FC Barcelona: perder la Liga no fue casualidad

El fútbol no perdona. O, mejor dicho, no premia la improvisación. Durante muchos meses, los expertos en la actualidad del club catalán avisaron que la planificación deportiva era deficiente. Y vaya si el fútbol se encargó de recordarlo en el último partido.

FC Barcelona: perder la Liga no fue casualidad

Ante el Eibar, y con un gol en contra, Sergi Roberto dijo que no iba más. Una dolencia física le impidió saltar al terreno de juego en la segunda etapa. El volante, reconvertido en lateral, se despedía de la temporada, al tiempo que Luis Enrique, su entrenador, chocó contra el mismo muro que le impidió a su equipo ser una mejor versión de la que se vio en la temporada anterior: la falta de opciones.
A la desesperada, el entrenador asturiano dio entrada al portugués André Gómes. Esto no supuso una mejoría a las prestaciones del canterano lesionado: nuevamente por ese costado, y nuevamente gracias a un desborde Takashi Inui, el Eibar conquistó el área blaugrana para convertir su segundo gol, y amargarle aún más la tarde a los seguidores culé. Perdone que insista, pero los dos goles llegaron por la misma banda que el club prefirió no reforzar, y el segundo frente al futbolista que fue contratado porque, siempre según el Director Deportivo, era una oportunidad del mercado.
Lejos de lo que parece, mi intención no es castigar ni señalar a supuestos o únicos culpables. En el fútbol no existe una razón única que explique determinado fenómeno; el fútbol es una actividad compleja que depende de una infinidad de condicionantes que cambian, se transforman y, como si fuera poco, son de difícil identificación. Partiendo de ese punto, debo aclarar que mi reflexión no pretende ser más que un granito de arena en la inmensidad que es el análisis de un equipo de fútbol y su rendimiento durante 38 jornadas.
Cada temporada, los defensores de la idiotez y la banalidad se inventan algún término que contagia a la audiencia. En la temporada 2016-2017, los medios de comunicación hicieron popular el término «segunda unidad« para etiquetar a aquellos futbolistas que no partían como titulares. Son modismos que nada dicen del juego pero que ayudan a hipnotizar aún más a un público sediento de sangre y culpables. En el caso del concepto al que hago referencia, se pretende desconocer, intencionalmente, que en un equipo de fútbol no hay tales divisiones; los entrenadores de los grandes equipos hacen grandes esfuerzos para evitar que unos se sientan desplazados por otros. No hay titulares ni suplentes, hay un equipo.
Desde que el fútbol es fútbol, los directores técnicos gestionan sus plantillas de manera tal que todos los componentes de las mismas tengan la forma futbolística suficiente para sostener el ritmo competitivo. Si no me cree puede revisar la distribución del tiempo de juego en los grandes equipos de las grandes ligas y encontrará que no le miento. En www.soccerway.com puede encontrar estos números a los que me refiero.
Pero le decía que todos los futbolistas deben estar atentos y dispuestos. Esto solamente se consigue jugando, compitiendo. Por ello es imprescindible que se realicen las tan satanizadas rotaciones. No son caprichos de los entrenadores sino el habitual y correcto manejo de sus recursos. Las rotaciones no pierden ni ganan, son los futbolistas, protagonistas de cada episodio, los que tendrán o no las respuestas necesarias a cada emergencia del juego. Sencillo pero no simple.
El quid de la cuestión es saber con qué futbolistas se cuenta, y allí, en las resoluciones de los jugadores, está quizá la clave más notable de la caída blaugrana en la Liga. Digo que es una de las posibles claves porque como he mantenido, sin ningún tipo de originalidad ni otras pretensiones, el fútbol es una actividad compleja. ¡La vida es complejidad pura y dura!
A esto que intento explicar deben sumársele otras variables, que en una plantilla sin las mismas soluciones que su eterno rival –hablo de cantidad, no de calidad porque no comparo futbolistas sino rendimientos- fueron devastadoras, como las lesiones de Andrés Iniesta, la inconsistencia de Ivan Rakitic o una sospechosa confección de la plantilla, que permitió dejar salir libre a Dani Alves, sin contar con un sustituto natural para ese puesto. Ni hablar de la ausencia de un jugador capacitado para darle descanso a Sergio Busquets.
¿Quiénes fichan en los grandes clubes? Son pocos los casos que conozco de primera mano, pero salvo uno de ellos, en todos los demás priva la opinión de los directivos por sobre la valoración futbolística de los entrenadores. No quiero con esto hacer una defensa a capa y espada de Luis Enrique, que sus culpas seguro tendrá. Sólo deseo promover una duda razonable y ayudar a que alguien más levante su voz de protesta, sea en Barcelona, en Londres o en Caracas.
Ahora que el entrenador asturiano se va, valdría la pena que la cúpula directiva del FC Barcelona aprendiera la lección que dejó este año (segundos en Liga y eliminados en cuartos de final de la Champions League), y fichara a un entrenador y a unos futbolistas que estuvieran al nivel de la filosofía que hizo grande al club. Algo que parece imposible bajo los tentáculos del “Nuñismo”, esa corriente destructiva que tuvo en Joan Laporta su único rival.
No tienen los culés otra opción que saludar al Real Madrid y exigir que su club vuelva a ser más que un club, cosa que no parece sencilla, pero, ya le decía anteriormente, esto de la vida es complejo, y cualquier pequeño movimiento es capaz de desatar la mayor tormenta.]]>

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