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Series de terror para no pegar un ojo

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Halloween no tiene fecha en el calendario en la televisión. Las historias de espanto y brinco ahora dominan las pequeñas pantallas, desde su impacto en el cable hasta las plataformas por demanda, aun aprovechando referentes clásicos, nostalgias vívidas o monstruos memorables

“1, 2, Freddy viene por ti. 3, 4, cierra la puerta. 5, 6, toma el crucifijo. 7, 8, mantente despierta. 9, 10, nunca vuelvas a dormir”

“Aquí está Jhonny”

“Ven, acá todos flotamos”

“¡Hola!, soy Chucky, ¿quieres jugar?”

“Veo gente muerta”

El cine de terror ha dejado su huella en la cultura pop al punto que fácilmente vienen imágenes a la mente con solo pronunciar alguna de las frases anteriores.

De El Resplandor de Stanley Kubrick (The Shining) al Sexto Sentido M. Night Shyamalan (The Sixth Sense), el horror siempre contó con seguidores en las salsas de cine, pero le costaba conquistar a las grandes audiencias en la televisión. Ejemplo de ello es lo sucedido con Evil Dead. La película de 1983 es un clásico para los amantes del género, pero no fue sino hasta que el remake, en 2013, dio buenos números que se abrieron las puertas para el programa Ash vs Evil Dead, de Starz Network.

Precisamente, fue la llegada del cable lo que permitió que la oferta de terror se multiplicara. Hace una década era imposible si quiera pensar que una productora se arriesgara a gastar más de un millón de dólares en un capítulo, pero apareció The Walking Dead (TWD) y todo cambió para siempre.

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La serie sobre “caminantes” estableció un nuevo récord de audiencia en el estreno de su temporada número 7, el pasado 23 de octubre: más de 17 millones de espectadores norteamericanos. Cuando comenzó en 2010, coincidió en tiempo y espacio con Dawn of the dead (El amanecer de los muertos), Soy Leyenda (I am legend), 28 semanas después (28 weeks later), Resident Evil y The Crazys. Estas cintas generaron más de 2.100 millones de dólares (sin contar lo obtenido por videojuegos, libros, ropa y otras especies). La revista 24/7 Wall Street la bautizó como “Economía zombi”, un movimiento que recauda alrededor de 3.600 millones de dólares al año.

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El éxito de TWD le abrió las puertas a otros títulos que, si bien no se cocinan con entrañas, sí cumplen con las características de espantar el sueño, como American Horror Story o Black Mirror. Esta última con menos violencia gráfica, pero cercana a obras de culto como The Twilligth Zone y Tales of The Unexpected, que fueron precursoras en la pantalla chica en los años 80.

La revista Rolling Stone realizó una lista de las 25 mejores series de terror de toda la historia. Black Mirror ocupa el séptimo puesto, American Horror Story el octavo y The Walking Dead el noveno. Que se mantengan vigentes, aparecen The Vampire Diaries (24), Ghost Hunters (20), Les Revenants (19), A Haunting (14) y Supernatural (10). ¿Quién está en el primer lugar? La genial obra de David Lynch Twin Peaks (1990-1991).

¿Por qué gana terreno?

“The Walking Dead es mucho más que un cómic referencial, mucho más que una serie con decenas de millones de espectadores: es el ingreso definitivo de los zombis en nuestras vidas y nuestros hogares, en el espacio de las ficciones de consumo mayoritario. Pero ¿cómo puede ser mayoritaria la imagen de un rebaño de muertos vivientes devorando vivo un caballo? ¿Cómo es posible que una serie podrida de contenidos violentos, repulsivos e inquietantes triunfe en un espacio de producción y difusión mainstream, obteniendo una audiencia inmensa?”

La pregunta aparece en el libro The Walking Dead, Apocalipsis zombie ya (Editorial Errata Naturae). Diferentes autores reflexionan sobre la serie, desde el punto de vista filosófico, ético y moral. Por ejemplo, si en efecto los muertos salieran de sus tumbas, ¿habría que crear una organización que velara por sus derechos, como las que cuidan a los animales? O el dualismo (somos cuerpo y mente), que representa Rick o el materialismo (somos solo cerebro), que encarnan los científicos. Incluso, se cierra con el, aparentemente, primer relato sobre muertos vivientes de la historia: El caso del señor Valdemar, de Edgar Allan Poe.

En el fondo, los diferentes ensayos apuntan a que la soledad, la alienación, la desesperanza y el carácter autodestructivo del hombre, hacen que el fanático vea a los no vivos como un espejo y de allí la fascinación por el género, aunque sin llegar al extremo de Max Brooks, autor de los libros The Zombie Survival Guide and World War Z, que considera sus títulos no como ficción sino como auténticos llamados de alerta sobre cómo comportarse durante un apocalipsis zombi.

“Siempre digo que el elemento indispensable para cualquier historia de miedo, en realidad para cualquier historia, pero concretamente para una de miedo es tener personajes de verdad, creíbles. Que hagan que todas las situaciones terribles que suceden nos puedan afectar. Sin personajes de verdad no habría miedo. Puedo inventar una trama terrible de terror, pero si la ambiento en un hormiguero con hormigas no funcionará”, explica el español Jaume Balagueró, director de la conocida y rentable saga REC y por la que fue reconocido en el famoso festival de Sitges.

“Supongo que con el éxito, entre otras, de series como The Walking Dead, las productoras de televisión se dieron cuenta de que ofreciendo un producto de calidad, cuidado y ambicioso -tanto en el contenido como en la forma- podían llegar a un amplísimo abanico de espectadores. No únicamente a un público habituado al género terrorífico”, explica Joan Lafulla, creador del sitio web almasoscuras.com, medio de referencia en habla hispana para entender y seguir al género.

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Jaime Burque, licenciado en psicología que utiliza el cine en su terapia, profundiza: “Creo que tiene que ver con el ‘boom’ de las series, pero sí que podríamos reflexionar sobre la necesidad psicológica cada vez más visible en nuestra sociedad actual de intentar romper con lo cotidiano, en busca de nuevas sensaciones y experiencias. Es como una manera de “escapar” de una realidad que no nos gusta”.

La televisión está llevando esta experiencia a un nivel de refinamiento exquisito. Lo pudimos ver en la excepcional Hannibal y lo hereda Westworld, la nueva serie de HBO, creada por Jonathan Nolan (el hermano menor de Christopher, también responsable de Person of Interest) y Lisa Joy. Se basa en la película de 1973, escrita y dirigida por Michael Crichton, que protagonizaron Yul Brynner, Richard Benjamin y James Brolin.

Westworld es, por antonomasia, una serie de ciencia ficción. Se ubica en un mundo ficticio, que simula al Salvaje Oeste, recreado por una corporación que ofrece, como si de un parque de atracciones se tratase, experiencias intensas a los humanos. Las consecuencias de crear robots, que alimentan las fantasías de los visitantes, son las que abren la puerta al horror.

Indios que cortan cabelleras (y extraños caballeros negros), desmembramientos, violaciones… Todo está permitido en esta serie de contenidos explícitos, como ya sucediera en la aclamada Game of Thrones de la misma cadena.

En ese sentido, de géneros que se mezclan, aparece Stranger Things, un producto que se aprovecha de la nostalgia, sobre todo la ochentera. Aunque realmente es una miniserie, el producto de Netflix bebe de Stephen King (rayando casi en el plagio) y de los casos sobrenaturales que hemos visto en La dimensión desconocida (The Twiligth Zone) y Expedientes Secretos X (The X Files), incluso en Cuentos de la Cripta (Tales from the Crypt).

Volver a los clásicos

Stephen King no tardó en alabar a Stranger Things y le dedicó dos tuits para hacerlo público:

Y tiene sus razones. En el cuarto capítulo de la serie se hace un homenaje a la obra de King bajo el título de The Body, mismo nombre del libro que inspiró a la película Stand by me, un clásico de 1986, dirigido por Rob Reiner y en el que actúan, entre otros, Will Weathon, River Phoenix, Corey Feldman y Kiefer Sutherland.

King, que ha escrito muchos guiones y pilotos para series de televisión, no es muy dado a los elogios. Famoso es su desacuerdo con la versión que hizo Kubrick, por lo que lanzó su versión de The Shining, con Mick Garris en la dirección, en 1997.

Stranger Things se desarrolla en 1980 y su argumento no es nada nuevo: un niño desaparece y sus amigos, todos pequeños, emprenden su búsqueda. El éxito de Netflix con esta apuesta, que consiguió más de 14 millones de espectadores en Estados Unidos, es usar la nostalgia, haciendo referencia a Star Wars, Aliens, The Goonies, la música de The Clash y los juegos de rol como Dungeons y Dragons. Esa fiebre por el pasado en esta plataforma se confirma con los buenos números de otra secuela: Fuller House, la continuación del clásico Full House (Tres por tres)

“Sentimos mucha nostalgia por esa época y queríamos hacer algo que recordara el estilo de los clásicos de nuestra infancia: Spielberg, John Carpenter, las novelas de Stephen King… Para nosotros, lo que hace que esta historias sean grandiosas y duraderas es que exploran el lugar mágico donde se unen lo ordinario y lo extraordinario”, explican los productores Matt y Ross Duffer, gemelos que crecieron durante los 90s viendo las series de la década anterior.

El terror se ha pegado en esa onda y actualmente una de las series que intenta hacerse un espacio entre los nostálgicos es El Exorcista, una adaptación del clásico de 1973, que ganó dos Oscar. Transmitida por Fox, y con un elenco en el que sobresale Geena Davis, se trata de un producto dirigido a un público menor, que promedia los 1,90 millones de espectadores. Ha basado su promesa en la tensión sicológica, tal vez para diferenciarse de Outcast, producción que adquirió Cinemax y que transmite FX, donde los exorcismos son el plato fuerte de cada episodio.

La fiebre por el terror ha traído de nuevo a los viejos monstruos, como Frankestein, Drácula y El Hombre Lobo. Los reunieron a todos en la extraordinaria pero mal finalizada Penny Dreadful, que protagonizó la hermosísima Eva Green. The Strain, la serie que apadrinó Guillermo del Toro, también usa en su argumento la tradicional figura del vampiro.

¿Podrá mantener The Walking Dead el éxito de su primer capítulo hasta la octava temporada? ¿Cuánto durará esta pasión por la nostalgia? Los fanáticos tienen la palabra. Pero vale recordar al maestro del terror, Stephen King, cuando dice: “La vida es como una rueda. Tarde o temprano, siempre vuelve al punto donde comenzaste de nuevo”. Eso vale para los espectadores y para los creadores de cada serie.