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resiliencia

Janeth Márquez: "Creo que mi resiliencia provino de la misma pobreza"

Resisten toda adversidad. Desconfían de los malos augurios y son sordos ante cualquier vaticinio catastrófico. Ellos viven dentro del caos pero el enfoque que han logrado labrar en su propio camino de servicio los protege ante la centrífuga asesina. Janeth Márquez es socióloga y directora nacional de Cáritas de Venezuela, donde desarrolla su misión de acompañamiento y enseñanza que la anima a continuar en Venezuela. Ella es una de los Orfebres de la esperanza

¿Quiénes van a prender la luz?

“El último que apague la luz” fue un dicho que se puso de moda en el Uruguay de los años 75 y 76, por un grafitti que pintaron en la entrada del aeropuerto Carrasco de Montevideo, a consecuencia del éxodo masivo que causó la dictadura de Juan María Bordaberry. Pareciera que los latinoamericanos estamos destinados a repetir la misma historia de fracasos.

Las comidas de despedida en Venezuela

Panquecas para Sebastián, Antonia dice que ya no quiere guardar más la línea y quiere unas arepitas de chicharrón con ajicero de leche. Ana Lucía dice: “Tío me da igual, hazme cualquier cosa”, pero yo sé que delira por las arepitas dulces de anís, y al compadre lo mato con lo mismo de Antonia. Un juguito de guanábana bien frío y café

Jefas de cocina: las que libran las batallas en las hornillas

Con el relato y las imágenes, ella me condujo hasta los fogones de las mujeres de su pueblo donde se inmiscuyó para saber cómo estaban capeando este temporal de escasez que vivimos. Ahí sufren. Volvieron al conuco, apelaron a la tradición y preguntaron a las más sabias recetas locales olvidadas, pertenecientes a pasados difícilesAhora inventan nuevas comidas, sustituyen ingredientes; a falta de grasas usan el vapor y las brasas, y abandonaron los aderezos industriales para quedarse con las hierbas. Ahí no solo sufren, también aprenden. Se reconciliaron con los tubérculos de su tierra antes ignorados por su impúdica abundancia y ahora comodines para todas las comidas. En la mesa redujeron las raciones así como la frecuencia. Libran duras batallas con los vegetales y hortalizas. No todos son bienvenidos y pocos con comprendidos. Sufren, aprenden, siguen adelante. A ellas las llamó “jefas de cocina”.

Mi mesa está vacía

Años noventa, el comienzo del siglo XXI, el boom tecnológico, el mar de información que nos brinda internet, la globalización en todo su apogeo; un período de grandes cambios y procesos culturales que abrieron campo a nuevos modelos de preparación, cocción y elaboración de platos Como bien es sabido, a finales de esa década se inició un proceso político, social y económico que, para ese momento, implicó una visión innovadora, atrayente, diferente, que idealizaba una nueva Venezuela, y para un pueblo con grandes déficit -desempleo, inflación y otros fenómenos sociales que afectaban la vida cotidiana-, renovaba sus deseos de cambio y de aceptación.

Reflexiones en los mordiscos de mi hamburguesa

Son las 2:00 PM de un sábado cualquiera. Ustedes decidan si quieren aderezar la historia con una marcha o concentración. Este lugar o, mejor dicho, esta burbuja, pareciera ser indiferente a lo que ocurre afuera Llegamos bajo el placer de disfrutar una deliciosa hamburguesa, quizás una de las mejores que nos hayamos comido. Sabíamos que gastaríamos una pequeña fortuna con la que nos podríamos alimentar durante una semana pero, aún así, decidimos hacerlo pues consideramos que esto forma parte de los pequeños placeres que estos tiempos ameritan para apaciguar todo lo demás. ¡Total! Somos dos adultos, no hay niños de por medio a quienes alimentar ni vestir, no hay colegio que pagar.

Soñando

La sangre corre en las calles de Venezuela y millones pensamos y repensamos una y otra vez nuestra identidad, convertida en herida. Pero, ¿de qué valdrá esa sangre si no soñamos? ¿De qué vale el insomnio y la pesadilla si no empeñamos la vida por un pedazo de mundo mejor al que nos tocó?

Sopa de cebollas en un suspiro, un aliento

Hay sabores y sazones con las que te identificas, te marcan y perduran en el tiempo. Ejemplo de ello es la sopa de cebollas que preparaba mi tía Adela  Desde muy pequeño, recuerdo a mi tía Adela y a mi abuela Carmen –que no eran ni tía ni abuela, pero siempre las quisimos así, compartieron gran parte de sus vidas en infinidad de días y semanas, cuidándonos, alcahueteándonos, enseñándonos, jugando, haiendo trucos de magia con sus manos, en la ingenua ilusión de quitarnos la nariz, perder el olfato. Ellas, fueron grandes señoras rodeadas de un grupo de nada más y nada menos que 26 muchachines.

Una compra hogareña de alimentos en la urbe insurrecta

Sábado a media mañana: para parte de los caraqueños es momento de protesta en la calle, otros tenemos la urgencia de adquirir víveres haciendo milagros con los escasos recursos disponibles, así que una alternativa -si se puede llegar hasta allí- es el Mercado Mayor de Coche, donde quizás haya posibilidades de precio y variedad de oferta inaccesibles en la mayor parte de esta ciudad que, en materia de abastecimiento, vive un clima que se aproxima a lo que se supone padece una plaza sitiada La falta de lugares donde estacionar con seguridad, impone recurrir al transporte público. El Metro es opción, ya que vivo en la ruta de la Línea 3, donde las estaciones no se ven tan afectadas por el lock-out aplicado a 30 de ellas.

¿Es 2017 el año del naufragio inevitable?

Con la lista de buenas intenciones y deseos renovados que acompaña cada enero, llega 2017. Es indubitable que a muchos les asalta la incertidumbre ante las circunstancias ¿quedarse en el país? ¿emprender fuera de él? . Deseos de recomenzar no faltan este mes, pareciera que este coqueto invierno caraqueño no congela las ganas de progresar de muchos; sin embargo, luego del tradicional saludo jacarandoso y optimista, hace su entrada triunfal el desasosiego: un sentimiento oscuro que va convenciendo al que lo padece de que es imposible cambiar la situación actual, que las mentes brillantes del mercadeo político y la estructuración de la teoría de los juegos lo han ideado todo.

Una receta para la igualdad y la resiliencia

Hace dos años invité a una gran amiga a la piñata de mi hijo menor y me dijo con mucha emoción que su hijo mayor había cantado cumpleaños. En ese momento no entendí su alegría sino hasta que hicimos galletas con sus hijos, Juan Pablo y Diego en una tienda muy linda que se llama Menos Gluten

Resiliencia Vinotinto

El ciclo de Rafael Dudamel apenas da sus primeros pasos. Pero influenciados en costumbres y obligaciones que nada tienen que ver con nuestra historia, hay quienes exigen lo que ningún entrenador puede garantizar: resultados inmediatos.