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Mi vida con el CLAP: Ven a buscar tu bolsa y firma contra Trump

Portada diario clap 8
09/03/2019
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TEXTO: YANETH PARRA | ILUSTRACIÓN: DANIEL HERNÁNDEZ

Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahona; y para alcanzar el número de firmas necesarias contra el presidente estadounidense Donald Trump, no basta con quienes se acerquen a una plaza voluntariamente. Ofrecer firmar la lista durante la entrega de los CLAP ha sido la nueva estrategia que el gobierno de Nicolás Maduro encontró para aplicar el nuevo “yankee go home”. Clímax presenta una serie dedicada a la cotidianidad impuesta a través de la entrega de comida de los CLAP

Mi mamá llegó indignada a la casa. De todas las razones que día a día le da este país para frustrarse, la gente del CLAP agregó otro motivo a la lista. Como si no fuera suficiente.

La vocera la llamó para avisarle que debía ir a buscar la bolsa y, por la hora, le tocó ir sola. Bajó con una vecina. Al llegar, todos hablaban de lo mismo: la dichosa lista por la paz, contra la ayuda humanitaria, contra Donald Trump. Eso sí, todos se quejaban pero en voz baja, murmurando.

Ellas hicieron su cola, firmaron la lista usual de “entregado” y les dieron sus bolsas. Justo al lado estaba la hoja para firmar contra la intervención de Estados Unidos y mi mamá, la fanática número uno de los gringos, se hizo la loca. Con las mismas con las que llegó, se fue. Y como ella, seguro hubo muchos. Nadie le dijo nada y ella ni preguntó.

No parecía ser obligatorio y tampoco nadie la amenazó con quitarle la bolsa si no firmaba. “De todas formas no lo iba a hacer, que me la quiten si quieren”, soltó en la casa. El simple hecho de tener unas hojas para firmar contra “esa estupidez”, fue suficiente para sacarla de sus casillas.

Con otros la cosa fue peor. La mamá de una amiga ya tenía la caja CLAP en sus manos cuando le hicieron la insinuación para que firmara. Creo que después de su respuesta, hasta se arrepintieron de haberlo hecho.

—Vecina, tome pa’ que firme por la paz.
—¿Cuál paz?
—La paz de la guerra económica.
—¿Cuál guerra económica, señora? Aquí no hay ninguna guerra económica. Esto que estamos recibiendo se recibía en Venezuela. Pongan el aparato productivo a producir y no se estén embolsando las comisiones que recibe el Gobierno por traer el benditas cajas.

Y con las mismas se fue… Y sin firmar.

Un familiar que es vocero me cuenta que en su zona los reunieron un día para explicarles de qué iban esas listas. Les leyeron el comunicado de Nicolás Maduro y les pidieron que avisaran a los vecinos de sus edificios sobre las hojas para firmar. “No es obligatorio”, prometieron.

El día de las entregas, la carpeta con las listas estaba en una mesa aparte de todo. Como para ver claramente quién se acercaba a ella y quién no. Pocos lo hicieron. “Yo le dije a los de mi edificio que no firmaran eso”. Al final del día, de una base de datos de casi 500 personas, solo habían puesto sus firmas menos de 70.

¿Qué harán con esos cientos de espacios en blanco? ¿Qué le harán a la gente que decidió no firmar? No se sabe. Pero seguramente, conociendo a los personajes, nada bueno saldrá de eso.