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“Fiesta electoral” para elegir a concejales no llegó ni a “reunión entre panas”

Centros vacíos y una gran soledad en las calles fue la constante en una jornada electoral en la que se elegirían a más de dos mil concejales. Una elección no solo en mora pues debían hacerse en 2017 sino que que viola la Ley al separase de las elecciones para alcaldes. La división de la oposición sumada a la abstención, allanó el camino para que el Psuv se quedará con la mayoría de las cámaras municipales, entre ellas la de Baruta. 

“Fiesta electoral” para elegir a concejales no llegó ni a “reunión entre panas”

La apatía fue la gran ganadora en este proceso electoral. El tercero en 2018. El número 25 en 20 años que tiene en el poder el oficialismo, como tanto insisten los voceros gubernamentales.

Sin embargo, fueron unas elecciones que dejaron de manifiesto algo muy peligroso para cualquier sociedad: la gente cada vez menos le importa votar. Algo que contrasta con el hecho de que, contradictoriamente quieren hacerlo “pero con otras condiciones”.

Este domingo, para muchos, fue un domingo normal. Hacer ejercicio o ir al mercado fue la prioridad para cientos de venezolanos. Otros no se acordaban de que este 9 de diciembre se elegían 2459 concejales a nivel nacional hasta que, por ejemplo, llegaban al metro, el cual prestaba servicio de forma gratuita.

¿El motivo del desconocimiento? La suma de la falta de interés más la falta de información oficial.

Filas de personas en mercados populares o esperando transporte, era el escenario que predominó en el oeste. Específicamente en sectores como Catia. Aquellos que sí decidieron ejercer su derecho al voto, se consiguieron con un proceso rápido y en el que no tuvieron que hacer mayores esfuerzos.

Aunque se supone que las mesas electorales debían constituirse a las 6:00am, muchas en Caracas por ejemplo, comenzaron a recibir votantes después de las 8:00am e incluso, hubo algunas que operaron después del mediodía.

Un gran porcentaje de mesas, 66 % según estimaciones de expertos electorales, se constituyeron con miembros accidentales ante la ausencia de los miembros principales. Algo que se viene viendo en los últimos procesos electorales. La ausencia de personal del Consejo Nacional Electoral (CNE) también fue notoria en municipios como Baruta así como las recurrentes fallas en máquinas.

La desconfianza en el árbitro electoral es el mayor argumento que esgrimen muchos para no votar.

“¿Para qué voy a ir a votar si mi voto no va a ser respetado. Ellos (CNE) hacen lo que quieren. Además, estas no son las elecciones que qeremos”, dijo Raúl Márquez quien prefirió aprovechar su domingo para correr en el Parque del Este.

A kilómetros de distancia, Lucio Miguel Solano discrepaba de Raúl. “Es un deber ciudadano. Tengo votando desde mi mayoría de edad. Estas elecciones son importantes porque sirven para atender los problemas de las comunidades”, asegura mientras se buscaba en la listas del liceo Miguel Antonio Caro, en Catia.

Solano sostiene que la basura y la inseguridad son los mayores problemas que enfrentan los habitantes de ese popular sector. Bastión, por cierto, del oficialismo desde años.

Betxy Maria López también acudió a votar con su hijo. “Fue muy rápido. Prefiero venir que quedarme en mi casa sin hacer nada. Es cierto que muchos no están haciendo su trabajo y esta es una oportunidad de cambiarlos”, sostiene la joven que debía alzar la voz para hacerse escuchar puesto que un camión con cornetas y música alusiva a una de las tendencias-La oficialista-se estacionó frente al centro de votación. El mismo centro en el que vota el presidente Nicolás Maduro.

López aseguraba que había que “tener fe” en que los problemas del país se solucionaran. No niega apoyar al gobierno de Maduro porque “me han ayudado con los bonos y ahora, espero una vivienda”, dice la trabajadora de la economía informal y madre de tres, esperanzada en que eso ocurra en los próximos días.

Más hacia el centro de la ciudad, uno de los colegios electorales más grandes del municipio Libertador, el liceo Andrés Bello, repetía las mismas imágenes de otros centros. Poca afluencia de personas.

Norma Vega acudió con su hermana a votar. “Debo hacerlo”, fue su alegato. Sin embargo, ni ella ni su hermana pudieron hacerlo porque funcionarios del Plan República (operativo militar que se despliega durante las elecciones) les impidieron ingrese al centro por llevar camisas sin mangas. Algo que, según ellos, estaba prohibido.

A este centro llegó fuertemente custodiado el presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Maickel Moreno, quien evitó a la prensa hasta el punto de salir por otra puerta para evitar ser abordado.

En el recorrido que pudo realizar El Estímulo, fue visible una nueva modalidad, aunque ya se veía algo parecido en el proceso del 20 de mayo, para los denominados “puntos rojos”. Ya no sé instalaban toldos. En muchos centros, sobre todo en Libertador, Chacao y Sucre, la modalidad eran mesas o personas paradas con una lista que escaneaban el carnet de la Patria a través de sus teléfonos móviles. Llama la atención cómo mientras la rectora y presidenta del CNE, Tibisay Lucena, señalaba desde su centro de votación, desconocer denuncias sobre esto, varias jóvenes estaban cerca de la puerta del centro escaneando carnets. De hecho, a su salida, la rectora les pasó por al lado.

Muchos electores que poseían el carnet de la Patria, indicaron que debían escanearlo una vez finalizada su votación. Aunque indicaron que no habían recibido bonos entre viernes, sábado y el propio domingo, en el centro de votación Luis Beltrán Prieto Figueroa, en el municipio Sucre, votantes manifestaron que en el punto rojo se les había asegurado que vendrían “sorpresas”, sin especificar a qué se referían. Punto rojo que se encontraba frente al liceo, violentando el reglamento electoral.

La jornada, tranquila por demás, transcurría con la misma escena: centros vacíos y calles cada vez más solas conforme pasaban las horas. La llamada  «fiesta electoral» dejó mucho qué desear. El número de participación oscilaba entre 10 y 12 % a mitad de jornada.

“Hay que defender nuestros espacios. No podemos regalar ni ceder lo poco que tenemos”, comentaba Laura Acosta a su salida del liceo Andrés Bello, el más grande del municipio Chacao.

Acosta no ocultaba su preocupación por la poca afluencia de votantes. Aunque reconoce no confiar en el CNE señala que “la pelea es peleando. Yo vivo aquí (Chacao) y no quiero que el chavismo gobierne, al menos en mi municipio”, sentencia.

Asegura que aunque intentó convencer a varios vecinos, la división de la oposición y la falta de una postura unitaria también contribuyó al desgano de los votantes. Para el cierre de ese centro, de nueve mil inscritos para votar sólo participaron 1.200 personas.

Aún así, la oposición-que participó-logró conservar la cámara municipal en Chacao, no así en Baruta.

Distintas organizaciones electorales como Asamblea de Educación fijaban la participación en estos comicios en 20 %. Los datos oficiales anunciados por el CNE, fijaron la participación en 27,4 % de un universo de 20.704.612 personas aptas para votar. Es decir, participaron un poco más de cinco millones.

Aunque es una cifra baja, es difícil compararla con otros procesos municipales puesto que el último, en 2013, se realizó junto a las elecciones para alcaldes. Esta es la primera vez que ambos procesos, alcaldías y concejos municipales, se separan. Algo que por cierto vale recordar, viola la Ley de regulación de periodos constitucionales. En ese momento (2013), la abstención se ubicó en 41 %.

Sin ningún tipo de sorpresas, los resultados le dieron la mayoría de concejales a nivel nacional al PSUV.

Según Diosdado Cabello, estas elecciones “despejan el camino electoral” pues no se esperan nuevos procesos «sino en dos o tres años”. La oposición tiene ahora ante sí la tarea no sólo de reconstruirse internamente sino también reconstruir la confianza en el voto y que ésta se traduzca en que los opositores acudan a votar.

 

Aumentan a 470 las ballenas varadas en Australia, un tercio ha fallecido

El miércoles se encontraron otras 270 ballenas piloto de aleta larga (o calderones) en Macquarie Harbour, en la escarpada y poco poblada costa oeste de Tasmania. A unos 10 kilómetros en el mismo puerto, descubrieron otras 200 ballenas, que parecen estar todas muertas. El varamiento es probablemente uno de los más grandes registrados a nivel mundial y el peor en la historia de Australia.