Gente

El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño

Un viaje de despedida por los páramos se transformó en una decisión de vida para Daniel Souto. Así nació la Caravana Escuela, un programa que ha formado 704 herreros entre los campesinos de Mérida, que hasta ahora han fabricado 25000 piezas con material desechado de las siderúrgicas y equipos hechos con chatarra automotriz. Con eso generan más ingresos sin dejar el campo. El último proyecto son 200 sartenes de hierro forjado, cada una con garantía de 100 años

Publicidad

Lo que era un viaje de despedida antes de emigrar a Alemania en 2017, se convirtió en una misión de vida para Daniel Souto y en una salvación para los campesinos del páramo merideño. En ese año tan difícil para Venezuela, nació La Caravana Escuela, un proyecto que ya ha formado 704 herreros que crean sus piezas con equipos fabricados con chatarra automotriz y que no necesitan electricidad para poder funcionar.

La Caravana Escuela ha replicado el milagro de la forja en los pueblos Gavidia, Chacantá, Piñango, Los Nevados, Mucubají, La caña alta en La Culata, Capurí, Santo Domingo, Mucurubá y La Toma, además de una capacitación que ofrecieron en una escuela de Fe y Alegría en Barinitas. En total, han fabricado unas 22 mil herramientas con carbón desechado por las siderúrgicas. Cuando las piezas requieren un añadido de madera, como los rastrillos o machetes, se usa fresno que es procesado por una escuela merideña de Fe y Alegría.

El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño
Daniel Souto y uno de los herreros de San Javier del Valle fabricando piezas. Foto cortesía TMO

Además de fabricar las piezas que necesitan para sus actividades agrícolas, los herreros forjan cinceles que venden a través de una alianza con Maploca. Cada uno lleva el sello del pueblo y el año en que se hizo, porque tiene una «garantía de 100 años», dice orgullosamente Daniel. «Se los pagamos adelantados, y ellos siempre han cumplido», asegura. Y aceptan pedidos especiales, como el de 200 sartenes que le hizo la marca Vatel para celebrar sus 70 años, y que fusiona dos artes antiquísimas: la forja y la cocina.

El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño
Esta es la sartén de hierro fundido que encargó Vatel por sus 50 años. Aún no ha sido curada. Cada pieza es única. Foto cortesía de Raymar Velásquez / @menucallejero

Daniel, su esposa Itzamaná y sus hijos llevan el taller a cuestas en su camioneta, con la que recorren los pueblos enseñando y recogiendo las piezas que encargan. El contacto con los herreros es constante pues chequean que todo funcione bien, les llevan carbón y recogen las piezas que van a vender. Les satisface ver que todos enseñan a otros, como sus hijos y hermanos, el arte de la forja.

La decisión de Daniel Souto

Daniel también nació en el páramo, en San Javier del Valle. En tercer año de bachillerato se escapaba del liceo para ir a un taller de forja en Ejido. A los 15, presionado por sus padres que querían que estudiara, se fue a vivir a ese taller que se convirtió en un hogar y los trabajadores en familia. No tenía recursos, pero el destino lo llevó a estudiar herrería a Estados Unidos, y allí encontró su vocación. Luego regresó a Mérida para seguir forjando piezas y siempre mantuvo contacto con sus maestros y compañeros de la herrería.

El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño
Daniel muestra uno de los mangos para los sartenes. Cada uno requiere de 6 o 7 tandas de golpes (y, entre cada una, volver al fuego) para quedar perfecto. Foto @sobreelmantel

Es por ello que, en el difícil 2017, un año de grave depresión económica y escasez de alimentos, de combustible y de medicinas, le ofrecieron un trabajo de maestro herrero en Alemania. No quería irse pero en la cuenta apenas tenía el equivalente a 32 dólares, lo que no le alcanzaba para mantener a su familia. Aceptó, pero antes quiso despedirse de su páramo querido.

Fue en ese viaje que todo cambió.

Daniel se encontró con un páramo desconocido. Había tanta pobreza y escasez, que los campesinos no tenían lo mínimo para sembrar, ni tenían cómo trasladar lo poco que cosechaban pues sus caballos habían perdido los cascos y no tenían herraduras. Al no poder pararse para comer, morían de hambre porque los caballos no comen sentados. Lo que imaginó como un viaje bucólico, lleno de bonitos recuerdos, fue una bofetada de realidad. Daniel viajaba con sus dos hijos, aún pequeños, y uno de ellos le preguntó: «Papá, ¿tú no puedes hacer nada para ayudar a esta gente?».

«Esa misma noche regresamos a la casa y yo fui llorando todo el camino. Me acosté con muchas dudas: si me iba, garantizaba ingresos para mantener a mi familia pero no ayudaba a mi gente del páramo. Y si me quedaba, era al revés. Al despertarme ya había tomado mi decisión: iba a enseñarles herrería para hacer las piezas que necesitaban para la cosecha, para sus caballos y sus motos, y para lo que fuera», recuerda.

En esta máquina, hecha con chatarra automotriz y que funciona sin necesidad de electricidad, se funde el carbón para hacerlo maleable. Foto @sobreelmantel
El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño
La pizarra que guía los diseños. Foto @sobreelmantel

Y así comenzó todo. Aunque van 10 pueblos, Daniel e Itza aseguran que tienen solicitudes de 20 comunidades más, incluyendo una en la selva amazónica. Poco a poco, con los recursos que logran, van llegando a más lugares. Y a juzgar por su sonrisa permanente, se ve que Daniel decidió bien aquella noche en que tuvo que escoger entre irse a Alemania o ayudar a su gente.

«Y ese día comencé a creer en Dios»

Daniel fue ateo desde que nació y hasta los 42 años, hasta una tarde en Gavidia, uno de los primeros pueblos donde montó una herrería.

«En esos días habíamos hecho herramientas para cosechar un trigo que se estaba perdiendo por no poder sacarlo. Yo notaba que los niños del pueblo agarraban cartones y se llevaban la pieza todavía ardiendo, en vez de esperar los 15 o 20 minutos que necesitaba para enfriar. Yo les decía que esperaran, que se iban a quemar, pero ellos me decían que no, que ellos aguantaban y se iban corriendo. Yo no entendía…», empieza recordando Daniel.

El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño
Forjando el mango del sartén. Foto cortesía TMO
El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño
Cuando hacen herramientas que necesitan mangos de madera, usan madera local de fresno, que preparan los alumnos de Fe y Alegría. Foto @sobreelmantel

Lo que ocurría es que estaba por llover, y el agua iba a terminar de dañar el trigo. Por eso, los niños corrían con la pieza, para ganarle a la lluvia. No podían esperar ni 15 minutos.

Una tarde, Daniel vio a uno de esos pequeños que bajaba corriendo la cuesta, desde la montaña, cargando algo entre los brazos. Era un pan recién hecho en el molino y el horno del pueblo. Y, mientras le daba el pan, el niño le dijo: «Maestro, que dice mi mamá que Dios lo bendiga, porque gracias a usted hoy podemos comer pan después de mucho tiempo».

«En ese instante me di cuenta que tenía que haber una fuerza superior que me había puesto en ese lugar. En ese momento supe que Dios existía. E hice una marca en esa única calle del pueblo, una equis que sigue ahí y que busco cada vez que voy a Gavidia, para recordarme del momento específico en que empecé a creer», cuenta.

La alegría permanente de Daniel y el entusiasmo con el que habla de La Caravana Escuela certifica que tomó una buena decisión cuando optó por quedarse en la retadora Mérida de 2017 en vez de irse a una prometedora Alemania. Quizás esa felicidad venga de las satisfacciones que le da enseñar herrería, desde las más pequeñas, como fabricarle una hoz para zurdos a Olinto, que sufría cosechando papas, hasta las más grandes, como aquella de saber, como le dijo uno de los campesinos, que desde que habían aprendido herrería «no se acostaron nunca más con hambre».

El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño
Los herreros-campesinos fabrican piezas que los ayudan con su día a día pero también otras que pueden vender o canjear por comida. Foto cortesía TMO

Porque saber herrería les resuelve el día a día de lo que necesitan pero también les permite fabricar herramientas en el tiempo entre cosechas, que es cuando el campo les da ingresos. Esas piezas las venden o las cambian en la bodega por alimentos.

«Ellos son herreros-campesinos, pues siguen con sus cultivos, pero han encontrado otro oficio que los complementa», explica Daniel.

El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño
Uno de los «herreros campesinos», como los llama Daniel, durante una fundición de carbón en San Javier del Valle. Foto cortesía TMO

La última forja

Aunque los herreros del páramo están desde 2017 fabricando diversas piezas, nunca habían hecho sartenes. Y Daniel sólo cuando tenía 19 años y aprendía el oficio en Estados Unidos. Allá fue asistente del profesor Don Dickinson, quien se especializaba en sartenes. Para forjar las 200 que le encargó Vatel, todo se hizo desde cero: revisó libros que no había visto en años, creó el diseño del modelo, las máquinas que presionan la lámina de hierro y el boceto del mango. Y, además, sintió que le hacía un homenaje a su recordadao maestro.

El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño
Daniell sacando una base del sartén directo de la forja. Obsérvese que está roja por lo caliente que está. Foto cortesía TMO

La idea de vincular dos ancestrales artes del fuego, como son la cocina y la herrería, fue de Henry Gómez, gerente de Mercadeo del Grupo MiMesa, al que pertenece la marca Vatel.

La última forja de las 200 sartenes se hizo en San Javier del Valle, la primera semana de febrero. Vatel, junto con la agencia de comunicación estratégica The Media Office, invitó a Bienmesabe a ser testigo de ese momento, en una de las herrerías de montaña de La Caravana Escuela, a conocer la historia de Daniel Souto y de los herreros y el desarrollo de las comunidades que se han beneficiado de este proyecto.

El milagro de Daniel Souto y La Caravana Escuela en el páramo merideño
Daniel Souto conversando con Román Lozinski en el Caracas Business Summit 2026. Foto Teresa Camejo

The Media Office y Vatel también invitaron a Daniel Souto a contar su historia en el Caracas Business Summit, un evento que se hizo ayer 10 de marzo, y que reunió a altos representantes de diversas empresas nacionales. Los anfitriones de la conversación con el herrero merideño fueron el periodista Román Lozinski y Miguel Sogbi, director de la agencia de comunicación estratégica The Media Office.

Para hacer seguimiento a lo que hace Daniel Souto y La Caravana Escuela, se puede seguir sus redes @lacaravanaescuela

Publicidad
Publicidad