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¡Es más fácil ser feliz que no serlo!

Ricardo Adrianza propone que esa frase se convierta en el eslogan para motorizar los propósitos y cambiar las cosas

Al día de hoy, las medidas de restricción a la movilidad ciudadana y de confinamiento alcanzan un poco más de 80 días. Venezuela no ha sido la excepción ante los embates del riesgo de contagio que se origina por el coronavirus (COVID-19). De acuerdo con algunos pronósticos -poco alentadores- la crisis de contagio en nuestro país pudiese tocar su pico máximo para finales de julio, lo que para muchos constituiría un golpe duro de asimilar por la lógica frustración de ver cómo se nos aleja la posibilidad de retorno a nuestras actividades habituales.

Es lógico que ante ese panorama nos embargue la tristeza. Sin embargo, les propongo que anclemos esta desazón con un enunciado que me dejó un psicólogo alguna vez cuando me dijo: «Ricardo, ¡es más fácil ser feliz que no serlo!».

Si miramos bien esta expresión –simple en su contenido, pero difícil en su ejecución– podríamos anclar la frustración en un punto en el cual podamos manipularla y utilizarla como arma letal para combatir la desesperanza.

Si utilizamos bien esta expresión, entenderíamos que el propósito final de esta pandemia es dejarnos un aprendizaje y hacernos un llamado de atención oportuno, para valorarnos más profundamente como seres humanos y explorar donde se esconden nuestros silencios.

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En pocas palabras, una oportunidad sin precedentes para hurgar dentro de nosotros, entender nuestros miedos, replantearnos objetivos y activar nuestro potencial para enfrentar los retos por venir.

Esta última reflexión me lleva a recordar una cita muy oportuna del filósofo indio Osho, que expresó alguna vez: Todo el mundo al nacer tiene un determinado potencial, es diferente en cada uno, y es preferible que sea así. Si todo el mundo fuese Shakespeare, la literatura dejaría de ser interesante. Cada uno de nosotros tiene que ser él mismo. Para descubrir nuestro potencial tenemos que buscar en nuestro interior».

Esta formidable cita, en su contexto, nos presenta una maravillosa oportunidad de hacer una pausa en nuestras vidas, colocar una coma en nuestro transitar que nos permita reflexionar lo vivido, encarar objetivos y reescribir una historia que tal vez ha sido escrita con el mismo guión de siempre.

Atrévete a iniciar el cambio. Encuentra tu propósito. Activa tu potencial y procura el hábito que te empuje a cambiar lo que necesitas corregir, para sumar sabiduría y felicidad a tu vida. Vivimos quejándonos de la rutina, de no disponer del tiempo suficiente para llevar a cabo otros planes, y ahora que la vida nos regala esta pausa obligada – pero necesaria – pretendemos regresar a lo mismo. Por ello te invito a reescribir el guión de tu vida y colocarte como su principal protagonista. Desde esa vitrina, animarás todos tus esfuerzos para enfilarte en un camino que no tiene fin: ¡Ser feliz!

No te preocupes demasiado por el futuro y enmarca tu esencia con el ¡Es más fácil ser feliz que no serlo! Me atrevo a asegurarte, que bajo esta frase, habrás construido un escudo infranqueable para evitar las quejas y convertirte en víctima de tu propia prédica.

Es momento de reinventarnos como personas. Aceptemos el reto y sigamos el ejemplo del águila, quizás el animal más audaz y capaz que existe. El promedio de vida de esta ave se acerca a los sesenta años; no obstante, a mitad de su vida – al volverse menos ágiles – pasan por una profunda transformación y se lastiman – para entre otras cosas – obtener plumas nuevas. En pocas palabras, escogen entre morir o renovarse. Un proceso de renovación que puede alcanzar unos largos cinco meses.

Si consideramos la metáfora del águila en nuestra vida, nos alerta hacia la necesidad de una reconsideración de quienes somos y adónde vamos; más aún, donde queremos estar. Esto nos permitirá un proceso de renovación y realineación con la mejor existencia deseada.

Convierte el ¡es más fácil ser feliz que no serlo! en un eslogan que potencie tus ganas y tu propósito para cambiar las cosas, pues afortunadamente, la búsqueda de la felicidad depende en gran medida de nuestras acciones y de cómo enfrentemos las situaciones adversas que se nos presentan.

Agrega una coma al ritmo de tu existencia y reescribe tu historia con optimismo. Entrena tu mente para desenmascarar las trampas que nos impone el camino de la vida, alimenta el alma con nuevas convicciones y esfuérzate por encontrar tu sendero, ya que no hay mayor gozo que aquel acompañado de un largo proceso de reflexión y legítima transformación.

Crece más que tus tristezas y si la balanza es contraria, recuerda este escrito y repite incansablemente: ¡Es más fácil ser feliz que no serlo!