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El necesario paso al frente de la Sub-20

El primer objetivo de la selección que conduce Rafael Dudamel era clasificar al hexagonal final del Campeonato Sudamericano Sub-20 en Ecuador, algo que no se conseguía desde el año 2009, cuando la selección criolla, en suelo patrio, obtuvo el pase histórico al mundial de la categoría. Superado el primer obstáculo, ahora la meta es llegar a la máxima justa, y para ello deben promoverse o sostenerse algunas variables.

El necesario paso al frente de la Sub-20

Este equipo tuvo, durante la primera etapa del torneo, muestras inconfundibles de buen juego. No hay que olvidar que, ante Uruguay, en el primer tiempo, tanto Yeferson Soteldo como Sergio Córdova influyeron lo suficiente en la construcción de juego como para que el rival no estuviese cómodo en el terreno. No debe olvidarse que para activar a ambos futbolistas, Dudamel y sus colaboradores dieron una indicación que llevó a que ambos volantes intercambiaran de banda, lo que demuestra que desde el cuerpo técnico comprenden claramente las dinámicas de los partidos y se asumen estas variantes según sean necesarias. También ante Bolivia y frente en Argentina hubo momentos rescatables, que no por casualidad también fueron protagonizados por el volante con la camiseta 10.

Pero en esta etapa puede que haga falta algo más de juego, no en vano la selección apenas convirtió un gol en cuatro partidos, a pesar de las innumerables llegadas. Para algunos puede sonar esto como una invitación asumir riesgos innecesarios, pero quien escribe estas líneas siente que es mucho más peligroso no promover conductas que fomenten el protagonismo de los partidos, sobre todo cuando esta selección está compuesta por jugadores de tanto talento, probado además en el fútbol de primera división.

La sugerencia no nace del gusto o del capricho; quienes siguen el torneo venezolano saben muy bien que éstos futbolistas que componen a la selección sub 20 pueden dar más, Y para sostener este argumento basta únicamente con revisar lo hecho en buena parte de la fase regular de este torneo, me refiero a momentos en los que la selección criolla supo combinar muy bien el juego asociado con los pases largos, respetando una de las viejas máximas de este juego: ni todas largas ni todas cortas. La Vinotinto supo cuando aprovechar el regate y el pase gol de Soteldo, la fuerza y la capacidad de atraer marcas de Ronaldo Peña, el ataque a los espacios de Antonio Romero, los desbordes y diagonales de Córdova, los recorridos de área a área de Yangel Herrera, la conducción simple y limpia de Ronaldo Lucena, la aparición por derecha de Ronald Hernández y hasta la salida clara de Nahuel Ferraresi.

A propósito del central venezolano que juega en las filas de Nueva Chicago, en Argentina, hay que destacar el papel de Rafael Dudamel, quien lo llevó a la selección y le entregó la responsabilidad de jugar en un partido bravo, por la clasificación, en el que los errores se pagarían muy caro y hasta podrían marcar negativamente a cualquier joven. A pesar de ello, Ferraresi no se espantó: fue contundente en defensa y se mostró cómodo en tan difícil contexto, tanto como para conducir el balón hasta el centro del campo, facultad no muy común en los defensores centrales criollos de cualquier categoría. No sería de extrañar que, tras esa actuación, el seleccionador nacional cuente con él para los próximos partidos, aprovechando que las virtudes antes mencionadas pueden servir para sumar un elemento más en la construcción del juego nacional.

En el hexagonal hay que dar un paso al frente para convertirse en un gran equipo. Esto no significa jugar exclusivamente en corto, dar doscientos pases antes de llegar al área rival o limitarse a buscar goles desde la larga distancia. Transformarse en un colectivo con muchas respuestas es adaptarse a lo que el partido y el rival exigen. Por ello es tan importante no encasillarse en una única estrategia, es necesario explotar las respuestas colectivas que este seleccionado mostró en la etapa de grupos. Ninguna de esas variantes será eficiente si no se ensayan dentro del contexto colectivo, y es quizá ese el más importante aprendizaje que deben poner en práctica los jóvenes criollos. Ojalá se haya revisado concienzudamente los pasajes de buen fútbol, única manera de identificar el valor del juego en equipo por encima de los arranques individuales.

Lo aprendido y lo recorrido en la etapa de grupos debe servir para que los criollos busquen el cupo al mundial que tanto anhelan, pero más que nada, esta etapa de definiciones debe promover el crecimiento futbolístico de estos jóvenes, de tal manera que sean, en un futuro no muy lejano, alternativas importantes para la selección mayor. Al fin y al cabo, el objetivo de las categorías juveniles en el fútbol no es otro que formar y educar a los futbolistas en la competencia. Que el árbol no tape el bosque, o mejor dicho, que el resultado no sea el único objetivo de quienes están encargados de educar a estos deportistas.

Comprendamos que muchas veces el pan de hoy significa el hambre de mañana, y dejemos que la barbarie, incapaz de comprender de procesos y de formación, se quede sola gritando que hay que ganar como sea.

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