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El negocio redondo de los plásticos reciclados llega Venezuela

En Venezuela persisten iniciativas de valor agregado, alineadas con las tendencias mundiales. Este es el caso de éxito de la empresa Plastitec Group, que bajo los preceptos de la economía circular recicla botellas PET, como las de refrescos y envases para darles una nueva vida. El mar y la tierra agradecen este movimiento que para muchas personas supone una oportunidad de negocios con basura

El negocio redondo de los plásticos reciclados llega Venezuela

Millones de desechos plásticos de un solo uso insultan el medio ambiente en todo el mundo y contaminan aguas y tierras. Se trata de un desperdicio doble: esa basura tiene un enorme valor comercial y su aprovechamiento puede ayudar también a familias e instituciones a reunir dinero. Y a las empresas, a mejorar su imagen corporativa y ahorrar en procesos productivos gracias a la economía circular.

La acelerada destrucción de ambientes naturales y la contaminación por plásticos son dos de los principales problemas que atraviesan el planeta Tierra y la Humanidad hoy.

Aunque es el tipo de conflictos que pueden parecer ajenos o distantes para muchos, en medio de los apremios actuales, el futuro nos está alcanzando. Si no actuamos rápido, los daños sobre aguas, tierras, aire y especies serán por completo irreversibles.

Esta es una verdad irrefutable para científicos y ecologistas de todo el mundo. Pero también es una oportunidad de negocios y de imagen para miles de empresas e individuos.

Por eso, más que una tendencia, o una preocupación para personas que ya tienen otras necesidades satisfechas, la conciencia ecológica es una cruzada en la que está en juego el mundo tal como lo conocemos.

Guerra al plástico desechable

Cada día más personas, gobiernos, empresas, instituciones y familias caen en cuenta de esta realidad. Por eso suman fuerzas a un movimiento contracorriente que intenta frenar uno de los grandes males contemporáneos: la expansión de los desechos plásticos por todos los rincones del planeta.

A esta Venezuela en perpetua depresión económica, e hiperinflación, rematada por la crisis económica global de la pandemia de covid-19, también llegó esta ola de gente que se resiste a ver degradarse los ecosistemas sin hacer nada.

La industria del reciclaje y la reutilización abre una ventana de oportunidades, incluso pese a los apremios diarios de la vasta mayoría que apenas intenta sobrevivir.

En las afueras de Caracas, la empresa privada Plastitec Group es pionera en el noble negocio de reciclar estos residuos plásticos y darles una nueva vida.

Su nicho de trabajo son las resinas PET, la misma de los ubicuos envases de bebidas.

La empresa define esta resina derivada del petróleo como el activo sustentable de mayor valor en el futuro, por su potencial para ser reciclado infinitamente.

Un comercio por fomentar

Su planta de 35.000 metros cuadrados procesa 40 toneladas por día de botellas plásticas, para producir 1.000 toneladas por mes de resinas con todos los certificados del caso para grado alimenticio. Es decir, pueden convertirse en nuevos empaques de bebidas y comidas que habrán de entrar de nuevo en el circuito comercial.

El proceso es expedito: cualquier persona o empresa puede dedicarse a recoger botellas desechadas y reunirlas para arrimarlas a centros de recolección asociados a Plastitec, donde les pagarán por tonelada.

Estos bultos son llevados a la planta de procesamiento, donde son clasificados: las que estén lo suficientemente limpias (y por ejemplo no hayan sido usadas para echar gasolina o químicos de limpieza) son cuidadosamente lavadas, después trituradas, convertidas en escamas y de allí en pellets de resinas.

Después los pellets serán transformados en láminas de las que son utilizadas para elaborar cajitas para huevos, o para tortas, estuches de electrodomésticos y hasta mascarillas para proteger el rostro de las amenazas del coronavirus.

La resina también puede ser usada para fabricar nuevas botellas.

Un ciclo mundial

Teóricamente este ciclo se puede repetir infinitamente. Después, los envases como los de los vegetales del supermercado, las hamburguesas para llevar, pueden entrar en este proceso para tener nuevas vidas.

En muchos otros países grandes corporaciones y gobiernos alientan esta tendencia de usar resinas PET recicladas, dentro del movimiento de la economía circular.

En España, el gigante Nestlé lanzó su primera botella hecha en un 100% con plástico reciclado para su producto Aquarel. La meta es que en 2022 todas sus botellas de todos sus productos contengan un mínimo de 50% de resina reciclada.

La marca Font Vella, de Aguas Danone, incorpora también en España una nueva línea con plástico 100% reciclado. En 2020 reafirmó el compromiso de alcanzar para 2025 un 100% de plástico reciclado en todas sus botellas.

Y también en Europa, el gigante PepsiCo se compromete a que en 2022 habrá eliminado todo el plástico virgen en las bebidas de su marca que se venden en nueve mercados de la Unión Europea. Con esto eliminará 70.000 toneladas de plástico virgen derivado de combustibles fósiles.

El gigante global McDonald’s también exhibe logros en la reducción de plásticos de un solo uso. 

En Colombia, la firma Team Foods lanzó su aceite marca Gourmet con botellas PET 100% reciclado.

Dinero en la basura

Los envases PET, como los del agua mineral, refrescos, jugos y otros productos de consumo masivo son pues un problema ambiental y también una oportunidad de negocio.

Línea de selección de botellas de desecho en planta de Plastitec Group. Foto: Fernando Jáuregui/Ecoprácticas (Cortesía)

El concepto parte de los principios de la economía circular, y consiste en convertir plásticos de un solo uso en nuevos productos, que regresan a la cadena de consumo, resume Patricia Pérez, portavoz de Plastitec Group.

Desde una sala de reuniones en Caracas, decorada con los productos obtenidos con el procesamiento de las resinas PET recicladas, Patricia cuenta los pormenores de este ambicioso emprendimiento nacido en medio del confinamiento por la pandemia asociada al coronavirus y la covid-19.

Como los de muchas otras empresas en Venezuela, sus planes fueron trocados, y atrasados por el confinamiento y la parálisis económica asociada a las medidas para intentar contener la propagación del nuevo coronavirus.

Pero en este mundo cambiante, las premisas de conservación del medio ambiente y lucha contra los desperdicios plásticos siguen siendo una prioridad.

“La basura no es el sitio para el plástico”, dice Patricia al resumir una clave del negocio mundial del reciclaje y la reutilización.

Preparados

El reciclaje es la alternativa de la economía circular para que el plástico tenga un menor impacto en el medio ambiente, observa.

En la industria global se usan siete tipos básicos de resinas plásticas, y los siete son reciclables.

Venezuela importa la resina inicial de PET, para fabricar localmente los envases de productos comerciales, desde Estados Unidos, China y Turquía. El año pasado fueron unas 38.000 toneladas las que llegaron a los puertos del país.

La apuesta de valor de Plastitec Group es que buena parte de esa resina sea sustituida por resina reciclada, que pasa por altos estándares de procesamiento y de calidad de estándares internacionales.

Su planta con tecnología austríaca, ubicada en Guatire, estado Miranda, tiene capacidad para procesar 1.000 toneladas por mes de resina plástica.

La inversión de esta empresa (de un monto no especificado) proviene de una familia radicada en Aragua. Su fuerte es un reactor de la tecnología de punta adquirido de la corporación mundial Erema, firma que hoy tiene en operación unos 5.000 sistemas de reciclaje en el mundo.

Si el mercado interno se reactiva, como en los viejos tiempos, se necesitarían cinco Plastitec, señala Patricia García para poner en contexto el tamaño potencial de este negocio en Venezuela.

El desecho plástico es un enemigo común

Por eso una de las líneas de trabajo es tratar de convencer la población y a las empresas a que se sumen a esta alternativa de sustituir resina virgen por resina reciclada.

La selección de los desechos antes de procesarlos es uno de los pasos en la planta de Plastitec Group en Guatire, estado Miranda. Foto: Fernando Jáuregui/EcoPrácticas

Los costos son competitivos, pese a los rigurosos procesos de esterilización y reciclaje en las plantas de Plastitec, afirma la empresa.

Dentro del modelo de negocio, están estableciendo puntos de recolección de plásticos PET en varias entidades del país, y divulgando este emprendimiento buscando asociaciones con entidades públicas y privadas.

Una tonelada de residuos de plástico PET para reciclar es pagada por estos días en torno a $100 en las plantas de procesamiento.

Esto abre una ventana de oportunidad para emprendedores del reciclaje, familias, instituciones, hoteles.

También es verdad que este mundo del reciclaje está hecho para condiciones diferentes un tanto a las actuales: por ejemplo, los hoteles, salas de conferencias, clubes, cines, centros de recreación en general, donde se organizan conciertos y otros espectáculos están detenidos por la pandemia.

Las láminas de plástico PET para fabricar otros envoltorios y envases son otros de los productos de Plastitec Group. Foto: Fernando Jáuregui/EcoPrácticas

En un país tan precario como Venezuela, las botellas PET suelen ser reutilizadas, ya sea para almacenar agua en los hogares, o para guardar y transportar los escasos combustibles.

Cambiar el futuro

Pero proyectos como este no apuntan a lo inmediato, ni al mediano plazo: la economía circular y sostenible entraña un cambio de mentalidad a largo plazo. Se trata de entender que en los desechos hay un valor económico que se puede aprovechar.

Y el mundo agradece, pues el planeta está hundido en el cambio climático, el calentamiento global, la desaparición acelerada de especies y los desastre naturales. Por eso habrá que tomar conciencia pensando en las futuras generaciones.

En este antropoceno que estamos viviendo, atravesamos la edad del plástico: cuando se vuelve residuo este derivado del petróleo se concentra en islas flotantes del tamaño de algunos países mediterráneos, a la merced de las corrientes oceánicas.

En pocos años, en el mundo habrá más plástico que peces, y los microplásticos están en la carne y los tejidos de muchos seres vivientes. La ciencia no sabe con certeza cuales serán las consecuencias biológicas de todos estos cambios y de esta estúpida acumulación de desechos en el ambiente.

Piense en eso cada vez que mande al cesto de la basura su botellita vacía de agua mineral. Porque, como dicen los principios de la economía circular, esta es una responsabilidad extendida.

Con sus propios plásticos laminados a partir de la resina reciclada, Plastitec elabora envases para comida, un negocio en boga en medio del confinamiento por el coronavirus. Foto. Fernando Jáuregui/EcoPrácticas.