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¿Por qué se ha vuelto a hablar de la miniserie más impactante de la TV de EEUU?

Desde el 17 de octubre y por cuatro noches seguidas, History revive el debate sobre la esclavitud con el remake de Raíces, uno de los shows más exitosos de la televisión norteamericana.

¿Por qué se ha vuelto a hablar de la miniserie más impactante de la TV de EEUU?

Bares, restaurantes, casinos, centros comerciales, cines… las calles se vaciaban a las 7 de la noche, cuando religiosamente Estados Unidos se sumía en la pantalla de ABC para ver uno de los dramas más populares en la historia de su televisión. En enero de 1977, el libro de Alex Haley, Raíces: La saga de una familia americana, era llevada a la pantalla chica, alcanzando 80 millones de espectadores durante la transmisión de su capítulo final, o lo que era lo mismo: el 51,1% de todos los hogares con televisión en el país. Otras formas de entretenimiento ni siquiera competían con la miniserie que recibiría nueve premios Emmy, un Globo de Oro, un premio Peabody y la certeza de muchos sobre su inigualable impacto.

Historias que alguna vez pasaron de boca en boca, de generación en generación, se convirtieron en la obsesión de Haley. Su libro, también homenajeado con una mención especial del Premio Pulitzer, inicia con el nacimiento del bisabuelo de su bisabuelo, quien es secuestrado de su villa en África y vendido en América en 1750. Un rompecabezas de su patrimonio se va armando durante cinco generaciones esclavizadas para mostrar una realidad que no aparecía en los textos de historia.

El hito

Ocho capítulos duró esta mini serie y por más de ocho días se convirtió en un tema nacional. Una nueva visión sobre la esclavitud se esparcía gracias a la cultura pop. La historia de hombres y mujeres que debieron dejar a un lado sus nombres y sus vidas por la decisión de terceros de comerciarlos logró que este melodrama cruzara la frontera del entretenimiento. Por primera vez, millones de norteamericanos veían en qué condiciones insalubres los esclavos viajaron durante cinco o seis meses, en barcos, hasta América y, una vez allí, a todo lo que fueron sometidos.

Raíces inspiró estudios sociológicos, documentales, especiales de televisión y cuanta narrativa ha permitido darse golpes de pecho ante la dura historia de racismo que ha marcado a la sociedad norteamericana. “Creo que la responsabilidad de la televisión es elevar a sus audiencias intelectual, espiritual y emocionalmente”, comentó Lou Gosset Jr., en 2013 al programa Pioneros de la televisión, quien interpretó entonces a Fiddler, un viejo esclavo que no conocería la libertad.

A pesar de que comedias afroamericanas, como Sandford e hijo (1972-1977), Los Jefferson (1975-1985) y Buenos tiempos (1974-1979) se mantuvieron por años en la televisión, Raíces se trató de la primera oportunidad para muchos actores afroamericanos de participar en un proyecto similar. Un melodrama que competería por el rating, dominado hasta entonces por otros títulos como Los ángeles de Charlie, Laverne & Shirley, La pequeña casa de la pradera, La mujer biónica y otras series que contaban con escasos papeles para personas de color.

Minimizando el horror

El éxito llegó, no sin previas dudas de la ABC sobre si la historia sería muy cruel, muy dura de ver o sobre el enfoque en un solo lado de la historia. Los más rudos personajes fueron interpretados por actores blancos queridos por el público, como una estrategia para minimizar el rechazo. Así llegaron al reparto Lorne Greene, Robert Reed y Chuck Connors. Algunos nombres que ya no suenan conocidos, pero para la época eran sinónimo de grandes éxitos como Bonanza (en el caso de Greene) y La tribu Brady (en el caso de Reed). Connors, además de actor, hizo carrera como uno de los 12 atletas estadounidenses en jugar tanto para la NBA como en las Grandes Ligas de Béisbol.

Para minimizar la apariencia de animosidad interracial entre los actores –y evitar disturbios-, el canal se las ingenió con otras jugadas como presentar a los actores de una cruda escena, sobre un brutal castigo con látigo, hablando animadamente, sentados en el mismo sofá del popular programa Good morning America. Sin embargo, y a pesar de estar en plena década de los 70, los actores podían recordar recientes historias en las que habían sido víctimas de prejuicio racial.

El fin de la esclavitud llega a la serie como llegó en la realidad. La ficción lo retrata como lo que fue: el primer paso para alcanzar la igualdad. Para cuando finalizó, los actores, ansiosos por nuevos papeles luego de su reciente éxito televisivo, se encontraron de nuevo con una oferta escasa para su color de piel. Aún así, cientos de bebés fueron nombrados como los protagonistas, la gente seguía hablando de una realidad que les había sido revelada. Su verdadero impacto social ya había dejado huella.

De nuevo a la pantalla

En una época de remakes, no sorprende que le haya llegado la hora a un éxito de esta magnitud. The birth of a nation, Fences, Selma, 12 years a slave, Loving, Lincoln, Django Unchained, y otros tanto títulos recientes, aunado a las no escasas noticias de agresiones policiales y ciudadanas asociadas a prejuicios raciales, dan cuenta que el tema aún es crucial en los visores de la cultura pop. Un remake necesario, en una época donde la tecnología audiovisual ofrece recursos idóneos para llegarle a un público joven que, de otra manera, no se asomaría a la historia de Haley.

Desde este 17 de octubre a las 11:00 p.m., y por 4 noches seguidas, el canal History busca repetir la hazaña de la serie original, esta vez con actores de la talla de Anna Paquin, Jonathan Rhys Meyers, Laurence Fishburne y Forest Withaker. Esta versión, de A + E Studios, además incorpora nuevos detalles de la obra literaria de Haley y se desarrolló de la mano con especialistas en historia Africana y Afroamericana, y con líderes de opinión estadounidenses.

Cuarenta años después de que el mundo conociera el nombre de Kunta Kinte, el actor que lo interpretó, LeVar Burton, se suma al equipo de productores, para nuevamente abrir el debate en los tiempos del Black Lives Matter, un movimiento político internacional que suma acciones en contra de la violencia hacia personas de color, abuso policial y desigualdad racial en el sistema jurídico norteamericano, y que nació apenas en 2013.

La nueva versión de Raíces ofrece una oportunidad ideal para revisitar la conversación sobre un tema que, por crítico y sensible, exige un encuentro, una reflexión, un aprendizaje que genere una conciencia transformadora sobre una realidad difícil de observar que, aunque histórica, aún arrastra consecuencias.

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