¿Qué hubiera pasado en Carabobo si...?

En un ejercicio de la imaginación, Carolina Jaimes Branger ubica a la actual oposición al frente del ejército patriota en aquella batalla que lo decidió todo: divisiones, traiciones, cálculos personales. Un desastre todo

¿Qué hubiera pasado en Carabobo si...?

24 de junio de 1821. Llanura de Carabobo. Simón Bolívar es el líder supremo de las fuerzas patriotas. Su ejército cuenta con 10.000 miembros, 7.000 de infantería y 3.000 de caballería. Se enfrenta a Miguel de la Torre al mando de las fuerzas realistas, con 1.500 jinetes, 2.500 infantes, 62 artilleros y 2 cañones.

El general José Antonio Páez es, junto a Bolívar, comandante de los patriotas. También participan como jefes de sus divisiones el general Manuel Cedeño y el coronel Ambrosio Plaza. Apenas despunta el alba, Bolívar, desde el cerro de Buenavista, reconoce la posición de los realistas. Habían cerrado los caminos de San Carlos y de El Pao. Se da cuenta de que solo el flanco derecho está al descubierto y ordena a la división de Páez -los Bravos de Apure- y a la Legión Británica -que comandaba el coronel Thomas Farriar- cambiar el rumbo de la marcha y atacar por ahí. Plaza está preparado para atacar por el frente. Cedeño lidera los batallones Tiradores y Vargas y queda prevenido para atacar por donde hagan falta refuerzos, que termina siendo el flanco derecho por donde ataca Páez.

La embestida republicana es simplemente brutal. Atacan por el frente y por la derecha. Se repliegan para volver a atacar. A La Torre no le queda otra cosa que hacer que ordenar al regimiento de los Lanceros del Rey que ataque a la caballería patriota, pero era demasiado tarde: desobedecieron la orden y emprendieron la huida. La Torre se rinde y se consolida la independencia.

24 de junio de 2021. ¿Qué hubiera pasado si los líderes de oposición de hoy hubieran estado al mando del ejército patriota? Primero, que JAMÁS se hubieran puesto de acuerdo en quién sería el líder supremo. El pleito me lo puedo imaginar, tanto dentro de Venezuela como a control remoto. Cada quien se hubiera atrincherado aparte, jurando que ellos solitos, sin ayuda de los demás, acabarían con el ejército realista, porque ciertamente, eran muchos menos.

– ¿Qué se creerá ese Bolívar?
– Es un fanfarrón. A mí no me va a venir a mandar.
– A mí tampoco. Llevo más camino recorrido que él. Y a pie, no a caballo.
– Es un sifrino caraqueñito…

Subir a Buenavista hubiera sido imposible para el que hubiera llegado tarde. Y lo más probable es que los que alcanzaron la cumbre primero hubieran enviado mensajeros con recados errados de cuál era el flanco abierto para poder atacar. Jamás hubieran podido estar juntos los Lanceros de Apure y la Legión Británica. Me lo imagino perfectamente:

– Yo con ese llanero no voy a ninguna parte – diría Farriar.
– Ese musiú no me inspira la más mínima confianza – mascullaría Páez.

Hubieran hecho -unos y otros- lo imposible para que el otro entrara como carne de cañón para quedarse ellos solitos con la gloria, sin darse cuenta de que solos no hubieran podido. Ahhh, pero la soberbia es mala consejera.

Tiradores y Vargas hubieran ido cada uno por su lado y los hubieran masacrado por separado. Plaza, al frente de su división, hubiera desobecido las órdenes de atacar por el frente a los realistas y decidiría irse detrás de los que van por el flanco derecho, para llegar de último, tener menos bajas y adjudicarse la victoria. Tal vez, en esta fantasía del presente, no hubiera dado su vida por la patria. Hubiera sido un cobarde más, pescando en río revuelto.

Y cuando los Lanceros del Rey remataran, los hubieran siquitrillado a todos. Luego saldrían las voces que dirían que los venezolanos no teníamos capacidad de ganar la batalla con su chocante “yo se los dije”. Ellos seguirían esperando a que James Monroe nos mande sus ejércitos.

La conclusión es que con estos líderes que tenemos jamás nos hubiéramos independizado. Gracias Bolívar, Páez, Cedeño, Plaza, Farriar… y todos los que hicieron posible que fuéramos libres, por su patriotismo, su humildad de reconocer sus limitaciones, por entender la funcionalidad de un mando unificado, su trabajo en equipo, y, por encima de todo, por su valor.

PS. Aunque a la vista de estos 23 años de chavismo, uno termina pensando si no hubiera sido preferible ser súbditos de Felipe VI y antes de su padre, y hasta calarnos a Franco.