El mito del enero fitness

La narrativa de que en este mes hay que perder los kilos ganados en diciembre, además de que es errónea como punto de partida, se derrumba más que nunca en la Venezuela de 2016. A lo mejor usted vivió otra Navidad, pero en la mía nunca vi abundancia de comida

El mito del enero fitness

Enero es el mes en el que prendes la radio y escuchas a Titina Penzini asegurando que acaba de perder cinco kilos “con la dieta del repollo” (*). Agarras el especial de fitness de la revista Estampas e incluye “16 consejos para recuperar el peso ideal”, además de un artículo sobre cómo quemar calorías bailando twerking. Te pones a perder el tiempo viendo Portada’s en Venevisión y, bueno, mejor lo dejo hasta ahí. Enero es el mes en el que Richard Linares hace su agosto.

Presuntamente, los gimnasios ganan más nuevos clientes que nunca (aunque con las actuales mensualidades, lo dudo). La estadística que no se difunde es que pocos llegan a marzo.

Mire, esto no es una crítica para la revista Estampas y todas sus hermanas. He trabajado para algunas de esas publicaciones, y el especial fitness es una pauta fija en el año, de la misma manera que el especial del Día de las Madres. Se trata simplemente de una estrategia para capturar publicidad de sectores específicos de la economía y sobrevivir en plena crisis del papel.

Me limitaré a exponer cuatro razones por las que sostengo que la narrativa del enero fitness es errónea como punto de partida, y más que nunca en la Venezuela de 2016:

  1. La gente no comió más este diciembre. Hablo por mí. A lo mejor usted vivió una Navidad radicalmente diferente. Pero yo en diciembre de 2015, al menos en Venezuela, no vi abundancia por ningún lado. En mi casa se compraron solo como cuatro hallacas. Nunca hubo pan de jamón. En ninguno de mis limitadísimos círculos sociales se organizó eso que ahora mientan “un compartir” (vaya expresión idiota). Ya es hora de que los medios de comunicación, la publicidad y las personalidades influyentes en general comiencen a adaptarse a la dura realidad de otra Venezuela. 2016 debe ser el año de la cruda sinceridad y la transparencia de cifras, aunque sean dolorosas. Por poner un ejemplo: todavía hay cuñas de supermercados venezolanos que hablan de “nuestra amplia variedad de productos”. Hay que poner énfasis en otros valores, por ejemplo, la solidaridad y el aguante.
  2. Diciembre es un mes favorable para hacer ejercicio. Hay personas que tienen una rutina de actividad física y se toman una pausa larga en el año. A algunos les funciona e incluso puede ser recomendable. En lo personal, ya llegué a los 40 años y cada paréntesis me cae fatal. De hecho,  si dejo de hacer ejercicio más de dos días, cuando regreso me siento un “quemao”. Vivo en Caracas y en diciembre, generalmente, hay menos gente. Es cierto que muchos gimnasios bajan la santamaría, pero la ciudad es un sitio más amable para caminar o para trasladarse a sitios como El Hatillo. Aunque el clima está un poco loco en 2016, entre noviembre y febrero, a horas inusuales como las 11:00 am o las 2:00 pm, el Ávila ofrece algunos de los más vigorosos efectos de luz y tonos de azul celeste, con un sol que no quema tanto (recuerde que subir montaña es una actividad muy exigente para las articulaciones y requiere un trabajo aparte para fortalecer músculos).
  3. La actividad física debe ser gradual. Lo siento, Richard Linares, pero la narrativa de que en enero hay que perder a la carrera todos los hipotéticos kilos posibles de diciembre, porque ya viene Carnaval y hay que lucirse en traje de baño, puede ser riesgosa. Un organismo que no está acostumbrado a un ejercicio físico extremo y que de repente es sometido a un gran esfuerzo se expone a lesiones, y sobre todo, a abandonar rápidamente la práctica deportiva. Aunque eso no se lo van a decir en una revista tipo Estampas, lo más importante de una rutina física es que pueda insertarse de manera poco traumática dentro de sus actividades laborales, familiares o de estudio. De lo contrario, la va a dejar, punto. Hay que manejar aspectos como la gestión de ropa sudada, que lamentablemente despierta una respuesta social negativa. ¿El ejercicio más simple, de menor impacto y democrático de todos? Caminar. A mí Caracas solo se me hace vivible a pie.
  4. El movimiento es un hábito. Esta es la idea implícita en todas las anteriores. Moverse no es el propósito que se hace en enero porque está de moda y porque me quiero ver chévere para los demás, sino un hábito de vida que te hace sentirte más cómplice contigo mismo. Algo que, el día que no lo haces, te hace sentir que fueron 24 horas perdidas, o en todo caso incompletas. La actividad física no es un sacrificio, sino un placer, y si no lo llegas a experimentar así, tienes casi toda la quiniela llena para abandonarla tarde o temprano. Puede sonar 100% contradictorio con lo anterior, pero estoy convencido de que la condición inevitable del ser humano es el reposo (lo contrario es una batalla heroicamente perdida de antemano), y el fin último de la actividad física es el premio de comer y descansar de manera más sabrosa.

Por supuesto, todo en la Venezuela de 2016 conspira contra la actividad física. No podemos comprar los zapatos deportivos adecuados y no nos estamos alimentando de manera correcta. Igual hay que ingeniársela para mantenerse en movimiento y pelear una hermosa batalla que está perdida de antemano. Pagar un gimnasio es casi imposible, pero hay muchos trabajos de musculación que se pueden hacer con el peso propio o en máquinas gratuitas instaladas en la calle. Nuestro organismo no ha evolucionado para pasar 10 horas sentado en un escritorio o haciendo una cola.

(*) En descarga de Titina, en el mismo programa de 99.9 FM donde habló también de la “dieta de la manzana”, advirtió luego que, quienes estén decididos a seguir cualquier dieta loca recomendada por una celebridad, deben consultar antes con un médico.