#VIDEO ¿Cómo es la vida de un guardaparque?

En 1992 se decretó al 13 de febrero como Día Nacional del Guardaparque, por eso hoy rescatamos la historia de uno de ellos. En este trabajo el Hector Nieves nos explica que él y sus compañeros no cuentan con políticas habitacionales después de la jubilación, a pesar de que han ofrecido su vida a la custodia y protección de los parques nacionales. Temen que se filtren tratos militares en la nueva creación del Cuerpo Civil de Guardaparques y llevan una lucha por el pago de salarios escuetos.

#VIDEO ¿Cómo es la vida de un guardaparque?

Héctor Nieves Pérez vive en el sector Loma del Viento en el Parque Nacional Waraira Repano-Ávila. Para llegar hasta su casa debe subir por la entrada de San Bernardino, por el camino que lleva a la Cruz que cada diciembre se enciende para anunciar la llegada de la Navidad. Su puesto de guardaparque queda justamente donde el camino se divide hacia el paso del cortafuegos.

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Resguarda esa zona desde 1994, cuando “prácticamente heredó” el puesto de su papá. Héctor viene de una casta de guardaparques reconocidos, como lo fueron Pedro, Rafael y Juan Sabas Nieves. A su vez, estos tres fueron hijos de Emilio Nieves, quien también se desempeñó en labores de guardabosques, cuando fue recién creado el Ministerio de Agricultura y Cría en 1936.

Héctor tiene 21 años de servicio dedicados al Sistema de Parques Nacionales, pero desde el 2007 ha hecho del puesto de Loma del Viento su hogar. Tiene 61 años y también trabajó en el sistema de «comunicaciones de televisoras». Aunque denuncia que el Instituto Nacional de Parques (Inparques) le pagó menos de una jornada de trabajo por la última semana, asegura que nunca se ha arrepentido de ejercer este trabajo.

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De volver a nacer, o tener la oportunidad, elegiría de nuevo trabajar como guardaparque en Venezuela, “pero con un Sistema de Parques que funcione, que respeten tu dignidad, que como personas valgas dentro de la institución y tus ideas sean respetadas”.

Desde 1960 hasta hoy, los guardaparques han sido los funcionarios responsables de la protección y preservación de nuestro patrimonio natural. Ellos se distribuyen en 43 parques nacionales, 36 monumentos naturales y, según la nueva normativa de Inparques, 65 parques de recreación. Se trata de un oficio que requiere vocación de servicio, y todos siempre hablan de una “mística” necesaria para desarrollar este oficio.

La vida de cada guardaparque se ve condicionada por la zona que le toca custodiar, y de la relación que ha entablado con ese lugar. Debe ser distinto cuidar entre cuatro las 3 millones de hectáreas de Canaima, a tener bajo responsabilidad un puesto en la falda del Ávila. Sin embargo, el logo del venadito que los representa los convierte por igual en figura de ética conservacionista y servidores públicos por excelencia. Hoy Héctor nos comenta de qué trata su oficio y alza la voz en nombre de sus compañeros.

Según Héctor, la principal condición para ser guardaparque es tener dotes de relacionista público, pues una de las tareas más importantes es guiar y atender a los visitantes. Explica que tras años de servicio, puede predecir qué tipo de personas son las que se acercan a su zona: “Uno sabe el tipo de persona que uno deja pasar. Yo sé quiénes son incendiarios, deportistas o delincuentes”.

Indica que también es necesario tener conocimientos de botánica, fauna y geografía. Puede nombrar cada una de las plantas que están cerca de su casa y habla de los senderos de la montaña como si fuesen los corredizos de su patio trasero. En cuanto a los animales, Héctor es padre y amo de varios que ha criado. Entre ellos, dos loros, un conejo, dos perros y tres gallos (cuidado con el más grande, Napoleón, le encanta picar los zapatos deportivos). El último perro que adoptó debió traerlo del sector de Papelón porque una nueva familia de cunaguaros acecha la zona y esta perrita, casi salvaje, estaba en peligro.

animales

El guardaparque enumera los animales más comunes:

“Hay muchas guacharacas, zorro grises y querrequerres, que yo digo que es el ave insigne del parque. Son verdes y amarillos con la cabecita negra. Fauna peligrosa como tal, que vaya a atacar un ser humano, no hay ninguna. Existen pumas, pero no es que te los vas a conseguir todos los días. Esos están hacia la zona del Pico Naiguatá, hacia el litoral. Ahí también hay dantas. Hay cochinos de monte y por supuesto, sus tigritos y cunaguaros. Tenemos ahora una familia de Cunaguaros en el sector de Papelón. También una especie que la gente no conoce, las onzas”.
-El sueño de una escuela de guardaparques- 

Héctor ha propuesto en varias oportunidades la creación de una Escuela Nacional de guardaparques. Explica que cuando propuso la idea estaba el arquitecto Mario Gabaldón a la cabeza del instituto y este aceptó y empezó a desarrollar el proyecto. Sin embargo, con el paso de los años y de otras directivas se desechó. La idea era institucionalizar la profesión del guardaparque, instruirlos en materias como geografía, conservacionismo, leyes ambientales, primeros auxilios, veterinaria, etc.

Cuando en la gaceta del 14 de diciembre de 2014 se decretó la creación del Cuerpo Civil de Guardaparques, varios trabajadores de Inparques se contentaron con la noticia. Sin embargo, al cabo de un tiempo denunciaron la militarización que se había filtrado en el grupo. Según explica Héctor, la directiva de este Cuerpo fue nombrada a dedo y han permitido prácticas de entrenamiento militar. Teme que la creación de este proyecto persiga otros objetivos que diverjan del carácter “civil” que lleva por nombre.

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También rechaza las medidas que está tomando el instituto para convertir sus puestos —que es lo mismo que decir sus casas— en inmuebles mixtos para que vivan efectivos de la Guardia Nacional. Existe un grupo de guardaparques que no quiere armas cerca de su familia o no confían en la honorabilidad de los guardias. Es un temor grande para muchos.

-Jubilado y sin techo-

Otra de las denuncias que protagoniza Nieves, trata de la jubilación de los guardaparques y el momento en que deban desalojar el puesto, el que ellos mismos han condicionado para convertirlo en hogar.

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“Somos varios que estamos en proceso de jubilación. A mí me faltan 4 años de servicio todavía. Ese es el problema mayúsculo que tiene la mayoría de los guardaparques que nos hemos dedicado tanto a atender el parque, que se nos ha olvidado procurar una vivienda. Necesitamos un plan de vivienda”, afirma.

A la pregunta ¿qué hará después de la jubilación? Él responde de manera tranquila: “lo primero es buscar vivienda”. Todos los muebles, electrodomésticos y utensilios se los debe llevar porque todo dentro del puesto es de él, pero todavía no se ha procurado otro lugar donde vivir. Esto pasa con la mayoría de los guardaparques en régimen de jubilación. Los que todavía no tienen esta preocupación, deben invertir en su puesto porque se trata de su hogar.

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Héctor habla de su puesto, al cual le faltan casi todas las tejas. Explica que el Instituto no les ha dotado de materiales o el personal para arreglar estos inmuebles y que ellos mismos son los que reparan y compran todo para mantenerlos: “Hasta los bombillos han salido de mi bolsillo”.

El puesto de un guardaparque se convierte en su hogar inevitablemente. Reciben visitas, hacen familia y envejecen allí. El problema es que Inparques espera que cuando dejen de ejercer como cuidadores desaparezcan. No obstante, no dejan de existir. Solo necesitan un lugar donde descansar sus piernas cansadas luego de subir tantos caminos de tierra y árboles.

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