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La maldición de Liborio está por empezar

Portadaliborio
19/05/2017
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FOTOGRAFÍA: VICTOR MARACARA

Sus palabras fueron inquietantes. Liborio Guarulla, gobernador de Amazonas, levantó ronchas al lanzar un maleficio Baniva —propio de su etnia— delante de las cámaras. Boquiabierta quedó la audiencia ante el embrujo, que no es una pena de muerte, sino un llamado al sufrimiento de sus enemigos. Creyentes advierten que va a funcionar: al chamán le asisten las fuerzas de 24 comunidades indígenas

El pacto se cerró con un trueno. En Maroa —Amazonas— hubo una fuerte tempestad y el río se encrespó como nunca. En Caracas una borrasca selló el conjuro. “Ese es el inicio”, profetiza el gobernador de Amazonas Liborio Guarulla. La naturaleza respondió: la maldición del Dabucurí comenzó a obrar.

Lo que se conoce del rito es la fiesta. La última parte de la ceremonia, la que se hace en tiempos de invierno para atraer la abundancia. La que viste a los indígenas con sus mejores galas para disfrutar de lo que la naturaleza ofrece. Es la parte material, la que nada tiene que ver con lo profundo y cosmogónico. Solo un puñado de hombres participa de la previa: los iniciados, los chamanes y los mayores. Todos de la etnia Baniva: “Es un ritual sagrado. Representa el momento en el que nuestro Dios conversa con el hombre. Es un tiempo de iniciación, en el que el adolescente pasa a ser mayor de edad”, explica Guarulla. La iniciación ocurre cuando los varones rondan los 12 años de edad. Para las mujeres, los niños, los blancos y los criollos el Dabucurí está prohibido. Advierte: “Desconocer este principio los llevará a la muerte”.

Pero la mavita proferida el 9 de mayo por el gobernador no busca matar. Es una condena al sufrimiento. Desde ahora y hasta el último suspiro de quienes lo inhabilitaron para optar a un cargo público durante los próximos 15 años. Liborio combate el sicariato político con el sicariato espiritual y material: “Es una declaración de guerra, lo que se quiere es que paguen por sus crueldades, por su maldad, por sus injusticias. Con enfermedad y pobreza”.

En Amazonas están convencidos de que se cumplirá el hechizo. “Sí, señor. No se ve en el momento pero se cumple”. Habla María Yanave, Baniva y de Maroa como el gobernador. Da fe de las palabras de su líder. “De eso no se puede hablar porque es sagrado. Mi hermano menor era chamán y él nunca, nunca, me llegó a contar. Para las fiestas de chamanes nuestros padres me alejaban. Era prohibido”.

Guarulla tiene estirpe y sortilegio. Su poder proviene de una línea de jefes chamanes y él también fue preparado como un líder espiritual de su tribu. Detenta la potestad para maldecir y las fuerzas de la naturaleza a su favor.

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Reclamo amazonense

“A lo mejor lo hizo porque lo insultan. Le dicen de todo. Los indios llegamos a un límite, uno se cansa”, aventura Yanave sobre las razones del mandatario regional para invocar a espíritus y deidades. Sin embargo, Guarulla dejó claros sus motivos antes de mentar al Dabucurí. Con una corona hecha de plumas y un collar de piedras negras sobre su chaqueta, enumeró: “Inhabilitaron a 10 millones de electores, los que votaron por la actual Asamblea Nacional (AN) y a la que no le han permitido cumplir con sus funciones; han inhabilitado a los electores de Amazonas porque nuestros diputados no han podido asumir su responsabilidad. Han inhabilitado a 24 pueblos indígenas que no tienen representación en este momento en la AN. Han inhabilitado la mitad de nuestro territorio entregándoselo a los mineros y a la guerrilla colombiana. Han inhabilitado a dos indígenas que están presos desde hace un año y medio, y han terminado por tratar de inhabilitar al gobernador por 15 años”.

El reclamo colectivo le asiste y no es poca cosa. Daslym Manuitt, bibliotecóloga estudiosa de ritos y religiones en la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela (UCV), asevera que Liborio es un indígena con virtudes y dotes mágicas, al que le concurre su gente: “Llegó a Gobernador. Mucha gente lo llevó ahí. Eso implica que le tienen fe, lo que hace su maldición más poderosa”.

Cada palabra o invocación de Guarulla iba acompañada de un golpe de muñeca con una maraca. La suya estaba adornada con plumas negras y marrones. “Esa es una maraca ya preparada que se utiliza en los rituales”, dice el hacedor. La alzó con la mano derecha, mientras decía: “Les aseguro que no morirán sin tormento. Les aseguro que antes de morir comenzarán a sufrir y que su alma va a vagar por los sitios más oscuros y pestilentes antes de poder cerrar los ojos”. El sábado hubo en Amazonas una reunión de chamanes para robustecer lo dicho —acaso vaticinio. El miércoles 17 de mayo de 2017 comandarán una caminata. Todos deben llevar una maraca para fortalecer el encantamiento y hacer vibrar las energías.

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Manuitt explica que la maraca emite una onda que limpia, y la compara con la creencia mejicana de la santa muerte, que se invoca con una campana: “Él suena la maraca porque es un símbolo”. Guarulla se valió entonces de dos elementos poderosos: la maraca y su verbo. “Las palabras son peligrosas. Lo que sueltas no lo puedes recoger. Algunas son muy fuertes. Estas lo fueron. Son una condena”, agrega.

Tan fuerte es que no es de uso común. Lo que sí es normal entre los amazonenses es la creencia en el influjo de sus líderes espirituales. “Creemos en esas leyes ancestrales que no se pueden ocultar. Este no es un conjuro para matar, sino para que aquel que quiere hacernos daño tenga también la peor suerte”, dice Adriana González, alcaldesa del municipio Atures.

Iraci Gavini, de la etnia Baré y oriunda de San Carlos de Río Negro, también cree: “De eso no se habla, pero desde hace años se sabe que Liborio tiene ese poder. No es algo que pueda hacer todo el mundo”. Ella, como Guarulla y como Yanave habla del aguacero de ese día.

—¿La lluvia significa que la maldición funcionó?

—Así dicen.

Liborio