Los crepúsculos de la economía de Barquisimeto

“Cadiveros” y especuladores se mueven entre los comerciantes y constructores para darle vida a la economía del estado Lara, en donde el fuerte sigue siendo el sector agroindustrial —que no se escapó de los golpes chavistas

Los crepúsculos de la economía de Barquisimeto

El año 1973 quedó como la historia de una utopía. Se iniciaba el proyecto Yacambú-Quíbor. La obra de tipo hidráulica traería el agua que siempre le faltó a estas tierras semiáridas del corazón de Venezuela. Regaría todo el Valle de Quíbor —en donde se produce el 70 por ciento de las hortalizas del país. La capital, Barquisimeto, no sufriría por la falta de este recurso necesario para la vida del ciudadano común, pero sobre todo para la producción agrícola.

Desafortunadamente 42 años después, la esperanza se hizo leyenda, lo que no ha impedido que hoy la fuerza de la agroindustria siga siendo el motor que mueve a Lara. La entidad abriga a 1. 742.000 habitantes según el cifras aportadas en el 2013.

Mientras el sueño líquido se cristaliza o no, una nueva casta en el mundo financiero y económico de la región se ha abierto paso a lo largo de los últimos años. Nació del control de cambio y de las restricciones económicas. Se trata de los hijos de Cadivi. Sí, los “cadiveros” han hecho fortunas inmensas con especulaciones de compra y venta de cualquier producto especialmente la de dólares.

Esta última ralea está conformada por quienes se hacen llamar emprendedores. Jóvenes cuyas fortunas se han vuelto considerables a pesar de que se han levantado en un abrir y cerrar de ojos sin esfuerzo ni trabajo ni herencias.

Ellos han visto crecer sus ahorros en los bancos gracias al control de cambio y la especulación en el mercado negro. Se iniciaron muy jóvenes. Ya se les conoce lo mismo que sus ostentosos bienes: viviendas propias de lujo, vehículos último modelo y un tren de vida imposible de obtener con un sueldo de quince y último. Su jactancia es tal que resulta muy lógico endilgarles historias de narcotráfico.

“El narcotráfico no ha tenido cabida en Lara. Cuando empecemos a ver centros comerciales gigantes, inversiones y construcciones desmesuradas y de súper lujo, entonces sí habrá que empezar a preocuparse. Pero eso no ha sucedido aún. Ya todos conocen el paso de esas personas en las ciudades y países, que no tiene nada que ver con Barquisimeto y sus alrededores en donde ni siquiera hay un centro de convenciones ni un teatro adecuado a estos tiempos”, asegura Alfredo Álvarez.

Camino a la bancarrota

Entretanto, la seguridad alimentaria tiene su fuerza en esta región y sobre todo en el Valle de Quibor. La fuerza laboral llega a 20 mil personas de los 120 mil habitantes que tiene el municipio Jiménez. Cinco mil hectáreas movilizan la producción que abastece en cebolla pimentón, maíz, papa y otras hortalizas al 70 % del mercado nacional.
De acuerdo a las cifras aportadas por Luis Marín, secretario ejecutivo de la Cámara de Industriales del estado Lara, más del 30 por ciento de la industria afiliada viene de la agrícola. Mientras que el 20 % del sector metalmecánico. El otro 50% se lo arroga la industria de químicos y plásticos. Cabe señalar aquí que el 60% de los repuestos del país salen de Lara.

Pero no todo es color de rosa en el sector agroindustrial. Los centrales azucareros, que fueron alguna vez fortaleza, resultaron aniquilados luego de la intervención del Estado y la expropiación del Valle del Turbio. Solo queda en manos privadas el central La Pastora en el municipio Torres, pero la producción de caña bajó a sus niveles mínimos, mientras los conflictos laborales recrudecen.

“A más de cuatro años de la toma de 2.408 hectáreas y 29 fincas en el Valle del Turbio por parte del INTI, el resultado ha sido negativo”, declaró el presidente de la Sociedad de Cañicultores, Carlos Pérez.

“El balance indicó que no se ha podido aumentar la producción sino que más bien ha bajado en un 50%. El Central Rio Turbio que antes molía 850. 000 toneladas, ahora apenas tiene 411.000 de las cuales solo 280 fueron del estado Lara, el resto provenían de Portuguesa, Barinas y hasta Cojedes”, señaló Pérez.

“El gobierno prometió invertir 82 millones de bolívares en el central Pio Tamayo en El Tocuyo. Sin embargo, el plan no se cumplió. En el Valle del Turbio estaban sembradas casi 2 mil hectáreas de caña, que se suman a las 15 mil que desaparecieron del estado Yaracuy por invasiones, quemas e intervenciones”, recordó con acento contrito Pérez.

“En cuanto a las grandes industrias transnacionales, nacionales y regionales de alimentos como la Kraft, Chocolates El Rey, Destilerias Unidas, Fritz, Alimex, El Tunal, Arichuna, Industrias Pomar, Nestlé, asentadas en la zona industrial de Barquisimeto y Nestlé en El Tocuyo, sí han tenido un incremento de su producción”, indicó el directivo de la Cámara de Industriales, Luis Marín.

Chocolates El Rey de capital nacional pero asentado en Lara, exporta sus productos. Pastas Capri, por ejemplo, también. “Las empresas en general se han mantenido. Pero no es suficiente. Necesitamos urgentemente un andamiaje legal para ser competitivos en el exterior, acceso a la materia prima y divisas”, explicó.

Por otro lado, las industrias expropiadas y asentadas en el estado, como Sidetur, Alentuy, Lácteos Los Andes y Cemex, no han respondido, están quebradas o con severos problemas de producción y laborales.

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Caída libre

Hasta hace poco el 30% de la economía del estado estaba en manos del sector inmobiliario y de la con construcción, pero según la presidenta de la Cámara Inmobiliaria, Shoimey Lau, se ha detenido por falta de divisas, materia prima y seguridad jurídica. Es una realidad que angustia. Las grandes constructoras que empleaban a más de 3000 trabajadores han reducido su planta a menos de 100 obreros. “Otras han emigrado hacia destinos más atractivos para sus inversiones. El 80% de la masa trabajadora de la construcción está paralizada”, según el presidente del Sindicato de la Construcción, Pedro Peña.