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Intoxicaciones por plantas medicinales

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La situación económica aunada a la crisis de abastecimiento de alimentos y medicinas hace que las familias retomen antiguas prácticas terapéuticas basadas en brebajes a base de hierbas. Sin embargo, mucho de la sabiduría ancestral que se requiere para el manejo seguro de estas plantas medicinales se ha perdido por falta de uso, por lo que en muchos casos la toxicidad de estos ingredientes no es tomada en cuenta y ocurren accidentes, a veces con saldos fatales

Para poder entender los beneficios y riesgos del uso de las plantas como medicamentos, es necesario aprender a reconocerlas, aislar sus principios tóxicos, comprender sus mecanismos de acción e intentar contrarrestarlos, tarea delicada en especial cuando se comienzan a utilizar y no se cuenta con el acompañamiento de algún familiar o persona que maneje el tema con responsabilidad.

En Venezuela tenemos una gran influencia de costumbres caribeñas (africana e indígena) por lo que muchos de los remedios son caseros, especialmente en los episodios de diarrea donde las infusiones de plantas son frecuentemente administradas para aliviar los síntomas de la enfermedad.

En el entorno del uso de plantas existe un gran desconocimiento sobre cómo emplearlas, sus principios tóxicos y su dosificación para lograr efectos terapéuticos.

Un interesante estudio publicado en la Revista SALUS de la Universidad de Carabobo evaluó 36.825 consultas en el Departamento de Emergencia del Hospital de Niños “Dr. Jorge Lizarraga” de la Ciudad Hospitalaria “Dr. Enrique Tejera” de estos casos, 527 (12,7%) tenían el antecedente de ingesta de plantas asociado con diarrea aguda infantil (DAI) y en su mayoría fueron casos entre los cero y 12 meses de edad.

La administración de infusiones a base de plantas medicinales incrementó el número de decesos asociados a diarrea aguda infantil de 0,7% a 2%. La manzanilla, el anís estrellado, la hierbabuena, el pazote, el poleo y el té negro, fueron las plantas ingeridas con mayor frecuencia por los niños que fallecieron.

Es innegable que nos antecede un legado de tradición en el uso de plantas medicinales, pero allá y entonces los “curanderos” o “chamanes” tenían el conocimiento apropiado para elaborar las combinaciones idóneas, administrar las dosis correspondientes a la enfermedad y edad del paciente y así obtener las propiedades funcionales y terapéuticas de estas plantas. Hoy solo quedan algunos vestigios de la tradición. Por ejemplo, las propiedades carminativas (para expulsar los gases) del anís estrellado o las propiedades antiespasmódicas y antiinflamatorias de la manzanilla (camomila), pero ¿conoce usted la dosis que debe ingerir para obtener estos beneficios? ¿Sabía usted que en dosis elevadas la manzanilla puede sedar a un bebé pequeño, aumentar la probabilidad de crisis convulsivas y llevarlo a la muerte?

En el mismo orden de ideas, muchas de estas plantas contienen metabolitos o compuestos que actúan como mecanismo de defensa ante insectos y animales, por lo que al ser ingeridos podrían causar daños severos a un niño pequeño aún en pequeñas dosis. En algunos casos se puede evidenciar una dermatitis por contacto, reacciones alérgicas a algunos componentes y daño hepático en casos más severos, debido a la presencia de aceites esenciales.

Otro aspecto complejo de las intoxicaciones con plantas medicinales es la propia adulteración del producto, en algunos casos por confusión y en otros con la intención de reducir costos, pues en algunos países estas hierbas pueden tener un valor elevado. Con este escenario y ante la falta de experiencia de padres y cuidadores, la mesa está servida para un incidente peligroso e indeseado en el seno familiar. A esto, súmele que buena parte de los médicos que atenderán al paciente en la emergencia, pueden encontrar un paciente con síntomas agravados por la presencia del tóxico y ante el desconocimiento es más difícil la administración de tratamientos, pues en algunos casos puede resultar un efecto antagónico (contrario a lo deseado).

Con el resurgimiento de la medicina alternativa, son muchos los adultos que también están siendo vulnerables a la administración de brebajes a base de plantas que ofrecen propiedades curativas a distintas patologías. Aquí el riesgo de envenenamiento suele ser menor pues las dosis son menos agresivas, pero ocurre algo peculiar: el efecto antagónico de los principios activos de las plantas y los medicamentos que están tomando.

Estas interacciones han sido poco estudiadas debido a las dificultades para recopilar información relacionada con la dosis, sin embargo, los estudios dedicados a explorar la interacción con algunos alimentos pueden ofrecer pistas interesantes en este sentido.

Los efectos producidos por este tipo de interacciones pueden ser muy diversos en su tipo e intensidad y van, desde aparentes infradosis debido a la presencia de alimentos que retardan o inhiben la absorción o la acción de fármacos, hasta, por el contrario, interacciones causadas por fármacos que afectan a la biodisponibilidad o a la utilización de nutrientes.

Las plantas medicinales pueden originar que el fármaco quede libre en la sangre y se modifique su distribución, es decir, su transporte por la sangre hasta el punto donde ejerce su acción. Una de las interacciones más importantes se registra en el metabolismo del fármaco. Por ejemplo, hierbas con propiedades diuréticas podrían interferir con medicamentos de eliminación renal.

La famosa cáscara sagrada, podría alterar la capacidad para absorber los medicamentos a nivel intestinal, retrasando o inactivando su efecto terapéutico.

También pueden desarrollarse efectos aditivos y potenciadores entre medicamentos y plantas. Esto sucede en las hierbas con propiedades sedantes o hipotensoras, que podrían incrementar la acción de fármacos con estas características. Por ejemplo, el Ginko biloba y el Gingseng potencian los efectos de anticoagulantes y aspirina y puede producir sangrados, así como puede potenciar los efectos de algunos antidepresivos.

Los más afectados son como siempre las comunidades más vulnerables, en este caso los adultos mayores que tienden a manifestar dificultades en la administración consistente de sus medicamentos y que por la falta de distribución o la incapacidad para poder conseguirlos, deciden implementar terapias alternativas sin reparar en el efecto que esto podría generar.