Master Chef Celebrity: algo más que fogones

Digámoslo de entrada: la final del Master Chef Celebrity, transmitida el miércoles pasado por el canal internacional de Televisión Española, ha sido la más divertida y con mayor sentido del espectáculo de las cuatro que hasta ahora ha celebrado este talent show culinario. Por Aquilino José Mata

Digámoslo de entrada: la final del Master Chef Celebrity, transmitida el miércoles pasado por el canal internacional de Televisión Española, ha sido la más divertida y con mayor sentido del espectáculo de las cuatro que hasta ahora ha celebrado este talent show culinario.

La ganadora, Tamara Falcó, se llevó el premio mayor. Y hay que decir que resultó una decisión indiscutible, pues en verdad fue la que durante el transcurso de las 11 semanas que duró la competencia demostró la mayor evolución en el arte de los fogones, apelando a su impecable buen hacer a la hora de asumir todos y cada uno de los retos que enfrentó. Sus tropiezos -que los tuvo- fueron pocos, bastante menos que sus logros.

No en balde Jordi Cruz, chef titular del restaurante ABC de Barcelona, que cuenta con cinco estrellas Michelin, y quizás el más severo de los tres jueces que forman parte de la versión española de Master Chef (los otros son sus colegas Samantha Vallejo Nájera y Pepe Rodríguez) no escatimó en elogios hacia Tamara a la hora de ponderar sus preparaciones de cara a la final:

“Cuando supe que venías aquí pensé: ya verás la niña pija (así le dicen en España a una persona de clase social elevada) que no va a dar un palo al agua… Se llaman prejuicios. Y en ti he visto a alguien transparente, eres una de las personas más nobles que he conocido”.

Mayor respaldo imposible a quien ya despunta, no solamente como una hábil cocinera, sino también como una figura mediática con todas las cualidades para desarrollar una prometedora carrera televisiva; léase: simpatía, belleza y espontáneo brillo personal.

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Todos celebraron el triunfo de Tamara

Y claro que la niña es “pija” por donde se le mire, lo cual no la invalida para destacar mediáticamente con luz propia, sin poses ni remilgos.

Es hija nada menos que de Isabel Preysler, la socialité más famosa de aquellos predios, producto de su matrimonio con el aristócrata Carlos Falcó, marqués de Griñón, uno de los grandes empresarios del vino, en cuyas bodegas la muchacha ha venido colaborando entusiastamente con él. Y por si esto fuese poco, vale mencionar también su cercana y afectuosa relación con la actual pareja de su madre, el escritor Mario Vargas Llosa, quien la trata como una hija.

El último tramo del programa estaba revestido de glamour. Nada menos que la bien llamada reina de corazones y un Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, visitaron el plató para acompañar en la prueba final a la aspirante, quien se coronó ante el aplauso, y el apoyo entusiasta, de todos sus compañeros y compañeras.

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Isabel Presley y Mario Vargas Llosa engalanaron el plató

Cocinando el rating

Tamara se enfrentaba a Félix Gómez, el mismo que estelariza la excelente y bien documentada serie La República, que transcurre en los años previos a la guerra civil que generó el golpe de estado de Franco, y que TVE transmite los domingos en la noche.

En los primeros episodios de la competencia culinaria el desempeño del joven actor resultó poco más que discreto, pero progresivamente fue levantando vuelo hasta latirle en la cueva a la ganadora.

Tuvo tanto sentido del espectáculo esta cuarta edición del Master Chef Celebrity, que sus productores, abstrayéndose de que en teoría se trata de un talent show de habilidades en los fogones, decidieron incorporar algunos “extras”, con el evidente propósito de activar el morbo de su ya de por sí apreciable audiencia para engrosarla aún más.

De esta manera, vimos cómo concursantes que dejaron marcada su impronta en ediciones anteriores, como el venezolano Boris Izaguirre y la comediante Anabel Alonso fueron “repescados” para subsanar algunos errores de casting de esta cuarta edición, con seleccionados que no aportaron mucho, ni en términos culinarios ni en magnetismo y encanto personal, como sí lo tuvo el dueto andaluz Los Chunguitos, expertos en representar en diferentes realitys la cara torpe de los competidores, con gags y risueñas situaciones fríamente calculadas.

Hasta un “pase de corriente” se inventaron entre Boris Izaguirre y el finalista Félix Gómez, quien pese a los constantes lances del venezolano y los “piquitos” que ambos se daban, no se vio muy creíble que digamos, por cuanto el actor, “heterosexual químicamente puro”, como lo calificaría una risueña telespectadora, no hizo nada por demostrar lo contrario.

Lo que sí lució al comienzo como otro anzuelo pesca rating, la atracción de Tamara por el chef Jordi Cruz, y viceversa, visto el programa final parece que se tornó en realidad. O por lo menos así lo destacó la deslenguada prensa del corazón al término de la cuarta temporada.

Esta estrategia funcionó. La final del concurso, según TVE, fue su programa más visto del miércoles, al lograr superar, en el llamado “minuto de oro”, los 5 millones y medio de espectadores, nada más que en España, mientras que la media de audiencia de esta cuarta edición fue de 2,4 millones (21,7 %) y asciende a más de 2,8 millones (27,2%) al sumar el diferido.

Hay Boris para rato

Si alguien lograba robarse el show cada vez que podía era Boris Izaguirre, quizás el venezolano más popular en la madre patria, junto al cantante Carlos Baute. Es que el showman, escritor y humorista estaba como pez en el agua.

Sus bromas inteligentes, sus comentarios y actitudes revestidos de acidez, así como sus ocurrencias, que nunca paraban, estaban hechas a la medida del “sentido del espectáculo” que comenzó a marcar a Master Chef Celebrity en su cuarta temporada. Tan bien le fue, que llegó a la final, ubicándose en el cuarto lugar, precedido por la diseñadora Vicky Martín Berrocal.

 

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Boris Izaguirre despuntó como el showman que es

Ahora Boris, quien por su rango de hombre rating es ficha de lujo de TVE, se prepara para conducir la segunda temporada de Prodigios, el talent show musical que busca, entre jóvenes de 10 y 16 años, el mayor exponente español en las disciplinas de canto lírico, danza clásica e instrumentos de orquesta, tarea a cargo de un jurado de excepción compuesto el coreógrafo y ex bailarín Nacho Duato, la cantante lírica Ainhoa Arteta y el director de orquesta Andrés Salado.

Seguramente esta vez, tal y como lo hizo en su debut al frente de este espacio, volverá a dejar sentada su versatilidad, al transitar, con propiedad y buen hacer, desde sus desbordadas travesuras de Master Chef Celebrity, hasta el aplomo, no carente de gracia y desparpajo, que pone de manifiesto en Prodigios.