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El drama de los transportistas en la frontera de Venezuela y Colombia

El trabajo de los transportistas del estado Táchira, -frontera con Colombia- es un verdadero suplicio. Quienes cubren las rutas aseguran ser quienes más sufren la escasez de combustible, al punto de tener que dejar de laborar por una semana o más por la escasez de gasolina.

El drama de los transportistas en la frontera de Venezuela y Colombia

A conductores que cubren la ruta de transporte público San Cristóbal-San Antonio del Táchira, han tenido que recurrir al mercado negro donde los precios del combustible se cotizan en pesos colombianos o en dólares. Otros sencillamente han detenido sus automóviles porque los costos de traslado no compensan el valor de la gasolina que es revendida.

Ordóñez es chofer de un vehículo que cubre la ruta desde San Cristóbal a San Antonio del Táchira. Antes del cierre de la frontera en agosto de 2015, el trayecto se cubría hasta la ciudad colombiana de Cúcuta.

Él ha visto cómo cada día se reducen las posibilidades de trabajo en una frontera que décadas atrás era referencia internacional por la dinámica social y económica que allí se vivía, ahora no se consigue ni la gasolina para llegar allí.

“Desde hace 15 o 17 años Táchira está sufriendo escasez de combustible. Desde el paro petrolero en adelante Táchira no volvió tener la normalidad del resto del país para abastecerse de combustible”, dijo el chofer del vehículo por puesto que hace vida en el terminal de San Cristóbal.

 

El trabajador comentó el drama que envuelve su trajinar diario y al que debe someterse si quiere seguir viviendo en Venezuela.

“Como venezolano no puedo entrar con mi carro a una estación de servicio a abastecerme de gasolina porque no tengo el TAG —Tarjeta de Abastecimiento de Gasolina— que se instaló para tener control de la gasolina. Cuando quise hacer la instalación del dispositivo me dijeron que si el título de propiedad y las placas son nuevas debo esperar seis meses para poder instalarlo. Esta situación me obliga a caer en el círculo vicioso de quienes revenden la gasolina”, comentó.

Para Ordóñez no ha existido la voluntad necesaria para solucionar el problema por parte del gobierno nacional y él se ha resignado a comprar la gasolina en los mercados negros del combustible.

Se quejó de que ni las estaciones de servicio designadas para vender el combustible a los vehículos que no tuvieran el dispositivo TAG, están cumpliendo su función porque ahora han pasado a uso exclusivo de los funcionarios de la administración pública nacional.

Pero es mentira, no es solo para funcionarios públicos esas estaciones de servicio, denunció.

“Ahí si usted ofrece dinero le colocan gasolina pero si no tiene dinero lamentablemente no puede surtir”.

 

Ordóñez dijo que tiene una semana sin poder trabajar y para poder hacerlo debe comprar un recipiente de 20 litros de gasolina a un costo que oscila entre 10 a 12 dólares.

Para continuar viviendo en el país y seguir trabajando, dijo: “Nos ha tocado caer en manos de gente inescrupulosa que venden la gasolina a precios dolarizados. Parece que algunas personas lo que quieren es que los venezolanos sigan migrando, se vayan y no se siga luchando”.

Prefieren no trabajar

Los transportistas que viajan a la frontera solo tienen asignadas dos estaciones de servicio para surtir combustible, y normalmente a esos lugares llega la gandola cada tres o cuatro días.

“Para la cantidad de vehículos de transporte público que hay esas estaciones son insuficientes. Nos vemos afectados porque no podemos surtir, al menos yo tengo una semana sin poder echar gasolina. Nos tienen, no solo limitados con la cantidad de gasolina que nos venden, también nos privan de poder surtir en otras estaciones de servicio”, dijo Eder Delgado conductor de la línea “V República” que cubra la ruta a la frontera.

El transportista señaló que apenas se puede hacer la ruta de ida y retorno a San Antonio del Táchira, una o dos veces por semana pues los vehículos que conducen son a carburación y consumen mucha más gasolina que los carros nuevos que son a full inyección.

Comprar gasolina en el mercado negro es algo que está descartado para el conductor, pues alega que el valor de un pasaje a la población fronteriza (25.000 bolívares) no justifica el precio de una garrafa de gasolina.

“Prefiero parar el carro y no trabajar. Antes viajábamos diario a la frontera, ahora si vamos dos veces a la semana corremos con suerte”, añadió.

Jesús Chacón, otro de los transportistas precisó que para poder surtir de combustible el vehículo es necesario dormir en las colas de tres a cuatro días, tiempo que se pierde porque no se puede trabajar.

“A la semana por mucho estoy trabajando dos días y esto afecta bastante mi economía (…) el trabajo ha disminuido hasta en un 80%”, calcula el trabajador.