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Río 2016: medallas de la diáspora deportiva

Las principales esperanzas de Venezuela en los Juegos Olímpicos Río 2016 se han desarrollado como deportistas lejos del país, incluido un jinete de ecuestre que probablemente se convertirá en el atleta criollo más polémico en la historia de este tipo de eventos

Jamás un país que alojará unos Juegos Olímpicos ha atravesado, ese mismo año, por una crisis política tan profunda: ni siquiera Corea del Sur, que dio el salto a una democracia plena meses antes de la edición de Seúl 1988, ni México, en donde se reprimieron protestas estudiantiles de manera violenta en 1968. Faltan menos de tres meses para que el viernes 5 de agosto se encienda el pebetero en el estadio Maracaná y da la impresión de que el Brasil de la expresidenta Dilma Rousseff está de poco ánimo para Río 2016.

Brasil lleva su cruz. Venezuela, para esa fecha, podría estar también pasando por momentos decisivos en medio de la crisis económica más profunda de su etapa democrática, incluido un posible proceso revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro. El deporte suele ser utilizado como herramienta de propaganda por los gobiernos autoritarios, y la naturaleza del que hoy tiene Venezuela lo es. Más que nunca será preciso recordar que ni el número de atletas clasificados a los Juegos ni de medallas que se obtengan tiene relación con el bienestar de una nación: Cuba es el país latinoamericano con más títulos olímpicos de la historia —72, en franco declive a partir de Atenas 2004—, por encima de países mucho más extensos como Brasil (23), Argentina (18) o México (13), y sin embargo, ha reabierto relaciones con Estados Unidos ante la realidad del atraso tras casi sesenta años de experimento socialista.

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También será preciso recordar que se debe separar la opinión de los atletas, como ciudadanos con derecho a tener posiciones políticas, de sus méritos estrictamente deportivos. Una frontera con frecuencia difícil de delimitar en medio del calor del debate sobre lo que ocurre en Venezuela desde 1998.

Moda, socialismo y equitación

Hasta el pasado 15 de mayo, la delegación tricolor había asegurado la participación de 71 atletas en 17 deportes en Río 2016, incluidos la selección de 12 jugadores del baloncesto masculino —quizás la más grata sorpresa del proceso clasificatorio, con el título panamericano de México en septiembre de 2015—; tres cupos para levantadoras de pesas todavía no elegidas; otros tantos para el ciclismo de ruta; el golfista profesional Jhonattan Vegas —la disciplina de los 18 hoyos vuelve a los Juegos después de 112 años— y la campeona mundial de bicicrós Stefany Hernández. Estos dos últimos todavía no confirmados de manera oficial, aunque prácticamente asegurados por su jerarquía en los escalafones internacionales.

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Una cifra más o menos en línea con la participación durante los gobiernos de Hugo Chávez: 50 atletas en Sidney 2000, 48 en Atenas 2004, el récord de 110 en Beijing 2008, que propició el eslogan de “generación dorada” —aunque abultado por la clasificación de tres deportes de conjunto: el softbol femenino y dos equipos de voleibol— y 68 en Londres 2012.

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Desde que el ciclista de pista Julio César León aprovechó la cola que le dio un avión británico de guerra e intervino por iniciativa propia como portador solitario del pabellón tricolor en el desfile inaugural de naciones en Londres 1948, Venezuela suma 12 medallas en 17 incursiones olímpicas: dos de oro —el boxeador sucrense Francisco “Morochito” Rodríguez en 1968 y el esgrimista guayanés Rubén Limardo en 2012—, dos de plata y ocho de bronce, lo que la coloca en el puesto 82 del mundo, es decir, en el lote intermedio. En el chavismo o antes de él, las medallas han llegado por esfuerzos heroicos individuales, más que por verdaderas políticas deportivas integrales: a pesar del Estado, más que gracias a él.

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Las esperanzas más firmes de medalla para Venezuela en Río 2016 se limitan a tres atletas, y todos han tenido que salir obligatoriamente del país para desarrollarse como exponentes del más alto nivel de sus deportes: el campeón olímpico del torneo de espada individual en Londres, Limardo, que a pesar de que fue elegido como diputado suplente del jefe de bancada oficialista Héctor Rodríguez en la lista del PSUV por el estado Bolívar en las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015, está radicado en Polonia desde hace más de una década. La también guayanesa Stefany Hernández, que será una de las principales adversarias de Mariana Pajón —una de las dos medallistas doradas de la historia de Colombia— en el bicicrós femenino, y que ha pasado los últimos seis de sus 25 años en países como Francia, España y Suiza: “Tengo casi dos años sin ver a mi familia en Puerto Ordaz”, confesó al diario El Nacional el pasado octubre. Y finalmente, la caraqueña de origen anzoatiguense Yulimar Rojas, de solo 20 años y única campeona venezolana de cualquier sexo en un mundial de atletismo bajo techo —modalidad cuyos registros no son tomados en cuenta de manera oficial por la Federación Internacional de Atletismo—, el pasado marzo en Portland, y que se especializó en el salto triple y ahora compite en el lucrativo circuito profesional internacional después de que su talento de diamante bruto se puso bajo las órdenes del entrenador Iván Pedroso, un monarca olímpico cubano en Sidney 2000 que ya no vive en La Habana, sino en Europa. Un triplista fue el primer medallista venezolano: el zuliano Asnoldo Devonish, en Helsinki 1952.

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La adolescente Robeilys Peinado, originaria de la urbanización caraqueña de La Vega, campeona mundial sub-17 de salto de pértiga en 2013 y simpatizante abierta del chavismo —también entrena en Europa—, es evaluada por algunos especialistas como una posible sucesora a largo plazo de la “recordwoman” universal, la guapa rusa Yelena Isinbayeva, aunque por los momentos, luego de hacer la siempre complicada transición a la categoría adulta, sus marcas no la ubican todavía entre la elite global. Con 18 años, será la atleta más joven de la delegación criolla en Río 2016. El más veterano, con 52 años, un jinete de ecuestre: Pablo Barrios, elegido como sustituto de Andrés “Chepito” Rodríguez, medallista de plata panamericano en Toronto 2015 y extraño caso de deportista trágicamente fallecido después de asegurar su clasificación olímpica —en un accidente de tránsito el pasado enero en Wellington, Florida, donde estaba radicado.

También vecino de Wellington y representante del ecuestre, con apenas 19 años, el que ya puede ser considerado quizás el deportista olímpico más polémico de la historia de Venezuela: Emanuel Andrade, hijo de un ex militar y secretario privado de Hugo Chávez salpicado por el escándalo del banco suizo HSBC, Alejandro Andrade, y amigo personal de celebridades como Osmel Sousa. Basta colocar el nombre del joven en Google para toparse con galerías de fotos de una vida de ostentación y titulares como los siguientes: “Los lujos del hijo del polifacético ex secretario de Chávez”; “¿De dónde sacaron los cobres?”; “Revolución, moda, socialismo y equitación”; “Rumbeando nuestros reales”; “El boliburgués más grande del chavismo”; “Hijo del ex escolta de Hugo Chávez se retrata con Kris y Kendall”. Una frase tomada al azar del blog Mesa Redonda Contracomunista: “El hijo gay de Alejandro Andrade es conocido como la ‘nena venezolana de los caballos’ en Wellington, se destaca por el deporte ecuestre, por sus lujos y por sus excentricidades”.

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Depresión en la piscina

Los deportes en los que se pelea o se dispara le han dado a Venezuela 75% de sus medallas olímpicas, lo que puede prestarse a algún chiste de humor negro, y por la naturaleza de las disciplinas de combate —torneos muy breves, que se prestan a los raptos de inspiración—, siempre puede surgir alguna sorpresa, por ejemplo Gabriel Maestre, el más experimentado entre los cuatro representantes del boxeo. Sin embargo, los números pueden ser engañosos. La lucha olímpica criolla acudirá a Río 2016 con su delegación más numerosa de todos los tiempos —9 atletas, incluidas tres damas—, pero en este deporte, la brecha con las grandes potencias de Europa Oriental y Asia Menor es prácticamente insalvable: de 42 combates que han disputado 22 luchadores venezolanos en los Juegos desde 1952, apenas han ganado cuatro.

Lo que es inocultable es el bajón de los deportes que tradicionalmente han aportado medallas a Venezuela: el boxeo aficionado, con cinco preseas, está en seco desde Los Ángeles 1984. El tiro deportivo, en el que Venezuela fue una potencia mediana en los años sesenta —un bronce olímpico y dos campeonatos mundiales—, apenas llevará un atleta a Río 2016 y es de origen argentino, Julio César Iemma. El taekwondo, arte marcial de origen coreano que le dio a Venezuela sus dos únicas medallas femeninas —los bronces de Adriana Carmona en 2004 y Dalia Contreras en 2008—, además de un oro no oficial de Arlindo Gouveia en Barcelona 1992, también llevará un único combatiente, Edgar Contreras, sobrino de Dalia, luego de ausentarse por completo en Londres 2012, y también está en decadencia.

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La natación, de donde emergió el histórico bronce de Rafael Vidal en 1984 y seis finales olímpicas del propio Vidal, Alberto Mestre, Francisco “Tiburón” Sánchez y Andreína Pinto —de enorme mérito, debido al dominio casi total de los países del mundo desarrollado en las piscinas— solo clasificó cuatro representantes y ninguno tiene posibilidades reales: el veterano tritón carabobeño Albert Subirats, de 29 años —la tercera edad para un nadador— y ya con cuatro Juegos encima, va por una despedida honrosa en los 100 metros de estilo mariposa: el tiempo con el que aseguró su cupo en Brasil fue de 51,90 segundos y es el decimoquinto mejor del mundo en lo que va de 2016.

Los especialistas de baloncesto coinciden en que el principal mérito de la inesperada clasificación a Río 2016 es del entrenador argentino Néstor “Che” García, que basó en la solidez defensiva el estilo de un equipo de menor estatura y talento si se le compara con la generación de los “Héroes de Portland” que hicieron de pioneros en Barcelona 1992, integrada por Carl Herrera, Sam Shepherd, Gabriel Estaba, Iván Olivares, Víctor David Díaz y compañía. La Vinotinto de básquet enfrentará en la primera ronda a las estrellas de la NBA de Estados Unidos, y ya habrá conseguido una hazaña si pasa a la fase de cuartos de final.

“Pudo haber sido peor”

“De política no hablo”, indicó Marcos Oviedo, vicepresidente del Comité Olímpico Venezolano (COV), que declinó conversar acerca del impacto de la caída de los ingresos petroleros en la preparación de los atletas criollos para Río 2016. El presidente del COV y ex ministro del Deporte, Eduardo Álvarez, no respondió a una solicitud de entrevista para este reportaje. “La situación pudo haber sido mucho peor. A principio de año efectivamente no había ni medio dólar en la caja de la mayoría de las federaciones, pero hay disciplina como la lucha que han hecho un aporte muy por encima de lo esperado”, señaló una fuente cercana a las autoridades deportivas nacionales. Nicolás Maduro convirtió el ministerio del Deporte —creado por Chávez en 2006— en un apéndice que ahora depende de la cartera de Juventud.

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El financiamiento de los atletas dista de ser una política unificada y ha semejado más bien un sálvese quien pueda en medio de las restricciones presupuestarias. Unos pocos, como Robeilys Peinado, se benefician con becas que cuentan con el respaldo del Comité Olímpico Internacional. Otros tienen la fortuna de depender directamente de nóminas de organismos como el Banco Central de Venezuela —caso de la esgrimista Alejandra Benítez, una fugaz y polémica ex ministra del Deporte a sus 36 años— o el Ministerio de Relaciones de Exteriores, como Silvio Fernández, también esgrimista, un abogado radicado en París que aparece registrado como alto funcionario diplomático en la página web de la embajada venezolana en Suiza. Aquí y allá, se han levantado algunas voces de protesta, caso de Elías Malavé, practicante del tiro con arco, que se quejó de que usa los mismos implementos deportivos con los que acudió a Londres 2012. “Todos los demás atletas se han ido del país y ellos están preocupados porque no han salido. Sin entrar en polémica política, la situación del país es clara: no se consiguen medicamentos, alimentos y pare de contar, eso le hace falta a ellos para poder entrenar. No conseguimos los complementos vitamínicos”, denunció Macoly McGregor, entrenador de los corredores zulianos de velocidad Nercely Soto y Alberth Bravo, el pasado febrero al diario Panorama.

Más que los de Río 2016, cuyos integrantes todavía disfrutan de algunos coletazos de la bonanza petrolera de la segunda mitad de la década pasada, habrá que poner la lupa en las delegaciones venezolanas de los Juegos Olímpicos de 2024 en adelante, formadas por los que hoy son niños y padecen una crisis alimentaria y humanitaria sin precedentes, y cuya dimensión todavía no ha sido correctamente evaluada por indicadores internacionales como el índice de desarrollo humano. Un país con hambre no puede pensar en hacer deporte.