Por primera vez en los 25 años de historia de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF), más de la mitad de los países del mundo, exactamente 52,2% de los 180 analizados, se encuentran en una situación “difícil” o “muy grave” para el ejercicio del periodismo. La puntuación media global nunca había sido tan baja, precisa la entidad internacional cuya sede principal está en París.
El indicador legal, uno de los cinco que evalúa el entorno para los periodistas (político, legal, económico, sociocultural y de seguridad), es el que más se ha deteriorado este año, con retrocesos en 110 países, en comparación con el año anterior. Estos datos, publicados a propósito de la celebración del día mundial de la libertad de prensa, marcan un punto de inflexión alarmante: el derecho del periodismo a informar atraviesa su peor momento desde que RSF inició su ranking en 2002.
En 2002, solo 13,7% de los países estaba clasificado en las categorías más críticas (“difícil” o “muy grave”). En ese entonces, 20 % de la población mundial vivía en naciones donde la situación se consideraba “buena”. Hoy, menos de 1 % de la población global disfruta de ese nivel. El mapa de RSF se ha teñido de rojo de forma progresiva durante un cuarto de siglo. Se está ante un declive estructural y se acelera y acelerado.
Anne Bocandé, directora editorial de RSF, lo resume con crudeza con esta imagen: el mundo asiste impasible a la asfixia del periodismo. Esa asfixia no una metáfora, ya que se manifiesta en asesinatos, encarcelamientos, leyes que criminalizan la información, discursos políticos hostiles, economías mediáticas en ruinas y el uso instrumental de la justicia (lawfare) contra reporteros.
Aunque el deterioro que registra Reporteros Sin Fronteras no es uniforme en el mundo, sí afecta a todas las regiones. Europa del Este y Asia Central, junto con Oriente Medio y el Norte de África (MENA), siguen siendo las zonas más peligrosas para los periodistas, un patrón que se repite desde hace 25 años. Sin embargo, el retroceso más significativo y preocupante se registra en las Américas: los 28 países de la región han perdido 14 puntos en promedio desde 2022, un desplome comparable al de las áreas históricamente más críticas.
En Asia-Pacífico, África subsahariana y MENA, las tendencias autoritarias y los conflictos armados agravan la crisis.
En las Américas, el crimen organizado y los actores políticos se han convertido en los principales verdugos de la prensa. Ecuador cayó 31 puestos hasta el 125, Perú descendió 14 posiciones al 144, Argentina bajó 11 lugares al 98, El Salvador perdió 8 posiciones para ubicarse en el puesto 105 de un total de 180. Los tres países del continente peor valorados son Venezuela (159), Cuba (160) y Nicaragua (168).
RSF destaca que las tácticas evolucionan: ya no solo se mata o encarcela; se asfixia económicamente, se persigue judicialmente y se difunde propaganda estatal. En 2026, 121 profesionales de los medios están presos en China, siendo el gigante asiático la mayor cárcel para periodistas del mundo.
Como lo han sostenido diversos documentos de entidades, entre ellas la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Las consecuencias van más allá del gremio periodístico, no se trata de una bandera gremialista. En verdad, la libertad de prensa es pilar de la democracia y del derecho a la información de la sociedad, así que retrocesos de este tipo en el fondo dejan a la ciudadanía en tan diversos países sin ventanas informativas que sean contrapeso a la narrativa oficial.