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En la cuerda floja: En tierra ajena el coronavirus es más desolador

La llegada de un extraño virus hace sentir a la venezolana María Mercedes Boada sobre la cuerda floja. Todos están haciendo equilibrio, pero algunos no se dan cuenta.

En esta cuarta entrega de Crónicas de una cuarentena creativa, María Mercedes Boada habla, desde Miami, de esa «cuerda floja» que apareció de repente por el coronavirus.

La primera vez que escuché la palabra coronavirus nunca imaginé que me quitara el sueño. Era algo que pasaba por allá lejos, en China.

Luego se convirtió en un chiste malo, la gente empezó a relacionar la cerveza Corona con el virus, llegándose a especular que realmente afectaba sus ventas. En ese momento me tocó trabajar con la marca y escuchaba bromas por el estilo durante todo el día, ¡qué fastidio! Solo una vez me topé con alguien que realmente creía que ambos se relacionaban, obviamente pensé que me estaba tomando el pelo, pero no, la persona había tomado el chiste cómo certeza.

cerveza corona

Foto: Cortesía de Pxfuel

Llegó el virus a España y allí se me prendieron las alarmas, ya que al igual que muchos otros venezolanos, tengo familia regada por el mundo y cuando el gobierno español declaró la cuarentena, empezaron las preocupaciones por la salud y el bienestar económico de la familia radicada allá.

Los primeros casos del virus en Estados Unidos crearon alarmas en los aeropuertos. En ese momento estaba preparando el viaje de un familiar a Venezuela y entre las muchas razones para posponerlo no había considerado la posibilidad del contagio, ya que en mi mente no era algo que se presentara aún en América Latina, pero los aeropuertos son un riesgo de exposición muy grande y empecé a buscar la manera de posponer el viaje. Este fue mi primer enfrentamiento directo con las consecuencias del virus. La angustia empezó a nacer…

Las medidas tomadas en USA, donde actualmente resido, afectaron directamente el negocio para el cual trabajo. Obviamente esperaba que tomaran ciertas acciones para amortiguar el impacto, pero nunca imaginé que iba a perder mi empleo temporalmente, mientras la situación se arregla, o al menos así me lo comunicaron. Pero realmente quien sabe hasta cuando durará esto, en qué condiciones resurgiremos y si me seguirán considerando necesaria… nada es seguro.

La primera reacción fue una ola de angustia que aún intento surfear: ¿y ahora, cómo vamos a pagar las cuentas si ya, en la situación normal, estábamos justos? ¿Será que darán prórrogas para el pago? Esto no es Venezuela donde alguien te da una mano amiga, aquí no cuento con nadie. Mi familia afuera no puede ayudarme porque están en la misma situación y hasta peor, según su localización geográfica. ¿Dónde consigo un nuevo empleo cuando todo está cerrando?. Estas preguntas hacen un remolino en mi cabeza, robándome el sueño desde esa fecha.

A la preocupación económica se junta la sanitaria, la rápida propagación del virus, lo que me hizo notar con mucha alarma la falta de seriedad con la que se lo toman algunas personas. Escucho en la calle comentarios como: “…a mi ningún político me va a encerrar en casa”, o, “…ésta es una democracia”, o, “…estoy en spring break, igual voy a disfrutar, el Mardi Grass no se cancela, o las noticias están exagerando”.

mardi gras

El mardi gras se celebra en Nueva Orleans

¿Es en serio? Tenemos el ejemplo de China, Italia y España y aún así no se es capaz de sopesar la gravedad del asunto. En mi familia tengo médicos que se enfrentan al virus día a día, exponiéndose en más de una oportunidad, por la estupidez de estas personas. ¿Qué va a pasar con ellos, que va a pasar con nosotros?. Entré en estado de pánico.

Me dije: ¡Para! ahora respira. Este virus te quita la capacidad respiratoria, estés o no infectado. Debo hacer algo, la angustia me comerá viva. Necesito volver a dormir.

Debo buscar una alternativa de ingreso mientras esto dure, pero además de ello, voy a tomarlo como oportunidad de reinventarme laboralmente. Una compañía, que luego de años de trabajo, te tira por la borda cómo peso muerto, no vale la pena.

Con mis afectos afuera cuento con una consecuencia más de esta migración obligada. Si estuviéramos juntos pudiéramos unir esfuerzos para sobrellevar la crisis en un solo sitio, en cambio, cada quien debe enfrentarse sólo en la situación que su entorno le obliga, tan distinta en todos los casos. Hablar, escucharnos, quejarnos juntos, es lo que toca. Por ellos solo puedo rezar para que sigan sanos. Los dejo en manos de un amigo de la familia que los cuide: José Gregorio Hernández. Muy especialmente le encomiendo a sus colegas, mis familiares médicos, quienes están dando la batalla. Imagino que así como yo, deben sentirse quienes tienen familia militar sirviendo en tierras enemigas. Rezar para que no les falle la protección, para que no bajen la guardia y no los ataque el virus mientras salvan vidas. Están en la cuerda floja.

Salir a la calle es una paranoia, tengo aún la libertad de hacerlo y la necesidad de encontrar algún ingreso. Alcohol, guantes, mascarillas, jabón y vinagre son mis aliados, junto a la bendición de mi mamá.

vinagre la cuerda floja

No se cuánto tiempo dure esto, pero al parecer es para largo. Los casos de contagios aumentan, aunque también los que se recuperan. Está crisis deja al descubierto que las verdaderas potencias mundiales son las que se preocupan por la salud pública, más que por la guerra y la economía. Una conclusión muy clara es que la salud no puede ser un negocio más.

La situación me ha obligado a ver las debilidades y fortalezas ocultas en lo que me rodea. En un principio por el pánico sólo me enfoqué en lo negativo, pero poco a poco la realidad ha ido surgiendo. También nos obliga a reencontrarnos espiritualmente, pues, ¿quién nos cuida cuando hay una amenaza desconocida e invisible?. El Ser Todopoderoso en quien depositamos nuestras plegarias.

Siento que camino en una cuerda floja, controlando la angustia, manteniendo la vista al frente y despojándome del peso de situaciones que no puedo controlar. No queda otra, mantener la calma, abrazar mi fe, seguir caminando y, por supuesto, lavarme las manos.

María Mercedes Boada Franco, autora de la crónica La cuerda floja, es socióloga egresada de la UCV (2008). Cursante del Doctorado en Ciencias Sociales (FACES-UCV). Egresada de la primera cohorte del Diplomado de Alimentación y Cultura (2015)-UCV. Reside actualmente en Miami (Florida).