Opinión

Que si Pérez Jiménez esto, Pérez Jiménez lo otro

La discusión sobre el dictador Marcos Pérez Jiménez parece haberse incrementado en los últimos años quizá como reacción a un cuarto de siglo de chavismo; no obstante, es importante precisar entre las mentiras y la contextualización histórica de este polémico período

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¿Qué pasa con Marcos Pérez Jiménez? Hay gente que lo asocia con grandes construcciones, con la idea del hombre fuerte que impone orden y genera prosperidad.

Sus apologistas repiten mentiras y medias verdades, como que hizo las principales carreteras y autopistas del país, mediante un discurso fundamentado en el concreto que obnula la vista y que, según algunos, pareciera ser la única variable para medir una gestión.

Claro, fue un gobierno muy bueno si se le compara con sus predecesores, pero los que vinieron después lo sobrepasaron, y así lo confirman datos de varias investigaciones, como las del profesor Mario Buffone, dedicado a esta área.

“La inteligencia y la comprensión humana son concretas. Entonces, a quien ejecuta la acción nosotros mentalmente le adjudicamos también la responsabilidad”, dice Buffone cuando se refiere a que no todas las obras inauguradas durante el perezjimenismo fueron planificadas o empezadas por su gobierno.

Aún así reconoce que hubo una continuidad en los proyectos comenzados a partir de 1936, tras la muerte de Juan Vicente Gómez, pero sobre todo después del 18 de octubre de 1945, cuando él junto a Betancourt -quien luego se convertirá en su archienemigo- dieron un golpe de Estado contra el gobierno de Isaías Medina Angarita, el último gomecista.

Pero, entonces, ¿qué fue lo que hizo Pérez Jiménez, al menos en términos de planificación? Se habla del Plan Nacional Ferroviario, pero este se presentó en 1950, lo que quiere decir que no fue propiamente de su gobierno sino de la Junta Militar, presidida entonces por su compañero Carlos Delgado Chalbaud.

No obstante, hay planes sueltos que fueron planificados, comenzados y desarrollado durante esa década militar, por ejemplo: el Hotel Humboldt y el teleférico del que todo el mundo hace alarde. Las preguntas que también deberían hacerse son: ¿quiénes podían disfrutarlo? ¿Cuál era su utilidad para el país? ¿Cuántos hospitales y escuelas fueron construidas?

En el quinquenio de Pérez Jiménez el número de planteles educativos aumentó a 503, mientras que con Betancourt alcanzó a 4.980. A su caída solo había 62 liceos públicos, de los cuales siete eran nocturnos, por lo que realmente eran 55. Graduarse de bachiller era una odisea en 1957. La matrícula estudiantil en los cinco años de Pérez Jiménez creció a 244.000 estudiantes, mientras que durante la Junta del 58 se incrementó en 238.000 estudiantes en un año nada más.

Aparte de este contraste, hay que ser justos: Venezuela había avanzado mucho desde que comenzó el Programa de Febrero de 1936, sin embargo este esfuerzo nunca llegó al nivel de lo que se construyó entre 1958 y 1998.

No se trata pues de exaltar una época sobre otra, sino de desmitificar un período marcado no solo por las mentiras, sino también por verdades incuestionables: la violación a los derechos humanos, con la persecución, encarcelamiento, exilio y asesinato de la oposición; de la inestabilidad política, pues se cometieron al menos dos fraudes electorales: el de 1952 y el de 1957, donde la voluntad popular fue vulnerada por la camarilla en el poder; y claramente una etapa cuyo origen no contaba con legítimidad, pues recordemos que su ascenso se produjo con el golpe del 24 de noviembre de 1948 que despojó al primer presidente elegido democráticamente: Gallegos.

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