Un Chávez para cada campaña

Hugo Chávez pasó de apoyar una revolución democrática en 1998 a aupar el socialismo del siglo XXI hasta el final de sus días; de liquiliquis a chaquetas tricolor; de tener una vitalidad envidiable a mostrarse vulnerable ante la lluvia. Chávez no siempre fue el mismo, se reinventó ante sus votantes con cada campaña electoral, aunque con estrategias constantes bajo la manga que le aseguraron sus victorias

Hugo Chávez se convirtió en el ícono pop de la política venezolana. Acompañó a gobernadores, alcaldes, concejales y diputados en afiches y cuñas; no importaba la gestión o la agenda política, una aparición junto con el Comandante en Jefe garantizaba, en la mayoría de los casos, la victoria, como las suyas. Incluso en los comicios alusivos a enmiendas y reformas constitucionales, Chávez hizo acto de presencia, cual un supervisor onmipresente del acontecer nacional. Como se mercadeó para las masas en cada proceso electoral determinó que su reelección fuese casi un hecho, incluso en sus días de enfermedad, acompañado de robustas maquinarias propagandísticas y poderes públicos abiertamente a su favor. Chávez dio para todo, con sus distintas facetas y discursos.

Elecciones presidenciales de 1998

“Vamos a votar por el candidato que defiende el pueblo”, entonaba la cuña presidencial del entonces candidato Hugo Chávez en 1998. Luego de difundir su famoso “por ahora” en uniforme militar a todo el país, la televisión nacional lo mostraba en esta oportunidad de traje y corbata en una entrañable y familiar velada navideña. El 6 de diciembre ese año, Chávez ganó las elecciones presidenciales contra Henrique Salas Römer con el apoyo de casi 7 millones de electores y con el segundo mayor número de votos en la historia venezolana.

Recorrió ciudades y pueblos cargando bebés, repartiendo sonrisas y escuchando bendiciones y peticiones, con su asesor Luis Miquilena a sus espaldas y la promesa de reconstruir económicamente al país. El contacto con los votantes y futuros electores fue el inicio de un paternalismo -digno de sus características carismáticas- que lo amparó en sus siguientes comicios. Chávez parecía ser, como rezaba el eslogan de su campaña, “un sentimiento nacional”. “Todo lo que tuvo que hacer Chávez fue abrir la caja de Pandora que hizo precipitarse una oleada de resentimientos de clase y raciales, latentes desde el Caracazo de 1989. Se convirtió en salvador de las masas y no titubeó para fomentar esta imagen mesiánica”, explica Naomi Daremblum en su artículo Chávez y la democracia protagónica. Por medio del Polo Patriótico, contó con alianzas estratégicas de grupos y organizaciones de diversas ideologías que deseaban apoyar su candidatura, creando distancia del ya renegado bipartidismo y agrupando incluso a quienes apoyaron a Caldera en «el chiripero» (MAS, PCV y otos partidos).

Desde su aparición en la palestra pública y con un intento de golpe sobre sus hombros, fue tildado de autoritario y antidemocrático por sus opositores. Sus declaraciones sobre “barrer a Acción Democrática de la faz de la Tierra”, de que las cabezas de adecos y copeyanos quedarían “fritas” con su victoria, o de que quien se opusiera a una reforma constituyente iría a la cárcel, exacerbaron aún más los calificativos estigmatizados. El futuro presidente matizaba sus palabras en señal abierta. Ese Chávez que una década más tarde solo respondería preguntas a dedo, o ninguna en absoluto, era abierto a interrogatorios televisados sobre su proyecto de gobierno. Con una revolución “democrática” y hasta  la bandera de «la tercera vía» al estilo Tony Blair, el Chávez de 1998 renegaba de las estatizaciones y del modelo socialista cubano, tal como le declaró a Jaime Bayly.

Quién diría que la boina roja que usaba en sus mítines marcaría pauta en la moda chavista. El Chávez de 1998 mostraba vestimentas sencillas: pullovers, camisas manga larga, pantalones de vestir, dejando entrever uno que otro liquiliqui -que venía usando desde su salida de la cárcel en 1994- e introduciendo, de a poco, su distintiva boina roja militar, que se convertiría en símbolo del chavismo y sería parte de las distintas campañas electorales venideras.

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Reelección presidencial de 2000

El Chávez del milenio enfrentaba su primera reelección con una reforma constitucional en su haber y menos de dos años en la presidencia. Un “traidor” como Francisco Arias Cárdenas –etiqueta que puso a su contrincante luego reconvertido- no pudo evitar que se hiciera con el cargo nuevamente en las llamadas “mega elecciones” del 30 de julio de 2000 por englobar presidenciales, regionales, municipales y parlamentarias.

El eslogan “Con Chávez manda el pueblo” acompañó su campaña electoral y llegó a prácticamente patentarse como una identificación de instituciones gubernamentales. El Chávez del milenio gana las elecciones con 59,76% del electorado (3.757.773 votos).

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Referéndum revocatorio de 2004

El Chávez de 2004 que se enfrentaba nuevamente a elecciones presidenciales lo hacía esta vez antes de los tiempos establecidos en la Constitución y con las primeras máquinas captahuellas de la historia del país. Mucha agua había pasado bajo el puente: un paro petrolero, protestas multitudinarias en su contra, una renuncia “la cual aceptó”, un golpe de Estado y su regreso al Ejecutivo. Aproximadamente 3,6 millones de personas firmaron para solicitar su salida. Mientras sus opositores tildaron este referéndum como “revocatorio”, los afectos al gobierno de turno lo llamaron “ratificatorio”. El entonces presidente obtuvo con el “Sí” la mayoría de los votos entre un ánimo ya caldeado y un clima de descontento opositor posterior ante la acusación de fraude electoral, nunca probado.

El “Oligarcas, temblad. Viva la libertad” del himno de la Guerra Federal cantado por el mismo Chávez fue distintivo de su campaña, acompañado del “¡Uh! ¡Ah! Chávez no se va” que coreaban sus seguidores. En sus actos públicos y programas radiales y televisivos como Aló Presidente, señaló a periodistas y canales de televisión privados por hacer supuestas campañas de desprestigio en su contra. Un Chávez más directo, insultante y sin filtros aparentes surgió para entonces, sin descuidar su empatía nata con sus partidarios.

El color rojo inundó de un momento a otro sus alocuciones. Además de dominar la gran mayoría de su material propagandístico, se notaba en sus corbatas, chaquetas y su distintiva boina. También comenzaba a verse en las concentraciones, como mareas rojas, durante su campaña electoral. El verde de su uniforme militar relucía esporádicamente.

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Elecciones presidenciales de 2006

El Chávez de 2006 llevaba una buena racha de victorias y no las ocultaba, coreadas con el “¡Uh! ¡Ah! Chávez no se va” reciclado del referéndum de 2004. Se mostraba casi sobrado en su contienda electoral, apoyado por varias encuestas electorales que lo perfilaban como seguro ganador. Sin embargo, su estrategia comunicacional tuvo modificaciones: del eslogan “El Bravo Pueblo”, que aludía al Himno Nacional, el Chávez de 2006 pasó a la campaña “Por amor”. “Aún hay mucho por hacer, necesito más tiempo, necesito tu voto, tu voto por amor” pidió el Chávez de 2006 en la cuña, vestido atípicamente de azul claro –no bien recibido entre sus afectos- y con un discurso de padre comprensivo y tranquilizador.

Siete años no bastaban para cumplir sus tantas promesas, como la de cambiarse el nombre si había niños en la calle, como prometió a inicios de su primer mandato. Dos manos abiertas acompañaban otro de sus eslóganes presidenciales, en el que prometía “10 millones por el buche”, meta jamás lograda.

Cerca del día de los comicios electorales surgió la campaña “CháVez, Victoria de Venezuela”. Entre aquella maquinaria propagandística que generó suspicacias sobre su financiamiento y denuncia de uso de recursos públicos, Chávez alcanzó poco más de siete millones contra el candidato de la oposición, el ex gobernador del Zulia Manuel Rosales, que obtuvo poco más de cuatro millones de sufragios.

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Elecciones presidenciales de 2012

Ni intervenciones quirúrgicas ni sesiones de quimioterapia detuvieron al Chávez de 2012 a lanzarse nuevamente al ruedo electoral, a pesar de un no superado cáncer maligno. Su precario estado de salud parecía no ser un impedimento para gobernar a una nación por seis años más. Hinchado y con una papada prominente -muy diferente al Chávez de 1999-, compitió contra la promesa de la oposición: el gobernador de Miranda, Henrique Capriles Radonski. Las campañas publicitarias que le sucedieron luego de anunciar su postulación se encargaron de mostrarlo sano, rejuvenecido y sonriente ante un contrincante de menor edad y salud óptima, en contraste con la imagen de sus apariciones públicas en las que no había caminatas pero sí bastante abrigo, como las coloridas bufandas que portó. Con el eslogan “Chávez es otro beta” dirigido a los votantes más jóvenes, el ex presidente aparece sonriente en tareas cotidianas como cualquier hijo de la revolución bolivariana.

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Músicos como Hany Kauam, Los Cadillacs, Omar Enrique y Omar Acedo colaboraron en más de una decena de jingles y sencillos que surgieron bajo el paraguas de “Chávez, corazón de mi patria”, diseñada por el ahora encarcelado estratega brasileño Joao Santana, acusado de corrupción. Analistas criollos y extranjeros tildaron la campaña de sentimentalista más que racional u objetiva. No fueron pocos los que, a pesar de ser opositores, cantaran “Mi Comandante ¡Chávez!” y demás pegajosas canciones propias de su campaña, como le emblemática «Chávez, corazón del pueblo» de Hany Kauam que incluso llegó a rotar en radio como un sencillo promocional más.

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A pesar de la decreciente situación económica y social del país, una atmósfera de fiesta y positivismo inundó sus cuñas televisivas. A menos de dos meses de su nueva contienda electoral, el Chávez de 2012 había reciclado 55 promesas electorales, según el diario El Impulso. También lo hizo con la promesa de alcanzar 10 millones de votos.

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“Las circunstancias me obligan a ser breve”, dijo en su cierre de campaña en la avenida Bolívar bajo la lluvia, se desconoce si eran meteorológicas o físicas. El Chávez de 2012 fue el último que presenciaron los venezolanos en vivo y directo, y el de peor desempeño electoral: tan solo 11% de ventaja por encima de su contrincante.

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