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ENTREVISTA - Banca venezolana sobrevive en rojo gracias a bonos del gobierno

Antes del colapso final provocado por el chavismo, Venezuela era la cuarta economía más poderosa de América Latina, detrás de Brasil, México y Argentina. Pero en 2019 su Producto Interno Bruto (PIB) habrá completado una merma de 65% desde que llegó Nicolás Maduro al poder. Este país con los mayores recursos de hidrocarburos del mundo apenas produce tanta riqueza como Panamá, República Dominicana o el pequeño y asolado Puerto Rico. ¿Cómo queda la banca privada y estatal en medio del peor desastre vivido por una sociedad en tiempos de paz y sin huracanes ni terremotos?

ENTREVISTA - Banca venezolana sobrevive en rojo gracias a bonos del gobierno

Se lo preguntamos a Boris Ackerman, uno de los principales expertos en banca en Venezuela, profesor de la Universidad Simón Bolívar, donde fue jefe del departamento de Ciencias Económicas, es consultor, asesor financiero, y divulgador en temas de finanzas personales. Su columna y libro «Cochino Dinero» fue una referencia en las páginas del extinto diario El Mundo economía y negocios, de la también extinta Cadena Capriles.

Junto con la economista María Inés Fernández, Ackerman elaboraba el respetado  «Ranking Bancario», que en las páginas de El Mundo hacía una radiografía mensual del sistema financiero venezolano según el método CAMEL de análisis financiero y de solvencia.

¿Cuál es el impacto del colapso de la economía venezolana, la hiperinflación y la reducción del tamaño de la economía en el sistema bancario?

«El colapso de la economía venezolana junto con la regulación de las tasas de interés a valores insignificantes respecto a la inflación, han dejado a la banca en una situación de absoluta precariedad. A junio de 2019, el activo que muestra la banca en sus balances era de 47,2 billones», (billones en español, con 12 ceros y equivalía a unos $5.875 millones al tipo de cambio de entonces).

Pero equivaldría a unos 2.100 millones de dólares al tipo de cambio del 20 de septiembre.

De ese monto de junio, 10,9 billones ($1.375 millones al cambio de junio) se mostraban en el patrimonio. Pero como ese patrimonio está inflado en al menos 12,8 billones ($.1600 millones,  el saldo negativo real del patrimonio alcanza los 1,9 billones de bolívares», (237,5 millones de dólares).

Esos títulos valores están inflados en 85 % en el balance del  sistema y por eso aparecen en Bs. 15 billones , o $750 millones.

 En cuanto al tamaño de la banca, los activos totales luego del ajuste alcanzarán apenas los 34,4 billones de bolívares soberanos, que al tipo de cambio del momento de los últimos balances disponibles alcanzaban los 5 mil millones de dólares (pero, al tipo de cambio de este 20 de septiembre solo suma $1.700 millones pues en el último trimestre el dólar ha dado un enorme salto en el mercado venezolano).

Como referencia, el grupo financiero colombiano Bancolombia por sí solo tenía activos de 151.000 millones de dólares a octubre de 2018.

Para Ackerman, hoy la mejor forma de enfocar el sistema bancario venezolano es el de mirar a una industria cuya materia prima o bien que transforma, pierde prácticamente todo su valor porque se hace tan abundante que deja de ser considerado un producto con capacidad de conservar poder adquisitivo.

«La clientela de la banca se deshace de ese bien en la forma más rápida posible a cambio de otros productos que al menos cubren necesidades. La reacción del Estado consiste en seguir avivando la hoguera de la inflación al incrementar aún más la cantidad de dinero», explica.

En medio de la quiebra del Estado venezolano y de sus empresas, de las fuentes de financiamiento externa, de la caída vertical del ingreso de divisas por la reducción en dos tercios de la producción de Pdvsa, el chavismo recurre a la emisión de dinero, principalmente por medios digitales.

En efecto, esa expansión de dinero inorgánico inunda una economía precaria donde cada vez hay menos disponibilidad de bienes importados y nacionales. Eso contribuye al alza constante de  los precios y aviva una de las más agresivas y largas hiperinflaciones documentadas en la historia mundial.

Este tsunami desatado por políticas públicas erradas llegó hace tiempo a las playas de la banca venezolana.

«Al analizar esos estados de resultados y los balances de la banca al mes de junio de 2019 publicados por Sudeban (Superintendencia de Bancos)  se destaca que la inversión en títulos valores de la banca supera en un 38 % a su patrimonio y que además, la casi totalidad del patrimonio de la banca está a su vez representado en revalorizaciones de activos».

«En palabras sencillas, la banca muestra sus balances en azul y una capitalización “razonable” gracias al malabarismo contable que consiste presumiblemente en valorar los títulos valores (mayormente bonos emitidos por Pdvsa y por la República) en su cartera, a valor facial y al precio de mercado del dólar».

El valor facial es el que está impreso en los bonos de deuda emitidos por gobiernos o empresas. Pero cuanto estos papeles caen en desgracia suelen cotizarse en el mercado secundario a un precio real muy por debajo del que aparece al vencimiento de ese compromiso de pago.

Hoy los bonos de la deuda venezolana son considerados papeles basura en los mercados mundiales y el país está en default (impago) de una deuda que según expertos como el economista Ricardo Hausmann supera los 160.000 millones de dólares y debe ser negociada, algo imposible de hacer bajo el régimen de Maduro porque está sujeto a sanciones por sus atentados contra la democracia y no es reconocido por unos 50 países poderos del mundo.

Para Ackerman la valoración actual de la deuda pública local en manos de la banca venezolana es absurda, si se considera que el valor de mercado de la gran mayoría de los títulos valores del estado venezolano es actualmente de menos del 15 % de su valor nominal.

«En palabras simples, el 93 % del patrimonio que muestra la banca es resultado de una simple maniobra contable. Situación que pone a la banca en clara insolvencia».

«En términos de magnitud, los resultados acumulados (ganancias)  representan únicamente el 4 % del patrimonio de la banca. Cifra absolutamente insignificante al cotejarla tanto con el activo total del sistema como con lo que debería ser la rentabilidad de los bancos ante dígitos tan elevadas de inflación», explica.

«El patrimonio de la banca, al colocar los títulos valores a su valor de mercado, se vuelve negativo, es decir, el sistema bancario está en quiebra técnica, quiebra que no se materializa en el cierre de bancos debido a la abundante liquidez del sistema en moneda local», señala.

Para varios analistas, es evidente que la banca apenas sobrevive mediante el cobro de comisiones por transacciones electrónicas en un país donde no hay efectivo y hasta un café se paga con tarjetas de débito. La hiperinflación incrementa nominalmente a cada hora el volumen nominal de esas operaciones. La banca venezolana es un simple sistema de pagos, que no ejerce la intermediación financiera.

¿Cómo funciona una economía sin un sistema de crédito?

«Muy mal, el inversionista se ve obligado a usar su propio capital para cualquier negocio y eso impide o limita la mayoría de las inversiones. Se pierde la alternativa de utilizar el crédito como palanca de crecimiento y como mecanismo de adquisición de activos necesarios para la producción.

¿Cómo impacta la inexistencia del crédito en la vida del ciudadano? Falta de empleo, carencia de oportunidades de inversión, poca o nula actividad emprendedora, en palabras sencillas, la inexistencia de crédito en la sociedad le roba el futuro al ciudadano.

«Es un sistema de pagos, ineficiente y en decadencia, la misma situación financiera, la carencia de divisas y la inoperatividad hacen que la capacidad de reponer equipos y de actualizar los sistemas informáticos sea cada vez más frágil. De ahí que no solamente se ha mermado la capacidad de dar créditos sino que la misma operatividad está por demás comprometida».

En Venezuela el financiamiento desapareció hace tiempo, ni siquiera existen tarjetas de crédito con cupo para pagar un chocolate, tampoco hay créditos comerciales o industriales significativos porque todo el dinero de los depósitos del público de los apropia el gobierno mediante el encaje legal obligatorio (colocaciones en el Banco Central).

«Según las cifras de Sudeban, nada más el 5,5 % del activo total del sistema se representa en créditos, es decir, los créditos quizás no llegaban a 400 millones de dólares a junio de 2019. Siendo casi nulos los niveles de intermediación si se observa que las captaciones quintuplican esa cifra», observ Ackerman.

«¿De qué vive la banca en Venezuela? Se trata de un sistema que sobrevive por las constantes inyecciones de liquidez del Estado que le permiten hacer frente a sus cuentas con dinero prestado, se habla entonces de una burbuja que crece cada vez más, pero carece de sustento».

«La justificación de la permanencia se basa en el mantenimiento de las licencias de operación y de una infraestructura, que aunque deteriorada, podría convertirse en una apuesta con probabilidades de tener algún valor si la situación del país cambia drásticamente».

¿Cuáles son las perspectivas?

De mantenerse la situación como está, lo que se prevé es el continuo deterioro del sistema de pagos, en algunos casos los bancos apostarán a la supervivencia suponiendo que en el futuro las cosas puedan cambiar para mejor. Sin embargo, es posible que la apuesta se revierta si de alguna forma la continuidad operativa comience a obligar a los propietarios a realizar nuevos desembolsos en moneda dura. Creemos que ese podría ser el fin de varias instituciones.

¿Qué separa la situación actual de los colapsos bancarios del pasado?. Es decir, ¿por qué no se produce una crisis financiera?

«La diferencia es la abundante liquidez que permite el constante pago de obligaciones con dinero que no es de los bancos, pero que se mantiene dentro del sistema al transitar constantemente de unas instituciones a otras.

En las crisis anteriores había bancos con fuertes déficits de liquidez y otros que los veían como demasiado riesgosos para financiar esos déficit, ahora la liquidez es lo que abunda en todo el sistema.

¿Por qué no ocurre una crisis en efecto cascada?

«Por eso mismo, porque hay dinero y además porque los ahorristas y cuentacorrientistas no tienen a dónde más llevarlo siendo la única opción mantenerlo en la misma banca.

Todo esto suena a como si el sistema está técnicamente estatizado…

«Se puede decir sin temor a equivocarnos que el (estatal) Banco de Venezuela ES el sistema. El 64 por ciento del activo de la banca venezolana para junio de 2019 era del Banco de Venezuela. Así mismo, el 94 % de la cartera de títulos valores a la que hicimos referencia, eran del Banco de Venezuela. Y ya sabemos que esa cartera vale menos del 15 % de lo que muestran los balances.

¿Cuál es el tamaño real de la banca en Venezuela?

«Los 5.000 millones de dólares en activos al tipo de cambio del 30 de junio, si extrapolamos con que el tipo de cambio ha subido casi un 200 % y con algo de incremento en los depósitos, no debe estar en este momento, por encima de los 3 mil millones de dólares en activos en este momento, quizás sea el tamaño de un banco mediano en Colombia, República Dominicana o Costa Rica.

«¿Por qué todo el valor patrimonial de la banca venezolana equivale al valor de un banco mediano en República Dominicana? Porque simplemente el dinero se diluyó, la mercancía de la banca perdió todo su valor y además, las regulaciones le impidieron obtener beneficios que permitieran una mejora en sus niveles de capitalización».

¿Cómo está la banca en Venezuela respecto a las normas de Basilea o el CAMEL?

«Con 01 en la boleta, capital negativo».

 

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