Rescatar la política

La democracia es consustancial con los partidos políticos, y a su vez los partidos políticos, son consustanciales con un pensamiento político, con un ideal, con un planteamiento filosófico

La democracia es consustancial con los partidos políticos, y a su vez los partidos políticos, son consustanciales con un pensamiento político, con un ideal, con un planteamiento filosófico. Los partidos son sencillamente agrupaciones que se forman en torno a una propuesta de cómo debe ser conducida la sociedad en lo social o en lo económico, y que se organizan para llegar al poder en función de esos ideales.

Son muchos los estudios que explican cómo estás organizaciones se van transformando en organizaciones meramente electorales, donde el fin en sí mismo termina siendo el poder y no las ideas de transformación social con el que se fundaron. Lo que parece es la clave para que esto no suceda, es la renovación constante de dirigentes y la revisión permanente de sus tesis y programas políticos para estar a tono con los nuevos tiempos.

La democracia es un sistema político y social, del que se generan diferentes modelos según las circunstancias de cada latitud. Si los partidos no se renuevan o pierden su sentido y razón de ser, el modelo deja de funcionar y el sistema democrático comienza a fallar.

En la Venezuela de hoy, los partidos no se han atrevido a asumir el debate político y a definirse ideológicamente frente a la sociedad, pues el interés electoral los lleva a tratar de capturar todos los sectores, desdibujándose y convirtiéndose simplemente en afiliaciones a una opción de poder. A un dirigente de Primero Justicia le pregunté que dónde se ubicaban ideológicamente y me respondió que ellos eran un “centro gordo”… es decir, no hay una definición clara.

Más allá de la trampa discursiva del régimen, de querer dividir todo en derecha e izquierda, lo cierto es que nuestros partidos actualmente solo se mueven en el juego de los intereses políticos y carecen de claras definiciones ideológicas, tanto en lo social como en lo económico.

Más allá de los radicalismos de izquierda y derecha, no hay que hacer grandes estudios para entender que en el mundo democrático hay dos grandes posicionamientos políticos de la sociedad, la centro-izquierda representada por tesis o ideas más liberales en lo político, orientados más a lo social, la diversidad, la conquista de nuevos derechos y al apoyo del estado a los sectores vulnerables. En la centro derecha por su parte, se ubican sectores más conservadores y religiosos, que procuran una menor intervención estatal y donde los derechos económicos compiten con lo social.

Pues hoy en día, si bien en la centro izquierda parecen ubicarse AD, VP, UNT, MAS y AP, ninguno asume verdaderamente esa posición, ni como discurso, ni como mecanismo de captación de seguidores o de propuesta política. En la centro derecha el escenario es desolador; donde antes se encontraba Copei, ahora nadie quiere aparecer por esos lados, tal vez por el mismo discurso del régimen. Quien más se parece a lo que representaría este sector político, es el grupo de María Corina Machado, quienes al igual que en el otro ámbito, no asumen ideológicamente al grupo con el que se identifican. Pareciera que tienen en bandeja de plata una oportunidad de oro, para aglutinar a importantes sectores que no se encuentran representados en ninguna organización.

Carecer de esa clara definición, entre muchas otras, es una de las razones, por las que nuestros partidos políticos son débiles y apenas aparecen en las encuestas, porque más que representar ideales, representan a personas.

Estas indefiniciones, le hacen un gran daño a la democracia, y dan pie a que cualquier facineroso o loco carismático se incorpore a la política, y se aproveche del poder para sacar beneficio personal y destruir a la sociedad.

Lo peor de todo, es que al final el ciudadano común, el no militante de ningún partido, que son la mayoría, no encuentra en el discurso de ningún político sino lugares comunes. Para movilizar a la gente, no solo hace falta hablar mal del contrincante, o mostrarse moralmente superior, es necesario plantearle una visión de futuro, un ideal que logre identificarse con sus ideas, valores, sueños, padecimientos y esperanzas.

Gran favor le haría a la democracia venezolana que nuestros políticos, usaran el mismo coraje con el que han luchado estos años, para definirse ideológicamente y sacarnos del inmovilismo político que nos tiene secuestrados hace más de 20 años.