Adle Hernández: "Hay sectores donde las bandas criminales sustituyen al Estado"

La psicóloga Adle Hernández, de la Universidad Católica Andrés Bello, señala que los sucesos de la Cota 905 evidencian un problema de larga data en las zonas vulnerables de la capital: el control que ejercen las bandas armadas sobre la población y pide a la sociedad no hacer una lectura simplista de la relación entre la comunidad y los delincuentes. "No es blanco y negro", asegura

Adle Hernández: "Hay sectores donde las bandas criminales sustituyen al Estado"

En la segunda semana de julio se desarrolló un cuadro de guerra en el suroeste de Caracas. Desde el miércoles 7 hasta el viernes 9, las detonaciones, explosiones y ráfagas aterraron a los vecinos de las parroquias La Vega, El Paraíso, El Valle, San Juan y Santa Rosalía. El epicentro fue la Cota 905. Adle Hernández, psicóloga y directora general de Extensión Social de la Universidad Católica Andrés Bello, compartió su preocupación sobre la integridad física y psicológica de las comunidades afectadas, a la luz del conocimiento que tiene sobre la dinámica de estos sectores populares, donde la universidad trabaja, brindando apoyo.

Adler Hernández

Adler Hernández, psicóloga de la UCAB que trabaja con las comunidades vecinas, incluida la Cota 905. Foto Cortesía UCAB

Los organismos de seguridad del Estado desplegaron un megaoperativo, que se prolongó por horas, hasta poder controlar el epicentro del conflicto: la Cota 905. El balance oficial, ofrecido por la ministra para Interiores de Nicolás Maduro, Carmen Meléndez, fue de 28 heridos y 26 fallecidos (cuatro funcionarios y 22 delincuentes).

La parroquia Antímano, algunas zonas de Caricuao y La Vega conforman el radio de acción principal de la labor de acompañamiento social de la UCAB. Precisamente La Vega se ha visto gravemente afectada por las incursiones que la banda del «Koki», protagonista de los últimos enfrentamientos, ha realizado desde comienzos del 2021.

Dibujo: Daniel Hernández

“En enero de este año ocurrió un enfrentamiento similar en La Vega, conocido como la ‘Masacre de La Vega’, con cantidad importante de muertos. Posteriormente ha habido otros decesos por las balas perdidas: menores de edad, peatones y vecinos. Son circunstancias que están presentes y generan una sensación de desamparo brutal”, recordó la directora sobre el operativo que organismos de seguridad del Estado realizaron la segunda semana de enero, que dejó 23 muertos, según los datos recogidos por la organización no gubernamental Provea.

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La especialista confirma que una de las principales consecuencias de la escalada de violencia ha sido la movilización forzada de personas que temían por sus vidas al quedar atrapadas en medio del intercambio de disparos.

“¿Qué más pueden hacer? Ahora, ¿para dónde se van? Los desplazamientos por la violencia tienden a ser impulsivos y, por ende, riesgosos. Lo que vimos el viernes es un escenario desolador”, comentó sobre las imágenes de mujeres, jóvenes y niños que llevaban sus pertenencias a cuestas huyendo del conflicto. “Una señora se acercó para decirme que si es por ella arranca su casa y se la lleva a otro sitio donde pueda vivir en paz”, apuntó sobre el testimonio de una vecina de La Vega.

Conflicto de vieja data, ausencia del Estado

Los últimos sucesos que acapararon las noticias de los medios nacionales e internacionales no son nuevos para los vecinos de estas comunidades, apunta Adle Hernández. La Extensión Social UCAB registrado eventos similares desde 2014.

“Es importante precisar que el conflicto lleva tiempo gestándose. Hubo un detonante que desencadenó todo lo que se vivió desde el miércoles hasta el viernes. Pero, de nuevo, es la consecuencia de una situación que se viene prolongando en el tiempo”.

Ante eso, desde la Extensión Social han observado que el deseo de la mayoría de los habitantes de las áreas afectadas, quienes no están vinculados con las bandas, es precisamente vivir en paz.

Cota 905

Dibujo: Daniel Hernández

“Las personas que habitan en estos sectores van al trabajo, al colegio, a las universidades, como todos nosotros. ¿Qué quiere la comunidad? Calidad de vida: agua, salir y encontrar un transporte adecuado, criar a sus hijos en un ambiente seguro, vivir sin zozobra”, apunta Adle Hernández.

No a la lectura simplista

La directora rechazó la matriz de opinión que se ha esparcido sobre el supuesto apoyo de las comunidades hacia los líderes de las bandas.

Advirtió que, en los sectores de más alta vulnerabilidad, la presencia del Estado es casi inexistente. Las bandas criminales se apoderan de ese vacío para subsanar medianamente la falta de servicios básicos y lograr el apoyo de los vecinos.

“Debemos ser prudentes al momento de emitir juicios de valor sobre el papel de las comunidades que habitan en las zonas de conflictos. No se puede hacer una lectura simplista. Es muy fácil decir que la comunidad apoya a las bandas, pero no es tan blanco y negro. Requiere de un análisis más profundo y amplio porque en el fondo hay muchas condiciones que se deben tomar en cuenta antes de precipitarnos a sacar conclusiones”.

Tejido social en fragmentos

Adle Hernández sostiene que es imprescindible estrechar los vínculos comunitarios en los sectores que se han visto afectados por la violencia armada. Estos nexos son fundamentales para organizar a todos los actores que cohabitan estos espacios.

“La comunidad está integrada por una serie de actores: personas y organizaciones (formales o informales), que trabajan en pro de la comunidad. Ellos forman una red de apoyo fuerte para generar el tejido que soporta las adversidades y ataja las oportunidades”, expresa.

Con el fin de alcanzar estos objetivos, destacó que la UCAB organiza talleres de formación para el acompañamiento y el apoyo de los espacios de trabajo dentro de la comunidad.

“En condiciones de mucha violencia el tejido social se fragmenta. Frente a ese escenario, buscamos mantener las acciones en las que nosotros creemos y nos han dado resultado. Quizás nos toque idear otras formas para ejecutar nuestros programas de manera segura, pero reafirmamos nuestro compromiso. No abandonaremos los espacios. Y continuaremos en contacto constante con los representantes de las comunidades”.

La fuerza que sale de la crisis

Hernández agregó que el descalabro de la violencia, aunado a la pandemia, ha creado escenarios desalentadores. Sin embargo, las comunidades han activado la resiliencia y los mecanismos de autoprotección.

“Bajo estas condiciones es importante seguir apostando por la suma de talentos, haberes y capacidades, que aumentan las probabilidades de encontrar los recursos que den respuesta a la adversidad. Aunque suene cliché, las crisis realmente son oportunidades para que la comunidad se fortalezca y genere espacios de vida”.

Hizo énfasis en el enfoque de aproximación que mantiene la Dirección de Extensión Social con respecto a las comunidades: “Puede haber soluciones externas, pero lo que de verdad fortalece a la comunidad es la autogestión para hacer frente a las crisis. Hablamos de la típica parábola: te doy un pez o te enseño a pescar. Nosotros enseñamos a pescar”.

No obstante, Adle Hernández aclaró que el peso de estos conflictos no debe recaer exclusivamente sobre la comunidad.

“No podemos perder de vista los alcances. La idea es que entre todos (universidad, comunidad, Estado y otros actores) se logre una mejor calidad de vida, siempre dentro del marco de los derechos humanos”.