La Casa del Teque: un negocio trujillano relleno de venezolanidad

Tan venezolano como una hallaca, una arepa o un pabellón, los tequeños se han convertido en el pasapalo estrella de todas las fiestas. También, los tequeños se convirtieron en el negocio familiar de una pareja de emprendedores trujillanos que transformó su casa en La Casa del Teque

La Casa del Teque: un negocio trujillano relleno de venezolanidad

Mezclar, amasar, seleccionar el queso, estirar la masa, envolver delicadamente, freír a la temperatura correcta. Todo importa. Todo punto es trascendental. Todo paso debe estar bien cuidado, si lo que deseas es comer un tequeño perfecto. Glenda Linares y Orleans Salas lo saben. Para estos esposos el tequeño es mucho más que un aperitivo para las fiestas o un desayuno para el colegio. Es un plato que conecta con recuerdos y nos logra transportar a momentos de alegría.

Tan venezolano como la hallaca y el pabellón, el dicho popular que dice que en Venezuela “no hay fiesta sin tequeños” aplica para todos los estratos sociales. Esto convierte al tequeño en un aperitivo masivo que conecta con el sentido de arraigo al país. Glenda y Orleans no solo lo saben, sino que lograron a partir de este aperitivo construir un negocio que los llevó a conectarse más con Venezuela y poder quedarse en el país.

La Casa del Teque: la resiliencia en un bocado

Como la mayoría de las historias de éxito, La Casa del Teque emergió de la adversidad. Tras tomar la dura decisión de volver a Venezuela después de migrar a Perú, la pareja de trujillanos parecía tener algunas cosas planeadas: Orleans trabajaría en un hotel de un familiar, mientras que Glenda retomaría su trabajo en la administración pública. Sin embargo, a poco tiempo de su llegada la pandemia llegó y todo cerró. Sin ingresos y encerrados en casa decidieron hacer algo en familia, y eso que harían sería tequeños.

Con la receta de la masa de la abuela y el queso correcto para envolver y freír, los emprendedores trujillanos empezaron a vender tequeños y pastelitos a sus vecinos. “Empezamos a decir por los grupos de whatsApp de la urbanización que teníamos pastelitos y tequeños a la venta. Así comenzaron los pedidos y esos mismos vecinos nos recomendaban con sus familias, hasta que esto fue creciendo”, dice Glenda mientras mira la paila en la que fríe unos tequeños de plátano maduro con queso.

Ahora los pedidos cada vez son mayores. Todos los días la cocina de la casa se convierte en una fábrica de masa. Glenda prepara la mezcla, Orleans estira la masa. El queso se corta con medidas precisas, ni mas grande ni más chico. El aceite siempre está a una temperatura adecuada y el tiempo de cocción es el mismo.

Nada sale de La Casa del Teque sin que primero se pruebe. “Siempre pruebo un tequeño o pastelito antes de hacer las entregas. No queremos ninguna sorpresa y debemos asegurarnos que la calidad sea la misma”.

Una casa con más que tequeños

“Pásame el aceite”, le dice Glenda a Orleans. El entra en un cuarto contiguo a la cocina y saca de allí un litro nuevo de aceite. El negocio ha crecido a una velocidad tan grande que ya no tienen espacio de almacenamiento. Reciben muchas órdenes al día así que el movimiento en la casa es intenso. Saben que deben buscar un local, pero aún no han dado el paso.

La mayoría de los pedidos para La Casa del Teque son de productos ya terminados, sin embargo, la venta de productos congelados está creciendo e incluso ya venden sus productos etiquetados en varios locales comerciales de Trujillo. El plan es lograr que esto aumente y que la marca no sea solo un producto que comprar con delivery sino que se pueda encontrar en supermercados y abastos.

La oferta de productos también ha crecido. No solo son tequeños, también hay pastelitos y pastelones de queso, carne, pollo. Los tequeyoyos también han sido un éxito. Un tequeño envuelto relleno con plátano frito y queso blanco que genera una explosión en el paladar al combinar lo salado con lo dulce en un solo bocado.

También los tequeños dulces están incluidos en la lista. La Casa del Teque ofrece empanadas dulces (crema de chocolate, crema pastelera o guayaba con queso) y tequeños de chocolate o guayaba con queso.

Ahora también están vendiendo minipizzas listas y congeladas. “Son ideales para las fiestas y las meriendas de los niños”, opina Glenda mientras va organizando un pedido de pastelones.

Llenar el país de sabor

¿Cómo se ve La Casa del Teque en unos cinco años? La pregunta deja a Glenda y a Orleans pensativos por algunos segundos. Ella se atreve a responder primero. Habla rápido como para que no se le escape la idea. “Quiero que tengamos nuestro propio local para poder realizar toda la producción allí y poder llegar a más lugares con una capacidad de producción más amplia”.

Para Orleans el futuro de La Casa del Teque está en los productos congelados. “Quiero mandar productos para todo el país, que la marca sea reconocida por todos y llenar congeladores de tiendas y supermercados”.

La idea central es lograr que el negocio crezca y que a su vez se mantenga la calidad. “No solo queremos vender más, sino queremos que reconozcan el sabor de La Casa del Teque y lo disfruten”.

La bocina de una moto suena en la puerta. Orleans se para y lleva 30 tequeños y 10 pastelones empaquetados en bolsas con el logo de La Casa del Teque a la puerta. Suena el teléfono y Glenda empieza nuevamente a freír. La cocina no descansa y los pedidos por la cuenta de Instagram del negocio siguen llegando.

Coordenadas de la Casa del Teque

Quienes estén interesados en degustar los productos de La Casa del Teque deben contactarse con ellos a través de su cuenta de Instagram @Ksadelteque.

Productos que ofrecen:

Tequeños de queso, tequeyoyos (tequeños de tajada con queso), tequeños pasapaleros, pastelitos (carne, pollo y queso), pastelones (de carne, pollo, queso), minipizzas.

Combos y precios: 

Combos pasapaleros: 40 piezas (tequeños y pastelitos) por 4 dólares, 160 piezas (tequeños y pastelitos) por 15 dólares y 220 piezas (tequeños y pastelitos) por 20 dólares.

 

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