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Johnny Pacheco, creador de sonidos y empresas musicales

El recién fallecido y legendario músico dominicano popularizó la charanga, forjó un sonido salsero con sabor matancero y fundó el sello Fania y la orquesta Fania All-Stars, que convirtieron a la salsa en un fenómeno mundial

Johnny Pacheco, creador de sonidos y empresas musicales

Johnny Pacheco, flautista, compositor, director musical y cofundador -junto a Jerry Masucci- de Fania Records, el sello disquero que proyectó a la salsa como un fenómeno mundial, estaba retirado desde 2006 debido al mal de Parkinson, pero lo valioso y consistente de la impronta del maestro dominicano ubica su nombre para siempre entre los más relevantes del ámbito de la música popular, donde su deceso, ocurrido este lunes en un hospital de Nueva York, como consecuencia de una neumonía, ha sembrado luto y consternación.

Nacido el 25 de marzo de 1935 en la ciudad quisqueyana de Santiago de los Caballeros, Juan Azarías Pacheco Kiniping -que así era su verdadero nombre, aunque desde que era un niño ya lo llamaban con el que hiciera famoso artísticamente-, sintió desde siempre una marcada inclinación por la música, una predilección heredada de su padre, Rafael Azarías Pacheco, líder de una de las bandas más insignes del país caribeño, la Orquesta Santa Cecilia, de allí que hubiese crecido rodeado de sonidos y referentes musicales.

A los 11 años se mudó a la ciudad de Nueva York junto a su familia, ciudad que le proporcionó un nuevo estilo de vida que le facilitó, en términos de aprendizaje, un acercamiento aun mayor a la música. Su padre decidió inscribirlo en clases particulares, donde además de aprender teoría y solfeo, empezó a dar sus primeros pasos como instrumentista. Mostró destreza inmediata en el acordeón, el violín y la flauta, así como también en el saxofón y el clarinete. Más adelante pulió sus conocimientos en la escuela Julliard, del Lincoln Center, uno de los conservatorios de arte más prestigiosos de Estados Unidos, de cuyas aulas han salido músicos de la estatura de Yo Yo Ma, Tito Puente y Miles Davis, entre otros.

A finales de los años 50 formó parte del conjunto del pianista Charlie Palmieri, la Charanga Duboney, y tras salir de la Julliard en 1960 formó su primera orquesta, llamada Pacheco y su Charanga. La orquesta firmó con el sello Alegre Records, con el cual vendió más de 100.000 copias de su primer álbum, titulado “Pacheco y su Charanga Vol. 1”, todo un récord entonces, que lo impulsó hacia el reconocimiento en la industria de la música tropical.

Cofundador de Fania Records

A partir de entonces y hasta 1963 se convirtió en una estrella de fama internacional y realizó giras en Estados Unidos, Europa, Asia y América Latina.
La suya fue la primera banda latina en presentarse en el célebre Teatro Apollo, en Harlem, en 1962 y 1963, indiscutible templo de la música de raíz afroamericana.

Después de su gira por distintos países, regresó a Nueva York evolucionado musicalmente, lo que lo lleva a unirse a su amigo, el abogado Jerry Masucci, para crear el sello discográfico que lo cambiaría todo en la industria musical latina: Fania Records.

Se le considera el creador del concepto musical salsa (denominación que se le atribuye al locutor venezolano Phidias Danilo Escalona), que se le aplica a los ritmos nacidos en el Caribe antillano de habla hispana, principalmente de Cuba, República Dominicana, Puerto Rico y Venezuela, que tiene su fundamento rítmico y origen -como heredero directo- en la guaracha.

En 1964 la compañía inicia labores con el lanzamiento de su primer álbum, “Cañonazo”, en donde Pacheco participa junto a su orquesta con los vocalistas Monguito y Pete “El Conde” Rodríguez. En dicho álbum lanza internacionalmente la charanga, un ritmo típico de la música cubana, que ya cultivaban en la isla la Orquesta Aragón y Fajardo y sus Estrellas, esta última dirigida por José Fajardo, uno de los maestros de Pacheco en la flauta.

En los años siguientes, Fania impulsaría la carrera de artistas como Willie Colón, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Rubén Blades, Héctor Lavoe, Larry Harlow, Ray Barretto y Celia Cruz. Con esta última grabó dos discos: “Celia & Johnny” (1974), de donde salió la famosa canción Químbara, y “Celia, Johnny & Pete” (1980), en el cual Pacheco compartió nuevamente con su amigo Pete “El Conde” Rodríguez.

Poder salsero en New York

El poderoso instinto del músico no solo lo llevó hacia los rincones de la música popular latina, sino que además le permitió colaborar con distintos artistas del ámbito anglosajón, entre ellos Stevie Wonder, Quincy Jones, Stan Kenton, Tony Bennett, George Benson, Sammy Davis y David Byrne, a quien instruyó en las percusiones de varios de sus álbumes para Talking Heads. Su incursión en esta faceta le permitió también readaptar los sonidos del jazz, el big band y el blues al cancionero popular latinoamericano.

Logró igualmente incursionar en la industria del cine. En 1971 coprodujo la película “Nuestra Cosa Latina”, donde se mostró el poder de la salsa en la ciudad de Nueva York. En 1974, trabajó en una segunda película, titulada “Salsa”.

Durante la década de los 80, escribió los temas musicales para las cintas “Mondo Nueva York” y “Algo Salvaje”. Produjo también “Los reyes del mambo” (1992), protagonizada por el actor español Antonio Banderas. Además, en 1999, llevó su conocimiento como instrumentista al teatro y colaboró en la creación del musical “Quién mató a Héctor Lavoe”, que cosechó gran éxito en Nueva York.

“La matancerización de la salsa”

Antes de crear el imperio discográfico que revolucionó la esencia misma de la música latina, Johnny Pacheco era un jovencito que escuchaba las canciones tropicales de la radio cubana desde su hogar en República Dominicana. Años más tarde, luego de trasladarse junto a su familia al Bronx de Nueva York, el futuro fundador de la Fania descubrió a la orquesta afrocaribeña más emblemática de los años 50: la Sonora Matancera.

De esta manera describe el periodista e investigador musical Ernesto Lechner, los años de Pacheco antes de la Fania, al aludir a la orquesta que tanto influyó al recién fallecido músico, quien no vaciló en reconocerlo en una entrevista que le hizo al respecto: “La primera vez que oí a la Matancera me fascinó el sonido que tenía y la manera en que el pianista Lino Frías trabajaba los arreglos”, contaba muy entusiasmado desde su casa en Nueva York a su entrevistador: “Los arreglos de la Matancera eran sencillos, pero le daban un sabor especial a todo. Era increíble el sonido que les sacaban a dos trompetas. Fue justamente la Sonora la que me inspiró a armar mi propio conjunto con dos trompetas”.

Así, de acuerdo a Lechner, se conoce entre los conocedores el estilo de Pacheco como “la matancerización de la salsa”.

Consagración de un sonido

La Fania funcionó como vehículo para la carrera de Pacheco, pero también, como ya dijimos, empezó a contratar a otros jóvenes artistas con llamativa voracidad. El grupo del pianista Larry Harlow con el sonero adolescente Ismael Miranda fue de los primeros, seguidos de Willie Colón y Héctor Lavoe, Bobby Valentín, Joe Bataan y Ray Barretto. La Fania se adueñaría del catálogo de otras grandes disqueras como Alegre, Tico y Cotique, y Pacheco también fungiría como director musical de la Fania All-Stars, el conglomerado que juntó a las estrellas de la compañía para una serie de míticos discos y conciertos.

“Escuchaba temas del Septeto Habanero, Chapotín, el Conjunto Casino”, puntualizaba en la entrevista ya aludida con Lechner: “Lo que hice fue cambiarle la fachada a esa música. Nunca he negado que el material original era de Cuba. Pero lo renové, combinando tres trompetas y tres trombones con la Fania All-Stars para darle más brillo”.

La consagración del sonido matancerizado de Pacheco llegó en 1974 cuando grabó el elepé “Celia & Johnny” junto a Celia Cruz, cantante original de la Matancera, y de ahí en más indiscutible reina de la salsa.

Entre la fundación de la Fania y el principio de los años 80, el ritmo de producción de Pacheco fue prodigioso. Grabó discos con la Fania All-Stars, produjo a otros artistas y colaboró con una serie de extraordinarios cantantes tropicales, como Pete “El Conde” Rodríguez, el mexicano Melón, Monguito, Meñique, Daniel Santos y el bolerista y guarachero cubano Rolando Laserie.

“Mi juventud me ayudó mucho en esa época”, admitía Pacheco: “Estaba lleno de energía. Empezaba en el estudio a las diez de la mañana y a eso de las nueve de la noche me iba al Corso -en la calle 86 y la tercera avenida- para tocar los bailes. Casi no dormía. Llegaba muerto a mi casa, como Pete ‘El Conde’, que trabajaba en una imprenta durante el día y cantaba con el grupo de noche”.

Tanto trabajo no fue en vano. La discografía de Pacheco se consigue en su totalidad a través de plataformas como Spotify y YouTube. No deja de sorprender la excelencia general de su producción, más todavía al considerar que esas obras maestras del género tropical fueron grabadas en un promedio de 50 horas por LP.

“Te voy a decir algo que no se lo he dicho a nadie”, confiaba el músico después de un momento de reflexión: “Creo que sacrifiqué mis propias grabaciones para darles tiempo a los muchachos nuevos. Nunca forcé a nadie cambiar el arreglo de una canción. Iba al estudio y les dejaba realizar sus ideas. Si no, todo el mundo iba a sonar como Pacheco. Pero me encantaba lo que estaba haciendo, el compañerismo que existía entre nosotros”.

Éxitos y decepciones

El éxito artístico estuvo siempre presente. Como compositor es autor de más de 150 canciones, incluidos himnos de la música tropical como Mi gente y El rey de la puntualidad -ambos dedicados a Héctor Lavoe-, así como La dicha mía, que resume la trayectoria artística de Celia Cruz en una canción. Nominado a varios premios Grammy, vendió millones de discos, además de recibir la Medalla Presidencial de Honor en República Dominicana, el premio NARAS del gobernador de la ciudad de Nueva York y un sinnúmero de otros honores. En 2004, la Biblioteca del Congreso lo añadió al Registro Nacional de Grabaciones de Estados Unidos.

Pero el éxito financiero no le fue tan favorable. Una de sus mayores decepciones fue la pérdida de sus intereses en la Fania, pese a ser uno de los principales representantes de su sonido y estética.

Para los años setenta, la Fania, a veces llamada la Motown de la Salsa, era una potencia de la música latina y la Fania All Stars iba de gira por el mundo. La disquera vio nacer colaboraciones creativas incendiarias, como la de Colón, compositor y trombonista y Blades, un cantante y letrista con conciencia social, y héroes de culto como Lavoe, el cantante puertorriqueño que batalló con la adicción a las drogas y murió de complicaciones relacionadas con el sida a los 46 años.

pacheco

(EFE/Orlando Barría)

A mediados de los años ochenta se disolvió la Fania entre demandas por regalías y en 2005, Emusica, una empresa de Miami, compró su catálogo y empezó a lanzar versiones remasterizadas de sus grabaciones clásicas.

Antes de su retiro por razones de salud, siguió inspirando y experimentando con su música, colaborando y presentándose en festivales y conciertos. Además, era un acérrimo defensor de la comunidad latina y del joven talento musical, y creó en 1994 una beca que lleva su nombre y que anualmente se otorga a un estudiante universitario de primer año.

Decía que las amarguras de la vida las combatía dulce con dulce, en alusión al título de una de sus canciones más famosas. Prefería más bien centrarse en las bendiciones. Lo importante es que su nombre permanece con particular vigencia en la historia de la música latina. Su impacto cultural, de la mano de su tenacidad y carisma, lo convirtió en todo un referente que hoy pasa a la inmortalidad.

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