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Jardín Botánico de Caracas: el ocaso del Edén

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05/01/2015
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FOTOGRAFÍAS: MERCEDES ROJAS PÁEZ-PUMAR

A pesar de ser patrimonio de la humanidad, de contener un importantísimo número de especies y de ser un centro de estudio por excelencia, con una de las bibliotecas más especializadas y valiosas del mundo, el Jardín Botánico de Caracas agoniza entre la indolencia de sus trabajadores, la falta de presupuesto y un conflicto jurídico que parece no tener salida

El jardín botánico de Caracas, sin lugar a dudas, es uno de los rincones más valiosos del valle. Es el suelo fértil, ubicado dentro de los terrenos de la Universidad Central de Venezuela (UCV), que alberga la colección de plantas más extensa del país. Un lugar idóneo para el estudio de la botánica, calificado como recinto de taxonomía vegetal. Es, asimismo, magnífico para la educación ambiental y la conservación de las especies nacionales y foráneas, que desde sus inicios sentaron raíces.

Una cama de grama verde recubre todo el terreno plano que varía por las lagunas de jardines acuáticos, viveros con exquisitas colecciones de orquídeas y bromelias; sectores de plantas determinadas como palmas, zingiberales, cáctus y suculentos helechos y árboles… un verdadero paraíso natural. Aunque parezca increíble hay venezolanos, y aún caraqueños, que no conocen este pulmón vegetal. La invitación es a que lo hagan.

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Al cruzar la entrada del jardín, a la derecha, se encuentran los restos de lo que una vez fue el jardín xerofítico ganador de un premio de la Bienal Panamericana de Arquitectura Paisajística. Un área de terreno dedicada a plantas de poca agua, como los cáctus, que en la actualidad están sumidas en la maleza. Hay que recorrer el espacio para notar las piedritas que solían cubrir el suelo. Esos detalles ya hoy forman parte del recuerdo: un fastuoso pasado. Este es el primer indicador de la falta de manteamiento que sufre el Jardín Botánico de Caracas.

Al continuar el recorrido quedan de lados el palmetum, el jardín etnobotánico, el paleozóico, el bromeliario, el orquidiario y las aréceas hasta llegar a la sede de la Fundación Instituto Botánico de Venezuela. Una edificación exquisita del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, la única que permanece intacta y original entre todo el complejo arquitectónico de la UCV, obra del mismo autor. Al franquear las puertas de aquel recinto se observan los amplios espacios con arriates internos que incluyen las oficinas de la fundación, la biblioteca Henry Pittier —que lleva el nombre de su insigne fundador— y el Herbario Nacional. Allí estaban Zaraith Fermín, miembro de la prensa institucional del lugar, y por si fuera poco, el presidente de la junta directiva, el señor Mario Gabaldón.

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Zaraith, periodista, comenzó su declaración refiriendo el principal mal que sortea el jardín en la actualidad: “un sindicato creado hace cinco años, que incluye a casi todos los jardineros y parte del equipo administrativo, y que lucha por su inclusión en la nómina de la UCV para obtener mayores beneficios”, expone. Un problema al que no se le ha encontrado solución y que desembocó en la medida tomada por el sindicato desde hace un año: “trabajar medio día”. “Incluso se han ido a paro y el jardín se ha visto forzado a cerrar; ni hablar de todo lo que ello conlleva en cuanto a mantenimiento”, comentó la comunicadora.

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Desde su creación, fue jurisdicción de la Universidad. En 1969 fue allanada por el gobierno de Rafael Caldera en la malhadada “Operación Canguro”, a raíz de la que el jardín fue separado de la Ciudad Universitaria para pasar a ser Parque Nacional, dependiente del Ministerio de Ambiente y con presencia interna de la Guardia Nacional. En 1991, pasó a ser administrado por la nueva fundación Instituto Botánico de Venezuela, encabezada por el Ministerio de Ambiente, Inparques, UCV y FONACIT —Fondo Nacional de Ciencia Tecnología e Innovación. El 21 de diciembre del año 2000, Hugo Chávez, buscando obtener un título de patrimonio mundial para Venezuela, le devuelve el control del Jardín Botánico de Caracas a la Universidad Central —figura que mantiene hasta ahora. Sin embargo, Fermín insistió en que este paso de jurisdicción, a pesar de lograr la declaración de la UCV y el jardín como patrimonio de la humanidad, no fue bien llevado legalmente; hecho que incurre en el conflicto actual del sindicato de trabajadores.

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“El Jardín Botánico quedó en una suerte de limbo; gran parte de su personal reclama ser reconocido por la UCV y esta última, escasa de recursos, no pareciera querer cargar este nuevo peso. Además hubo un auto del Ministerio del Trabajo que reconoce a los empleados del Jardín Botánico como parte de la UCV. No obstante, tienen más de cinco años esperando a que esta inclusión laboral se formalice”, discurre Gabaldón.

Por su parte, la junta directiva, encabezada por Gabaldón, ha llevado la queja del sindicato al Ministerio Público y han enviado cartas al Ministerio del Trabajo y a la OPSU —Oficina de planificación del sector universitario— y aún no han conseguido respuesta. Pero son ellos, a final de cuentas, los que tienen que lidiar, día a día, con una crisis que ha venido en aumento, producto del descontento de un numeroso grupo de trabajadores que amenaza con huelgas. No quieren trabajar hasta ser escuchados. Han incurrido en agresiones contra la junta directiva y en ocasiones se presume que hasta han atentado activamente contra el jardín. Todo esto se traduce en muerte y extinción de especies, incendios, robo de maquinaria, escaso mantenimiento, inseguridad, entre otras tragedias.

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El profesor Gabaldón demuestra, a través de papeles, documentos y panfletos, que, por decisión, le cambió el logo del jardín agregándole un texto que reza que es un patromonio mundial —en apoyo al reclamo del sindicato. Sin embargo, reconoce que lo ven como un enemigo. O sea: el patrono indolente. “Tenemos nueve actas donde la junta directiva apoya el paso del personal a la Universidad… los hemos ayudado, pero no se dan cuenta. La UCV debe dar una respuesta definitiva para poder avanzar. Ya hemos perdido más de cinco años”.

“El único beneficio extra que la UCV ofrece a sus trabajadores es la jubilación pero, aparte de eso, el jardín ofrece lo mismo en su contratación. Incluso caja de ahorro CASEP —que no ha querido ser aceptada por el sindicato para seguir con su incansable solicitud”, vuelve el director.

Sin dinero, pero mucha mística

La falta de recursos es la gran enfermedad. El jardín tiene el mismo presupuesto desde 2005. “Se agravó desde el período del Ministro de Educación Luis Acuña. Fue él quien implementó que el paso del presupuesto destinado al jardín se realizara a través de la UCV, con la finalidad de presentarlo como una partida adicional que se le daba a la universidad. En conclusión esta medida le sumó una traba al jardín en cuanto a trámites y resolución de asuntos ante el Ministerio de Educación Superior u otro ente, ya que ahora la UCV es la figura mediadora y todo debe gestionarse a través del alma matter”, asegura Gabaldón. La posibilidad de que la UCV desvíe parte de los fondos para asuntos universitarios queda descartada. Gabaldón lo asevera: “ese cheque sale con el nombre de la fundación”. Actualmente el Jardín Botánico recibe el presupuesto de la OPSU y alcanza solo para pagar la nómina.

A pesar del poquísimo trabajo del sindicato —de la gran mayoría de los jardineros solo cinco se mantienen al margen de los reclamos— el Jardín Botánido de Caracas logra sostenerse gracias a la incansable labor de la nómina gerencial. Destacan Salvador Boher, los quince investigadores científicos de la fundación y el propio Mario Gabaldón y Miguel Castillo, que es el técnico de plantas acuáticas. “Seguiremos trabajando y echándole pichón”, reafirma Gabaldón, que entre otras cosas promueve alianzas estratégicas y se ingenia acciones como el convenio que logró con la fundación del Centro Médico de Caracas para recuperar la colección de palmas y la creación de la revista Ambitus —que busca financiar la publicación de las Actas Botánicas del jardín, etc.

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También han recibido el valioso aporte de los estudiantes: “desde junio del año pasado, los muchachos realizan aquí su trabajo comunitario. Vienen, en su mayoría, de las facultades de arquitectura y de FASES —Ciencias Económicas y Sociales—y también alumnos de la Universidad Bolivariana. Este invaluable apoyo nos ha permitido el rescate de algunas zonas”.

La vida acuática

Por su parte, la perspectiva del técnico de plantas acuáticas del jardín, el Sr. Miguel Castillo, habla desde las aguas del parque; todas engalanadas de jardines con flores de exóticas especies nacionales y extranjeras. Para él, el período de mayor deterioro de las lagunas y sus ecosistemas se sitúa entre los años 1994 y 2008.

Miguel trabajó para el Jardín Botánico desde 1980 y hasta 1994 por medio del Laboratorio de Plantas Acuáticas de la Facultad de Ciencias de la UCV, que estaba dirigido por el Dr. Justiniano Velásquez, a quien considera su tutor. “En ese tiempo contábamos con un vivero de plantas acuáticas vasculares en el que teníamos aproximadamente 84 especies de Venezuela y del mundo. Paralelamente, recuperábamos los ambientes acuáticos del Parque del Este y del Parque Zoológico Caricuao, y realizábamos expediciones en territorio nacional y en el Golfo de México gracias a la colaboración de la Universidad de Florida, USA y empresas privadas estadounidenses. Todo esto nos permitió tener una extensa variedad de especies e híbridos”.

A partir de 1994 comenzaron a deteriorarse y extinguirse especies acuáticas por mala manutención y es en 2008, cuando el Dr. Aníbal Castillo, presidente entonces de la fundación, lo llama para colaborar con el jardín como asesor ad honorem. Desde ese momento la situación de las plantas acuáticas ha vuelto a mejorar. Sin embargo, no han podido recuperar la cantidad de especies que antes tenían.

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En 2011 Castillo vuelve formalmente a la nómina del jardín manteniendo su figura de asesor. “El Dr. Mario Gabaldón me llamó para ofrecerme el cargo de Asesor de los Ambientes Acuáticos. Lo prioritario fue reparar las fisuras y grietas de la Laguna Venezuela. En la actualidad se está recuperando la laguna de la entrada —completamente devastada— y tenemos en proyecto el diseño de un morichal, pero por falta de presupuesto no se ha podido llevar a cabo”. En general, Castillo califica la situación actual de las plantas acuáticas del jardín como buena ya que se han recuperado una gran cantidad de especies con un valor científico importante.

Al rescate

No todo el resto del país es indolente. Existen fundaciones que nacen con el único propósito de luchar por causas justas sin esperar nada a cambio. Es el caso de la fundación ECOVITA cuya mirada se ha posado en la difícil situación del jardín. Silvia Arteaga, presidenta de esta ONG ambiental de apenas tres años, coincide con lo anterior expuesto. “Ellos están poniendo su solicitud y deseos de beneficio por sobre un área verde, un pulmón vegetal tan importante. Tendrían que querer al jardín más allá de las contrataciones colectivas”. Arteaga asegura que toda esta situación es agravada por el paro indefinido en el que se encuentra la UCV actualmente. “Si estos jardineros, en su afán por ser parte de la UCV, se suman al paro de la universidad tampoco trabajarán en el jardín… La junta de el Jardín Botánico está haciendo lo que está en sus manos, me consta. Y nosotros con ECOVITA estamos buscando la manera de hacer actividades que se transformen en donativos para ellos”.

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Actualmente ECOVITA tiene un proyecto llamado Al rescate del Jardín Botánico que incluye distintas acciones que lo beneficiarán. La primera de ellas es una alianza con la Orquesta Sinfónica Venezuela que busca el apoyo de empresas patrocinantes para realizar conciertos en el jardín con el fin de darlo a conocer y de concientizar e informar sobre este paraíso confinado. “Previo a la presentación de la orquesta se dará una charla para informar al público sobre las responsabilidades que tenemos como ciudadanos y los planes de voluntariado”, acota Silvia. También preparan una campaña de conciencia de difusión radial con la emisora Mágica 99.1 FM, un gran concierto a beneficio del jardín con el apoyo de la Alcaldía de Baruta, entre otros. “Todo lo hacemos por amor. Consideramos que es un pulmón vegetal muy importante de nuestra ciudad y es el tercer jardín botánico más importante del mundo con una gran cantidad de especies que no queremos que se pierdan. Además cuando un área verde se pierde también se pierde su fauna”.

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