente de esa entidad vinculada al Ministerio de Ambiente y otros organismos determinó que hay por los menos 3.000 especies «alimenticias» en Colombia, de las cuales los seres humanos consumen tallos, hojas, frutos o semillas. Pero por lo menos el 10% de ellas están en riesgo de desaparecer.
Señor de las frutas… y las semillas
En pequeños huertos hogareños crecen las plantas provenientes de algunas de las semillas que Daguer consigue y luego distribuye. Los interesados las solicitan por redes sociales, él hace las gestiones para encontrarlas en cualquier punto geográfico y las envía en sobres por mensajería.
La intención es «conservar», «recuperar», «informar y divulgar», asegura.
Es posible hacer platos de alta cocina. Este es de la chef Antonuela Ariza. Foto Raul ARBOLEDA / AFP
El gusto nació desde que era niño y disfrutaba comiendo frutas en los viajes familiares a zonas rurales.
Daguer tiene una extensa colección de libros de botánica apilados junto a raros ejemplares de piñuelas, cocorillas, lontar y pandano: todas frutas de formas, texturas y sabores atípicos.
Aunque espontáneo, su trabajo llegó a esferas científicas y fue determinante para catalogar una nueva especie: el Quinguejo, una pepa oscura similar al arándano que crece en Nuquí, un poblado paradisíaco en el departamento del Chocó (noroeste). Hasta 2024 el pequeño fruto no estaba «clasificado botánicamente».
Daguer lo vio por primera vez en redes sociales, encontró a un campesino conocedor y luego participó del estudio de la Universidad Nacional que le dio nombre en homenaje al caserío donde fue hallado.
Es un proceso de «ciencia ciudadana» en el que «confluyen los saberes», añade.
Comer para conservar
Para la bióloga Castellanos estas frutas han pasado a un «segundo plano» debido a una alimentación importada o al margen de los ecosistemas colombianos.
En la gastronomía, por ejemplo, «comemos todos lo mismo en cualquier lugar del mundo», por lo que se ha homogeneizado la dieta», dice. El conflicto armado de seis décadas también aisló las recetas tradicionales de lugares desangrados por la guerra.
La cocineraAntonuela Ariza, cómplice de Daguer, incluyó en el menú de su restaurante Mini-Mal frutos habitualmente desconocidos para el paladar de los bogotanos.
La chef colombiana Antonuela Ariza prepara platos con frutas exóticas en su restaurante. Foto Raul ARBOLEDA / AFP
Entusiasta del valor de la riqueza natural de Colombia, en su cocina prepara una salsa con guayaba agria para acompañar un pescado apanado, mayonesa con camu-camu (similar a la uva), ají negro amazónico para los camarones, y un cóctel con copoazú, fruto blancuzco y pariente del cacao, entre otros.
La idea es «promover la biodiversidad, poder contarle a un comensal que viene acá sobre una fruta, darle a probar un nuevo sabor pero también poderle contar todo lo que sucede alrededor de esa fruta, el bosque de donde proviene, las personas que la cuidan», dice.
Porque «lo que no nos comemos, se pierde», concluye.
La transacción solo espera por la aprobación de las autoridades venezolanas y forma parte de la estrategia de Nutresa de ampliar operaciones en la Venezuela de 2026
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