El 16 de Julio, un año después

Hace un año, en este mismo espacio, manifestaba mi regocijo como ciudadano venezolano con lo ocurrido en la consulta popular del 16 de julio. Me atrevía, entonces, a asegurar que a partir de dicha fecha, dada la multitud de venezolanos que de forma pacífica salieron a manifestar a favor de salidas democráticas a la crisis, de producía un parte aguas en la lucha política venezolana.

El 16 de Julio, un año después

Lo ocurrido ese domingo 16 de julio de 2017, debía analizarse en todos sus sentidos y no sólo contabilizando el número de votantes, que por cierto fue altísimo. La alternativa democrática recibió hace un año el más claro mensaje de la sociedad venezolana.
De aquella jornada, que debemos reivindicar, pese a la falta de respuesta de los actores políticos, para actuar en consecuencia, emanaron cuatro mandatos, desde mi punto de vista. Los cuatro siguen teniendo absoluta validez, un año después.
Salida pacífica versus golpe de Estado. Es tal vez el más claro mensaje dado por los millones de venezolanos que salieron a la calle a manifestarse en la consulta popular. Se quiere una salida pacífica, democrática y (muy importante) electoral a la crisis. El golpe de Estado no es una salida, eso lo digo yo. En realidad una salida no constitucional a la crisis sería un catalizador para profundizar la crisis. Esa opinión pública, que tantas veces es difícil de asir y que muchos políticos creen poder interpretar, fue clara en su manifiesto democrático y pacífico.
Luchar porque hayan elecciones, que éstas sean transparentes, con la participación de todos los actores de oposición y con veeduría internacional, me parece que interpreta el sentir popular de aquel momento y del actual.
Constitución de 1999 versus constituyente de Maduro. La alternativa democrática compuesta por un variopinto liderazgo político, pero especialmente los poderes que actúan apegados a la letra constitucional, principalmente la Asamblea Nacional, tienen un mandato ciudadano inequívoco. Deben actuar apegados a lo que dice la Constitución y desde la letra constitucional actuar contra la dictadura que ha desconocido la Carta Magna.
Por más salidas mágicas que algunos quieren ver en la violencia, la resolución de esta crisis –insisto- no pasa por la violencia, al menos desde el lado demócrata. El 16 de julio de 2017, asimismo, dejó en evidencia una vez más que los violentos son una notable minoría. La constitución de 1999 contempla varias acciones para hacer frente a un gobierno ilegitimo, es deber de la dirigencia política darle praxis y orientar acciones que conduzcan al fin de la dictadura.
Anarquía versus conducción política. Hace un año hubo una notablemente masiva participación y protagonismo ciudadano. Por primera vez, y eso es ahora parte de nuestra historia democrática, la ciudadanía sin tutela del CNE o de las FAN llevó adelante de forma exitosa una consulta electoral. A mi juicio, eso ocurrió porque detrás hubo una conducción política y un aprendizaje de procesos anteriores. Un año después, necesitamos un liderazgo que trace una hoja de ruta para el malestar ciudadano encuentre cause y se manifieste públicamente.
La imagen de aquel domingo, de millones de ciudadanos cívicamente diciendo con su presencia que quieren un cambio, es muchísimo más poderosa que un grupete de jóvenes con el rostro cubierto cerrando una vía para dejar aislados a sus propios vecinos.
Foquismo versus masas. El dilema de la lucha guerrillera impulsada por Cuba y que claramente resalta en los escritos del Che Guevara, quien hasta el momento de muerte pensaba que un foco guerrillero podría incendiar la pradera para un levantamiento popular. Creo que hoy la lucha democrática en Venezuela debe zafarse de ese dilema guevarista. Eso lo dije hace un año y lo sostengo hoy. El cambio con métodos no violentos lo protagonizan las masas.
Hace un año, desde mi punto de vista, el paso siguiente al 16 de julio era la negociación con el régimen. Aquel mensaje de hace un año, daba pie para una negociación con el único fin de organizar de forma pacífica la transición. Sí algo me dejo en claro el mensaje ciudadano de hace un año era la voluntad de cambio.
La dirigencia se perdió en su laberinto de egos y en la ausencia de una estrategia unitaria de lucha política. Un año después del 16 de julio de 2017 el desafío del cambio sigue intacto, y ahora en realidad adquirió carácter de urgencia.]]>