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El juego nunca termina: la nueva vida de Greivis Vásquez

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09/08/2019
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FOTOS: CORTESÍA PRENSA GREIVIS VÁSQUEZ

Grevis Vásquez añora el baloncesto que se jugaba antes en Venezuela. También al estado Zulia. Brilló en la cancha y ahora su carrera apunta a un nuevo rol en la NBA, uno que llega normalmente a avanzada edad pero que en su caso significa una oportunidad para alguien a quien su tobillo derecho lo apartó del tabloncillo

“Dame un minutico que se me perdieron las llaves del carro y no las encuentro. ¿Me das un minutico?”.

Así empezó la entrevista a Greivis Vásquez. El tercer venezolano en llegar a la NBA está ocupado en su mayor responsabilidad. Y no es, precisamente, con el balón: desde Miami atendió el teléfono en medio del trámite de llevar a su hijo a un campamento de fútbol.

“Nunca jugué fútbol de chamo. Creo que es el deporte que menos me gustaba”.

Aunque el caraqueño siente el baloncesto en su sangre desde que tiene uso de razón, no reprocha a su primogénito haberse decantado por otro deporte; todo lo contrario, esta versión es la de un hombre que ahora ve el juego desde la grada para apoyar al niño de 8 años sin la necesidad de eclipsarlo por su figura.

“Me he enamorado del equipo. No solo tienen un equipazo, también hay buen ambiente entre los padres. Ha sido algo bueno para él”.

El que una vez fuera peregrino en la NBA, vistiendo hasta seis uniformes en siete campañas, hizo de Florida su base de operaciones, estableciéndose primero en Orlando y desde hace dos años en Miami, donde hace vida con sus tres hijos. “Aquí en verano hace un calor y una humedad horrible. Apenas sales dos minutos de tu casa y te suda todo”, contó.

“Es un vaporón como el del Zulia, pero con la diferencia de que el Zulia es mucho mejor. Los fanáticos son mucho más fieles”, recordó quien defendiera los colores de Grizzlies de Memphis, Hornets de Nueva Orleans (hoy Pelicans), Kings de Sacramento, Raptors de Toronto, Bucks de Milwaukee y Brooklyn Nets.

Lejos de casa
Greivis Vásquez lidió desde temprana edad con situaciones que se atravesaron en su camino para poder llegar a la meta de cualquier joven aspirante del baloncesto: la NBA.

Su talento era evidente, lo que presagiaba lo mejor en su desarrollo. En plena adolescencia le tocó el primer reto: despegarse de su familia para unirse a los Terrapins de la Universidad de Maryland. Una vez instalado en la capital de Estados Unidos, el desafío del idioma pasó a ser prioridad. Entre nuevas personas y obligaciones académicas, el baloncesto fue el escenario donde el base no necesitaba hablar para que lo entendieran; su importancia en el equipo era innegable. Hoy, su nombre es recordado con cariño en la casa de estudios.

Ese recorrido en territorio norteamericano es diametralmente opuesto al de Venezuela, pues no ha disputado encuentros como profesional en su país, al menos no con las franquicias, pero sí ha sido clave con la selección. Pese a esa particularidad, no está eximido de contar con enormes referencias de lo que ha sido la Liga Profesional de Baloncesto (LPB).

“Para mí la liga era mucho mejor de lo que es ahorita”, lamentó, mientras recordaba a jugadores y conjuntos ganadores en el pasado que hoy apenas son imperceptibles para Guaros de Lara, cuadro más fuerte en los últimos calendarios en el país.

Hizo un repaso por las glorias del baloncesto venezolano de la última generación, sobre todo aquellos que fueron parte de Gaiteros del Zulia, en el presente curándose las heridas de sus problemas económicos, pero que alguna vez conformaron un conjunto aguerrido muy difícil de vencer en el Pedro Elías Belisario Aponte, donde, a su juicio, están los fanáticos más fieles de la LPB.

“Cuando crecí en Venezuela, recuerdo que se hablaba de que jugar la serie de tres partidos en el Belisario eran tres (derrotas) que te metían por el pecho (…) Para mí esa era una fanaticada a la que sabías que no ibas a poder ganarle”.

La última vez que Gaiteros se coronó en la LPB fue en el 2000 y para ese entonces Vásquez tenía 13 años. Sin embargo, lo recuerda como si fuera ayer. Del otro lado del teléfono su voz cambia y vuelve a asomar detalles de aquel muchacho que veía a sus ídolos mientras soñaba con ser él quien alzaba el título. Pero él es un fanático universal: el equipo de sus amores es Cocodrilos de Caracas, uno de los cuadros más laureados del país.

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Hablar de baloncesto con él implica entender que asume la disciplina desde tres vías: Greivis Vásquez como fanático, Greivis Vásquez como jugador profesional y Greivis Vásquez como periodista. En todas, su conocimiento en la materia es innegable.

El desfile de nombres que ha brillado en la LPB no es poca cosa: venezolanos como Víctor David Díaz, Richard Lugo, Rostyn González, David Cubillán, Gregory y José Vargas, entre otros, han compartido con importados de larga data en el país, muchos de ellos incluso nacionalizados y que terminaron defendiendo la bandera venezolana; sin embargo, entre tantos exponentes, el nombre del armador no figura.

Vásquez hizo el viaje a la inversa: a los 17 años partió hacia Estados Unidos con una beca que le permitió pulir sus habilidades sobre el tabloncillo mientras terminaba el bachillerato y se encaminaba a estudiar comunicación social en la Universidad de Maryland, donde hoy es conocido como uno de sus más queridos jugadores.

Nuevos retos
Alguna vez Venezuela contó con un campeonato de alta talla que permitió a muchos norteamericanos desarrollar sus aptitudes antes de probarse en la NBA. Actualmente, muchos de ellos siguen vinculados a la disciplina a pesar de estar ahora en las oficinas de los equipos. Esa labor que parece natural para el atleta, quien no suele eliminar ese imán que lo ata al deporte que defiende, es la que ahora caracteriza al criollo, cuyas responsabilidades siguen vinculadas a la NBA pero en rol de dirigente tomando forma. Y esto en parte es consecuencia de pasar hasta cuatro veces por el quirófano para reparar su tobillo derecho, algo que lo alejó, aunque sin retiro oficial, del juego.

En la recientemente terminada Summer League de Las Vegas, donde los equipos estudian los primeros pasos de sus novatos, el venezolano asumió la tarea de conformar el staff de entrenadores y asistentes de los Pelicans.

Esto podría abrirle las puertas a una nueva etapa en su vida, donde la gira por cada escenario no la haría en condición de jugador sino de dirigente. Allí espera regresar al American Airlines Center, casa de los Mavericks de Dallas, su lugar favorito para comer después de una visita a la arena.

“Dame un segundo… te vengo a buscar más tarde. I love you. No vayas a dejar nada y almuerza, por favor. ¿Te llevaste todo, hijo?”.

La pausa llegó justo cuando empezaba a recordar viejas historias y lugares durante su periplo como jugador, ahora viendo las cosas desde el banquillo. Se escucha el nombre de Russell Westbrook, a quien consideró su más duro rival; o el de Kobe Bryant, su ídolo.

“Una vez en Nueva Orleans me eligieron para hablar frente a los medios antes del juego. El partido era contra los Lakers y de su parte estaban Pau Gasol y Kobe Bryant. Kobe habló conmigo en español, toda la conversación en español. Fue inolvidable. Yo crecí viéndolo jugar y tenerlo de frente y que se dirigiera a mí por mi nombre y en español fue increíble”.

Parte del éxito
Al finalizar la temporada 2018-2019 de la NBA, los Raptors de Toronto alzaron su primer trofeo. Un día después de tal éxito, el venezolano tuiteó para felicitar a la organización canadiense, especialmente a sus fanáticos, “los mejores del mundo”.

Fue en 2015 cuando Vásquez formó parte de ese equipo, del cual todavía se siente parte: “Esa fue una familia que se construyó siete años atrás. Fue con mi cambio, el de Patrick Patterson, John Salmons y Chuck Hayes”, aseguró mientras hizo referencia a la transacción que lo sacó junto a los mencionados jugadores desde Sacramento en la 2013-2014.

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Pero Vásquez ahora se enfoca en lo que puedan lograr los Pelicans, a quienes vaticina un futuro brillante: “Este es un equipo que promete. Mucha gente no lo ve en playoffs, pero yo sí. Si engranan las piezas, que creo que sí porque el entrenador (Alvin Gentry) me gusta mucho. Pienso que pueden sorprender a pesar de que la Conferencia del Oeste está muy apretada”.

El que hace bien las cosas deja puertas abiertas. Así sucedió con el venezolano, quien podría ser noticia si anuncia su retiro. Pero la verdad a veces es difícil de asumir. Él quiere estar en la cancha, lo ha intentado. Su cuerpo tiene la última palabra, sobre todo su tobillo. Aun así, las oportunidades siguen ahí frente a él, como la de la Summer League, la cual podría extenderse a lo largo de la temporada 2019-2020. Sus nuevos aciertos, por qué no, podrían darse en condición de dirigente más que como jugador. Y en esto ya anotó unos cuantos puntos.