La enfermera Tibisay va rumbo a una fosa común, vencida por el coronavirus

En Venezuela los trabajadores de la salud que combaten la pandemia de covid-19 están desprotegidos en vida y después de la muerte. A la falta de quipos de protección, comida, abrigo y transporte se suma la certidumbre de saber que si caen enfermos no tendrán atención. Y si mueren, ni siquiera tendrán un hueco donde enterrarlos, o un horno donde su cadáver pueda ser cremado. Esta es la historia de una enfermera víctima de la negligencia más allá de la muerte.

La enfermera Tibisay va rumbo a una fosa común, vencida por el coronavirus

A un año desde que la pandemia de covid-19 llegara a Venezuela, los representantes sindicales de los trabajadores de la salud denuncian que el panorama desolador en los hospitales sigue siendo el mismo: falta de insumos para médicos, enfermeras y pacientes, carencia de desinfectantes y productos de limpieza; insuficientes equipos de bioseguridad para el personal y bajos salarios.

Según la ONG Médicos Unidos por Venezuela, desde el inicio de la pandemia en marzo del 2020, hasta la fecha, 369 trabajadores de la salud han fallecido debido a la crisis hospitalaria en el país en medio de la pandemia. Muchos de los familiares de los fallecidos tuvieron que emprender colectas públicas para costear los costosos tratamientos y actos fúnebres, pero no siempre obtuvieron la ayuda necesaria.

La agonía de la enfermera Tibisay Ramírez

Tibisay Ramírez era una venezolana de 54 años de edad, su mayor orgullo era ser la madre de tres hijos, dos varones de 25 y 13 años de edad, y una hembra que de 31 años, de nombre Xianny Betancourt. Tibisay dedico 28 años de su vida a ejercer su profesión de enfermera, labor que la llenaba de orgullo y de una gran satisfacción, el poder ayudar a los pacientes era su diario compromiso.

En la madrugada del sábado 20 de marzo del 2021, Tibisay Ramírez pasó a formar parte de la larga lista de trabajadores de la salud que en Venezuela han fallecido a causa de covid-19.

Su hija, Xianny Betancourt, sigue los pasos de su progenitora y también es enfermera. En medio del duelo, conversó con El Estímulo, para contar las difíciles situaciones que tuvieron que atravesar no solo durante la penosa enfermedad de su mamá, sino también después de su muerte, para poder darle una cristiana sepultura.

Narra su testimonio para llamar la atención de las autoridades y con la fe puesta en que ningún otro trabajador de la salud recorra este mismo camino.

Una enfermera abnegada

“Mi mamá trabajaba como enfermera en la maternidad Concepción Palacios y en el hospital Pérez Carreño. Siempre decía que con un solo salario no podía responder por todos los gastos de la casa, y hasta me había dicho que estaba pensando buscar otro empleo, pues la situación económica cada día era más difícil. Yo le decía que más bien renunciara, pues veíamos que la situación en los hospitales era cada día más difícil y con la llegada de la covid-19 la situación se tornó mucho más grave”, cuenta Betancourt.

Sus compañeros de trabajo son testigos de que en más de una oportunidad Tibisay Ramírez llamó la atención de las autoridades de salud. Pedía que mejoraran la dotación de los insumos de limpieza, medicamentos y los equipos de bioseguridad para prevenir la transmisión de covid-19.

“Recuerdo que en este año, el personal de enfermería del hospital Pérez Carreño protestaron para exigir mejores condiciones de trabajo y aumento de sus salarios. Mi mamá estaba de acuerdo con estas acciones, pero más le preocupaba que los pacientes quedaran sin atención, por lo cual no participó en la actividad y se quedó laborando en su servicio”, señaló Xianny.

Los profesionales de la salud protestan desde hace varios meses en demanda de condiciones de trabajo seguras y dotación de equipos. Foto: Daniel Hernández/El Estímulo

Hospitales sin tapabocas

Dijo que por la falta de equipos de bioseguridad, especialmente la mascarilla y los guantes, en varias oportunidades junto a su madre se dedicaron a confeccionar tapabocas. “Los que le daban en los hospitales eran desechables, pero pedían que los reutilizaran, que los lavaran y volvieran a utilizar”.

A principios de marzo Tibisay Ramírez empezó a tener quebrantos, acompañados de un malestar general, que apenas disminuía con la ingesta de calmantes.

Luego los malestares se tradujeron en fuertes dolores de cabeza, para luego dar paso a una tos persistente. Estaba contagiada con el temible coronavirus que provoca la covid-19.

La enfermera Tibisay Ramírez, tras un día de trabajo. (Foto: álbum familiar)

Contra reloj

“Le dije a mi mamá que teníamos que llevarla a un hospital, pero ella me decía que había mucha carencia de insumos, que habían muchos casos de covid-19 y el sistema estaba colapsando. Al final, de esa primera semana de marzo la llevamos al hospital Pérez Carreño, en donde la dejaron hospitalizada por una semana”, dijo Betancourt.

Señala que los compañeros de trabajo de su mamá, los médicos y personal de enfermería le ayudaron con medicamentos, así como otros insumos para enfrentar la enfermedad. Pero que igual tuvieron que costear algunos exámenes y tratamiento.

“A la semana los médicos me informaron que la salud de mamá estaba empeorando, que era necesario ingresarla en una unidad de cuidados intensivos, y que en el hospital Pérez Carreño, no había disponibilidad. La refirieron al hospital Clínico Universitario, la llevamos en una ambulancia con una saturación muy baja de oxígeno. En un principio no la querían recibir, pero unos colegas al escuchar su nombre, la vieron, la reconocieron y la ingresaron”, dijo Betancourt.

En el hospital Clínico Universitario, su mamá duro hospitalizada una semana más. En ese tiempo la familia tuvo que pagar una serie de exámenes y algunos medicamentos. “Pero en la madrugada del sábado 20 de marzo, recibí la peor llamada de mi vida, en donde me avisaban que mi madre había fallecido”.

Tragedia después de la muerte

Después de asimilado el duro golpe de la noticia de la muerte de su mamá, Xianny Betancourt nunca se imaginó que aún le tocaba atravesar otros problemas, tan graves, como dolorosos.

Como en la mayoría de las familias venezolanas, los recursos económicos que generaban ambas mujeres con sus trabajos de enfermeras eran invertidos en la compra de comida y el pago de servicios. No les alcanzaba para contratar por prevención un seguro funerario, la mayoría de ellos presupuestados en dólares.

“Tenía entendido que las personas que fallecen de covid-19, deben ser cremadas. En mi familia no teníamos dinero y el mismo sábado comencé a hacer algunos contactos en los hospitales en donde trabajó mi mamá. Pero me decían que no podían ayudarme».

«El lunes buscamos ayuda en varios organismos públicos, pero la respuesta era la misma: no había manera de ayudarnos, mientras que desde la morgue de Bello Monte, me informaron que si no resolvía pronto el cadáver de mi mamá sería retirado y sepultado en una fosa común”, dijo.

Precio de un funeral

Durante sus recorridos les entregaron un listado de funerarias que tenían permiso para tratar los casos de muertes por covid-19. Pero los precios por los servicios llegaban a entre $400 y $700.

Señala que en medio de la tragedia lograron realizar un contacto con Pablo Zambrano, presidente de la Federación de Trabajadores de la Salud, Fetrasalud. El sindicalista logró la donación del servicios funerarios, en lo que se refiere al traslado del cuerpo, al lugar de la sepultura o de la cremación, sin servicios de velación.

“El martes 23 de marzo, pedí dinero en efectivo prestado, para poder subir en transporte público al cementerio de El Junquito, administrado por la alcaldía de Caracas, para solicitar un servicio de cremación. Pero me dijeron que no me podían ayudar, que no habían cupos, que por el tiempo de muerte de mi mamá debía sepultarla, para lo cual debía tener una parcela o comprarla, cuyos costos no podemos pagar”, explica.

Con la amenaza que el cuerpo de su madre podría ser llevado a una fosa común, Xianny Betancourt se fue hasta el Cementerio General del Sur, también administrado por la alcaldía de Caracas, para solicitar un servicio de inhumación, con la compra de una parcela.

“Allí me atendieron unos señores, me ofrecieron una parcela en 150 dólares. Pero me advirtieron que debía presentar una prueba del cuerpo de mi mamá, con resultados negativos al virus del covid-19. En ese momento me puse a llorar, pensando lo injusto que era toda la situación. Mi mamá murió cuidando a otros enfermos, no contó con un completo apoyo en su enfermedad y después de su muerte, no hemos logrado que tenga paz en su sueño eterno. Todo me parece muy injusto. Esto es una pesadilla totalmente. Mi madre no se merecía toda esta situación”, dijo desconsolada Xianny Betancourt.

Fosa común

Al término de la presente nota, el cuerpo de la enfermera Tibisay Ramírez, continuaba en la morgue del hospital Clínico Universitario, sin conocer el destino que al final tendría. Mientras, sus compañeros trataban de reunir los $150 para pagar la parcela en el cementerio y su familia se daba por vencida.

«Mañana el esposo va a la morgue a hacer la firma, para que bueno, se encarguen ellos, hagan lo que tengan que hacer», dijo la hija sobre la necesidad de autorizar el entierro de la enfermera en la fosa común.

«Ya no puedo más. Lo unico que me sostiene es esta vida es mi hijo, de cometer una locura. Si no tuviese a mi hijo ya me hubiera hecho algo. Me quisiera ir con mi mamá. Tengo mucha rabia, mucha impotencia, son muchos sentimientos encontrados», dijo Xianny, tras «un día perdido» buscando un entierro decente para su mamá.

 

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