En Venezuela mandan las explotadas

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25/03/2016
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FOTOGRAFÍA DE PORTADA: ALEJANDRO CREMADES - REVISTA UB

Aunque no existen estadísticas, es una realidad que se palpa en la calle: hay más curvas entre nosotros. Algunos casos, como el de la modelo Aleira Avendaño, representan el punto más alto de una moda que se aleja del ideal de belleza tradicional. Si antes los cuerpos delgados “tipo miss” era la aspiración de muchas mujeres, hoy el patrón es otro. La mayor prueba de esta tendencia se constata en las vitrinas de las tiendas venezolanas y en las playas a reventar de cuerpos en esta Semana Santa

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Explotada. Aunque no esté registrado en el diccionario de la Real Academia Española, el término en Venezuela se usa como un adjetivo calificativo. Y todos comprenden su significado. —¿Viste cómo se puso Adriana? —Explotada. Del diálogo anterior se infiere que Adriana se operó arriba y abajo. Se concluye, también, que las proporciones desafían a la madre naturaleza. No se juzga, en este caso, la belleza. Aunque tampoco la priva. Puedes ser explotada y linda. Pero lo segundo es anecdótico frente a lo primero. En una encuesta realizada por quien escribe en Twitter, 72% de los votos —de un total de 335— fueron para “explotada” frente a un 28% para “Miss”, ante la pregunta “¿qué tipo de mujer gusta más”, actualmente en el país. Por supuesto que no es una consulta con rigor científico. Nada en este artículo lo es. Sin embargo, como lo advierten las diferentes voces que lo complementan, es una realidad que se palpa en la calle.

En 2013, The New York Times advertía que los maniquíes de “busto exagerado y un trasero enorme, una cintura de avispa y piernas largas”, presentes en diferentes tiendas de ropa, eran una “fantasía de vidrio al estilo venezolano”. El artículo, que causó sorpresa en las redes sociales y mucho escozor en los grupos feministas, no tomó en cuenta que ya muchas mujeres de carne y hueso habían recorrido ese camino. Un ejemplo de ello es Aleira Avendaño.

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“Mis medidas son 97-52-106”, cuenta Avendaño, una merideña de 27 años y 1.61 centímetros de estatura. Su transformación comenzó a los 19 años. Cuando se sienta, afuera del gimnasio de Parque Central, sus senos, que apenas respiran tras una malla deportiva, nos apuntan como dos bombas atómicas. “Uso sostén doble D. Tengo en total 1000 cc. Pasé por cuatro operaciones para llegar a ese tamaño. Para la cintura, llevo siete años con corset”. A pesar de que asegura que sus glúteos son naturales, en otros programas de televisión ha confesado dos modificaciones.

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El cuerpo que actualmente exhibe Avendaño le permite mantener una agenda muy ocupada. “He viajado por Europa, Asia, Norteamérica… En Japón fue una locura. Me entrevistan en programas de televisión y revistas. Les llama la atención mi figura. Este fin de semana —del 29 al 31 de enero—, por ejemplo, no puedo viajar porque vienen de Australia a hacerme una nota. Luego de eso viajo a Medellín donde voy a lanzar mi propia marca de fajas”.

El fenómeno de Aleira es interesante. Con poca exposición en los medios tradicionales, es una reina de las redes sociales y de las revistas especializadas. En Instagram (@aleiraoficial_sexy) supera los 690 mil seguidores. En UB Magazine rompió el récord de descargas para pantalla de computadoras y fue la portada digital más vista, duplicando o incluso triplicando a otras modelos más famosas. “Más que una modelo es una mujer de negocios. Sabe exactamente lo que quiere. En el caso de UB, nos tomó por sorpresa el impacto que tuvo. Posiblemente sea que su cintura y curvas tan pronunciadas crean mucho morbo. Pero también sabe manejar muy bien sus cuentas, atiende a cada seguidor que le escribe”, cuenta Héctor Trejo, productor de @urbebikini.

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“Comencé con 400 cc. Después aumenté a 600 y 700. Finalmente, llegué a 1000 y aquí me quedo”. ¿Por qué tanto busto? “Soy así, exagerada”, dice. Además de lo evidente, también se ha retocado la nariz y los labios. Con el tiempo ha desarrollado una resistencia al dolor y una capacidad de recuperación como la de Wolverine. “A los ocho días ya estoy lista”. Aleira asegura que no tuvo ningún modelo a seguir para esculpir su cuerpo. Tampoco se siente víctima de una sociedad que admira y exige curvas. “Siempre quise tener un cuerpo como el que tengo. Desde que tenía 18 años. Me gusta que me vean, aunque a una le toca aprender y vivir con que te digan ‘prepago’ o que crean que eres actriz porno. Simplemente no le paro”.

Aleira ha hecho de su cuerpo una inversión. Solo en prótesis se ha gastado más de tres mil dólares. Las últimas son importadas de Alemania y una operación de senos, sencilla, supera los 300 mil bolívares. “No es barato, por supuesto. Por eso hay que trabajar duro. Ahora voy a lanzar un disco y sigo con mis presentaciones en diferentes shows, además de lo de las fajas”. Cuando se le pregunta si cree que su caso es la representación máxima de una tendencia, responde: “ahora ves más mujeres con curvas, más tetonas, con más nalgas. Dudo que hoy no exista una mujer que no desee operarse, lo que posiblemente le falte para hacerlo es billete”, acota soltando una carcajada. “Ella no se ha operado tanto como parece”, explica Marysabel Quintero Angarita, cirujana plástica, que se encargó de moldear parte del cuerpo de Aleira. “Como es muy flaca, come muy bien y se ejercita con religiosidad, todo se ve más marcado. Claro que se realizó una lipoescultura de definición, lo cual hace ver el torso muy rayado, pero mantenerlo debe trabajarlo mucho en el gimnasio. Mucha gente se opera y como no se cuida, pierde inmediatamente lo que se hizo. Por eso tiene valor lo de Aleira, ella vive para eso. Ha hecho de su cuerpo una forma de vida”.

¿No corre algún peligro una mujer que usa un corset por siete años y aumenta su cuerpo en esas proporciones? “Hasta ahora pareciera que no”, responde Quintero Angarita, aunque advierte: “pero no debería operarse más. Así como está, está bien. Habría que realizarle una radiografía y un eco para ver cómo están sus órganos internos. Aleira no sólo usa corset, sino que ella misma los modifica. Inventó una forma de moldear su cuerpo y el cuerpo le ha respondido bien. Debemos entender que los cambios han sido graduales. A los pacientes les explicas que no pueden comenzar con prótesis muy grandes porque corres el riesgo de que la piel se desgarre. Luego de la primera intervención, pasas a un nivel intermedio y finalmente al tamaño de las de Aleira, que es lo máximo. Esas prótesis no llegan realmente a los 1000 cc, son de 930 cc”.

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Los maniquíes

Ya sea en un centro comercial popular como el Sambil u otros para presupuestos más altos, como el del Cafetal, se observa que el busto y las nalgas han aumentado varias tallas en las vitrinas, desde que The New York Times realizó el reportaje en 2013. De Plaza Venezuela a Chacaíto, igualmente abundan las muñecas de plástico con medidas gigantes. Incluso los vendedores ambulantes montan sobre el techo de sus carros, los fines de semana, figuras de mediocuerpo con un derecho de frente galáctico. En Mercado Libre se comprueba que las figuras con senos como los de Aleira son las más caras. Se ofertan en 45 mil bolívares, mientras que las “planas” tocan el piso de los 8 mil.

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“Todo depende, papi”, dice Yazmín, una vendedora de un minicentrocomercial en Chacaíto. “Es que si te fijas, se ven bien bonitos los escotados —vestidos y camisas— si tienes tus senos paraditos. Claro, hay ropa para flacas que se ven bien chéveres, pero si te digo la verdad, eso aquí se ve cada vez menos. Salen más rápido los tipo explotada”. Realmente no todos los maniquíes se hacen en Venezuela. “Hay modelos que vienen de Los Ángeles (Estados Unidos), Brasil o Colombia. Si tienes un contacto te salen mucho más económicos, están mejor trabajados en los detalles —los pezones son un punto importante— y duran más que los que compras acá”, cuenta Alejandra, que regenta una tienda de trajes de baño. Por lo anterior podría concluirse que no es una realidad que solo toca a Venezuela.

Pero Ivo Contreras, estilista, que trabaja con la organización Miss Venezuela desde 2001, habla del país. “Es sorprendente ver en las tiendas esos maniquíes con los senos tan grandes. Tengo clientas de otros países y me preguntan sobre eso, pues de donde vienen no hay de ese tipo”.

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Contreras ha ampliado su base de control en un centro comercial de Chacao. Allí las mujeres pueden cambiar completamente su look con extensiones y maquillajes. Su empresa es visitada tanto por modelos como por mujeres fuera del starsystem. De allí que su opinión sea válida para responder si cree que en el país hay una fiebre por incremento de las curvas. “Cuando se operan por primera vez y ven los cambios, muchas quedan adictas a las operaciones. He visto varias que lucen espectaculares pero luego quieren más. Tengo clientas que se operan los senos hasta 30 veces, buscando un aumento hasta de 1000 cc”. Aunque aclara que no es un tema de edad: “De hecho aquí vienen muchas muchachas que piden de regalo de 15 años, a sus padres, el aumento de senos”. “Yo les digo los maniquíes operados”, suelta la cirujana Marysabel. “Es una consecuencia de la cantidad de mujeres que hoy hacen vida en Venezuela y que están explotadas. También, de la manera que lo veo, es como publicidad. Les están diciendo a las mujeres ‘opérate’. Por su puesto que se trata de una moda y como tal, será pasajera. Siempre habrá mujeres que gustan del modelo Jessica Rabbit —la sensual pareja de Roger Rabbit— y hombres que voltearán a verlas. Es una tendencia. Y también depende de la edad. Las chamitas quieren sus senos grandes, pero ya las cuarentonas buscan un tamaño más ‘real’”.

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El peso de ser tetona

El cirujano Ernesto Mendoza prefiere hablar de singularidades en lugar de tendencias. “Cada caso es particular. Estudié en Brasil y allá las mujeres, si bien se operan, buscan que la transformación no se note. Al contrario, a la mujer venezolana le gusta que se vea que se ha operado”. Mendoza reconoce a dos grupos muy marcados que van a especialistas por diferentes objetivos. “De 18 a 25 años acuden a consulta mujeres que buscan una rinoplastia, mamoplastia o una lipo. El otro es de 35 a 40 años, muchas desean corregir los estragos después del embarazo, por ejemplo”. Y en su experiencia en Venezuela, donde labora desde 2009, percibe que la búsqueda de senos muy grandes disminuyó. “Todo depende de la caja toráxica de la paciente. Hay algunas que desean unas prótesis muy grandes y les recomendamos una talla menor porque su cuerpo no lo permite”, acota.

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María José Borrero, de 22 años, es una comunicadora social que descansó cuando se pudo quitar casi un kilo de grasa de su busto. “Era 34 doble D, ahora soy 34-C. Son casi dos tallas menos. Me desarrollé a los 11 años y eso de tener senos muy grandes fue un infierno. Sobre todo, al momento de hacer educación física. No conseguía tallas para mí. Para todos era María José ‘La Tetona’. Eso golpeó mucho mi autoestima”, relata. El dolor no solo era interno para Borrero. “Estuve grave. Tuve que hacer terapia. Enfrenté problemas de escoliosis —que aún arrastra— y en los hombros. Esperé cumplir los 18 años para hacerme la operación “T” —inicia en el pezón y baja a la base de los senos. Y el cambio fue inmediato. Mermó el dolor y empecé a sentirme mejor conmigo misma. Podía usar escotes y encontrar ropa interior de mi talla”.

Borrero, quien vive en Puerto La Cruz, sí cree que han aumentado las operaciones, sobre todo, en su generación. “Lo ves todo el tiempo aquí, en las playas. Muchas amigas me dijeron loca por rebajármelas mientras que varias se las han hecho o esperan hacérselas. Mi experiencia en esto es que muchos hombres buscan mujeres ‘explotadas’ para exhibirlas conjuntamente con su carro. Es un tema de lucirse”.

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Raomely Hernández, directora de una firma de asesoría tributaria, también sufre las consecuencias del exceso frontal. “Son 34-D y debido a ello tengo una lesión en el cuello. Sufro de dolores de espalda. Cuando llegas de la calle a quitarte el sostén, es un proceso porque duele. Entonces debo usar uno ortopédico y otro para dormir. Y es caro, acabo de comprar dos y me salieron en 150 dólares porque en Venezuela no los hay y si consigues alguno, vienen con pushup y aumenta aún más la visibilidad del busto”.

Hernández, de 36 años, no cree que sea una ventaja tener los senos grandes. “Al menos que el cliente tenga un fetiche. En Venezuela tendemos a etiquetar; que si fulanita ‘la chiquita’, ‘la bonita’. Yo soy ‘la de las tetas’. Sin embargo, uno enfrenta más problemas que beneficios. No consigues tallas que coincidan, en trajes de baño o ropa interior. Y lo peor: tocarte para descartar cualquier bulto que pueda ser cancerígeno es mucho más difícil por la cantidad de tejido. Desde los 34 años me hago mamografías, aunque lo recomiendan a partir de los 40 y el último examen me costó 7 mil bolívares”.

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Operarse es una opción, “aunque ningún seguro lo cubre”, explica Hernández. A eso debe sumarse el costo. Cuando Borrero pudo hacerlo, pagó 48 mil bolívares, hace cuatro años atrás. Actualmente, ese procedimiento supera los 300 mil bolívares, con un cirujano amigo.

Lo tradicional frente a lo moderno

Mariana Pérez de Oropeza es sicóloga y Máster Coach. Ha trabajado con tres venezolanas que optaron por el Miss Universo: Irene Esser, Molly Isler —ganó— y Migbeli Castellanos. Antes de evaluar la belleza por la cantidad de curvas, hace una introducción. “La venezolana es atractiva y por su naturaleza es coqueta. Se ocupa de su imagen, es pícara. Pero, sobre todo, es inteligente. Tenemos muchas mujeres que se preparan. Y lo puedes ver en cualquier parte, en las empresas y en las universidades, por ejemplo. No solo son bonitas”.

Misses

Pero rápidamente acepta que los cuerpos que se ven en un concurso de belleza responden a un patrón específico. “En efecto es una industria y nuestras misses son el resultado de un estereotipo que se repite y es exitoso. La mujer venezolana se identifica y es raro que una niña no manifieste que desea ser una miss”. “En algunos niveles se le da valor a esta figura de miss, que es como de muñequita. En otros, ciertamente, se valoran otras cosas. Porque una cosa es la industria y otra la mujer venezolana. Nuestra genética es esa, tener curvas. En algunas mujeres que se ponen senos y caderas veo el camino de regreso hacia un patrón que busca lo cotidiano, las redondeces”, analiza Oropeza. “Hay un montón de cosas que pasan por detrás de ese ideal y tienen que ver con lo que hago para buscar un resultado que regularmente es que me quieran”. Luego apunta: “no tengo datos para afirmar que hoy en día la tendencia es un cuerpo con más curvas. Siento que la mujer venezolana está buscando un punto medio y que hay más desenfado si tienes unos kilitos de más”, concluye Pérez de Oropeza.

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David Páez —@Davidpaez77— fue uno de los pioneros en representar mujeres que estaban dispuestas a desnudarse, mucho antes de que las redes sociales facilitaran la comunicación directa entre modelos y fanáticos. Por su empresa, Ilustra Media Group, creada en 2007, han pasado más de treinta modelos, entre ellas la famosa Diosa Canales y la propia Aleira. Es el responsable de colocarlas en la contraportada de diarios nacionales, revistas para adultos y en Desnudando La Noticia, un noticiero que existe en la web, en el que las mujeres cierran las informaciones sin una prenda encima. Para él no hay discusión posible. “En este país mandan las explotadas”, dice de entrada. diosa-canales “Hay un elemento cultural, que por alguna razón en Venezuela ha calado mucho, y es el de la vanidad. Esa vanidad, con el tema de las cirugías y de los beneficios estéticos, se ha institucionalizado. No valoro, no sé si es positivo o negativo, simplemente es una realidad. Lo que he hecho es tomar ese nicho y darle una forma”, relata Páez sobre su labor. “Las mujeres que se exhiben lo hacen por ese tema de la vanidad y no por lujuria. En cambio, el hombre las ve con lujuria, de allí la gran cantidad de seguidores que tienen estas chicas en las redes sociales. Eso se traduce en poder para ellas”.

Para Páez no es casualidad ver en las vidrieras a maniquíes que parecen copias de sus representadas. “Recuerdo que una vez en el Sambil, frente a la tienda Zara, había uno con unos senos enormes. Luego me descubría pasando por allí, inconscientemente, para verlo. Para mí, ese maniquí es una consecuencia de esa moda estética. En Venezuela gustan mucho las explotadas. Lo ves en el boom de las bombas sexys que están en los programas de televisión, en las chicas que se muestran por redes sociales y que tienen miles de seguidores, en los shows de autos o en las exposiciones como Expo Sexo. Tal vez donde aún no ves que han calado es en el de las presentadoras de televisión, que aún responden a un patrón de antaño”.

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Una de las precursoras en Venezuela en modificar su cuerpo y explorar lo que podía hacer una bomba sexy fue Maribel Zambrano. ¿Alguien olvida su comercial nocturno, en el que batía huevos? Además de representar a Catalina Rica en la Radio Rochela, revolucionó al país con un calendario en el que no dejaba nada a la imaginación, además lanzó su propia línea caliente y actuó en una miniserie en Playboy. Pocos recuerdan, sin embargo, que todo comenzó con actitud antes que con cuerpo. Maribel-Zambrano-climax “Los trajes de baño se fueron haciendo más pequeños. De la tanga pasamos al bikini y de allí al hilo dental. En la medida que se mostraba más piel, se hacía necesario tener un mejor cuerpo. Yo tenía unos senos naturales pequeñitos. Hice un casting en 1997 para actriz cómica. Por supuesto que no me comparaba con Norah Suárez, pero tampoco era voluptuosa. Comencé a ver a mis compañeras, que todas estaban operadas, y de repente la prensa empezó a venderme como la nueva bomba sexy después de ‘La Coconaza’, Gladiuska Acosta. Entonces me operé por primera vez”, recuerda Zambrano.

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Si bien los resultados fueron los deseados, las nuevas curvas jugaron en contra de Zambrano. “Veo todo lo que he hecho y no me arrepiento. Sin embargo, yo quería, realmente, ser actriz de dramáticos. Era feliz con mis senos pequeños, después de operarme me encasillé”, rememora. Su primera intervención fue para colocarse 250 cc. “No tenía piel necesaria para ponerme más. Debes esperar que ceda un poco para aumentar. A los siete u ocho meses aumenté a 375 cc y en la próxima llegué a 500 cc. Ya después de cumplido el plazo de 10 años, tocaba remover las prótesis y me puse 700 cc”.

La última modificación de Zambrano fue hace cinco años. El costo fue de 12 mil bolívares, incluido el material. “Hoy en día es un tema de moda. Mientras más cuerpo de guitarra tengas, los hombres te buscan más. Es algo muy venezolano. En Europa, por ejemplo, no lo ves. Para mí, es como una competencia entre nosotras. Ahora bien, hay unas chamas de 20 años que no salen en televisión, no son conocidas por los medios tradicionales pero están tan explotadas que solo necesitan las redes sociales para hacerse famosas. Esa competencia se ha trasladado a esos medios”, analiza la actriz.

Actualmente, Zambrano, que tiene más de 258 mil seguidores en Twitter (@zambranomaribel), actúa en la obra Bella, rica y patrocinada. “Cuando leí el guión, dije ‘yo quiero hacer este personaje’. Interpreto a Samantha Villarroel, una mujer que a los 20 años empezó a ser ‘patrocinada’ para perfeccionar su belleza y ahora a los 40 vive con un gordo feo, pero que la mantiene. El papel se lo propusieron a dos exmisses y lo rechazaron porque, según dijeron, era interpretar lo que les había pasado. Es una obra que te hace reflexionar y no solo a las mujeres, porque también hablamos de los gays y de muchos míster Venezuela que son ‘patrocinados’”.

 

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“Bendecida y afortunada” se ha convertido en dos palabras que han sustituido a una. “Es una forma indirecta de decirte puta, pero basada en una realidad: los hombres que te patrocinan”. ¿Es difícil eliminar esa asociación de las mujeres que exponen sus curvas en los medios? “Por supuesto que es difícil. Yo lo viví. Prácticamente te hacen bullying. Actrices serias, escritores, directores, para ellos es como si no tuvieras talento. La que trabaja en una novela y es una diva, sí hay que tomarla en cuenta. En cambio las otras somos rechazadas por ser sexys. Aunque ya después de un tiempo te curas”.

La conversación con Maribel, que ha sido fluida y repleta de risas, toma otro tono cuando habla de sus relaciones personales: “El venezolano come con los ojos. Apenas una minoría apuesta por una gordita con lentes. Realmente valoran poco a la mujer”. —¿Crees que alguna de tus parejas te buscó por tu personalidad y no por tu físico? —No, ninguna.

Las caderas no mienten

“2016 será el año de las nalgas”, dice Héctor Trejo de UB Magazine. Y, en efecto, de las Kardashian a Jennifer López, pasando por Nicki Minaj, las caderas se han convertido en el fetiche mayor de los videos de música rap y reggaetón. De hecho, además de JLo y Minaj, Fergie y Beyoncé le han dedicado canciones a su retaguardia. Tampoco se puede olvidar la explosión del Twerking —baile donde el culo pareciera tener vida propia. El Diccionario Online de Oxford agregó en 2013 el término “Twerk”. En Venezuela, en 2014 el cantante venezolano OneChot lanzó su sencillo “Máquina”, en el que se ven a varias mujeres venezolanas realizando esa” danza de infarto en Choroní.

Para hablar de Twerking en el país, hay que consultar a Nanny Luna. Su video en la página web de UB Magazine se hizo viral. “Yo tenía mucha pena”, cuenta y la carcajada retumba en el teléfono. “Yo no tengo una formación profesional, simplemente me gusta bailar, vi como lo hacían en otros videos y le dí”.

Una de las características de Luna es que sus caderas son completamente naturales y grandes. “No sé ni cuanto tengo, pero sé que tengo. Siempre me han gustado los cuerpos voluptuosos. Si fuera hombre me enamoraría de las mujeres de piernas y nalgas grandes, mucho más que de los senos. Creo que si haces una encuesta, hoy en día, 70% de los hombres preferirían que sus mujeres tuvieran más culo que tetas”. Cuando se le pregunta si considera que la exposición de nalgas en videos y revistas ha influido en cambios y gustos de consumidor venezolano, no lo duda. “Yo salgo a la calle y me visto para que me miren y claro que me miran. Me parece que hoy lo que manda es el cuerpo tipo Iggy Azalea —rapera y modelo australiana—, una mujer con una cinturita y unas supercaderas”.

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Lo que dicen ellos

“Claro que he visto un aumento muy notable en las nuevas modelos. Sobre todo, en el área de senos, nalgas y cinturas. Cada vez son más explotadas”, dice Juan Alberto Juárez, visitador médico de 41 años, que coleccionó las revistas de @urbebikini. “Las tengo casi todas, me faltan solo dos números”. Entre sus preferidas se encuentran las ediciones con Sandra Martínez, Las Veteranas —Emma Rabe, Kiara, Astrid Carolina Herrera, Dora Mazzone e Hilda Abrahamz— y, sobre todo, no olvida las primeras fotos de Diosa Canales.

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Si ese cambio, visto en la revista, se nota en la mujer que encuentras en el día a día en la calle, Juárez no lo duda. “Por supuesto. Me parece, sin ser un experto, que como hombres y mujeres acceden a esas imágenes, es posible que ellas quieran parecerse a las modelos o que sus parejas las inciten a algunos cambios estéticos. Incluso puedes verlo en los centros comerciales. En Boleíta Center, por ejemplo, las tiendas están repletas de maniquíes que parecen mujeres perfectas, con cinturitas mínimas y el resto todo inmenso”. Andrés, que trabaja en uno de los locales de moda de Caracas, Buddha Bar en Las Mercedes, se ríe cuando escucha el tema de la entrevista. “Aquí somos muy reservados con esas cosas, pero puedo decirte que sí, es raro que tu veas a una chama de cuerpo natural acá. De las veteranas a las niñas, rápidamente te das cuenta que están retocadas”. Cuando se le pregunta si van más mujeres tipo miss o explotadas, no lo piensa. “Es que casi todas se ven explotadas, hasta las flacas, depende de la ropa que se pongan. Aunque ahora que lo dices, ya es como raro ver de rumba a mujeres con cuerpos de misses”.

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Si la sociedad venezolana está en un periodo de transición en sus gustos  y patrones de belleza está por verse. No es casualidad que el Miss Venezuela cada vez tenga una producción más pobre —en estudio, sin público, sin estrellas internacionales— y su impacto sea menor en el país. No obstante, mientras se estudia el fenómeno, es clave hacerse eco del mensaje de la sicóloga Mariana Pérez de Oropeza: no existe un patrón para afirmar qué es lindo y qué no. “Somos observadores diferentes. No hay persona que sea igual a la otra. Lo que es bonito para mí puede no serlo para ti. Por lo tanto es clave respetar al otro como un legítimo otro”. Aunque a Mattel, los creadores de la muñeca Barbie, le costó 56 años entenderlo.

 

*Algunos nombres fueron modificados por deseo de los entrevistados