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FutVE: ¿Cómo hacemos para solo hablar bien de él?

¿Cómo puede uno como comunicador dedicar solo elogios al fútbol nacional cuando los mismos que piden mayor apoyo se lanzan dardos públicos con toda la intención de que se levante la polvareda en los medios?

Escribir columnas o artículos de opinión deportiva es algo casi extinto en el país. Twitter se ha convertido en el escenario mediático para descargar los pensares y los pareceres, siendo hoy la frase «abro hilo» la advertencia de que usted va a explicar en más de 280 caracteres lo que cree o considera sobre tal o cual tema.

Sin embargo, aquí sigo. Seré vieja guardia, pero trato de ordenar mis pensamientos y concentrarlos en este espacio que gentilmente me ha deparado El Estímulo en casi cinco años. Desde aquí, opino, alabo, critico, analizo, evalúo. He recibido espaldarazos por ello y muchas quejas, que han llegado hasta mis empleadores a modo de amenazas, queriendo cortar mi cabeza. Sin embargo, he aguantado y sigo, porque mi intención no es recibir apoyo o rechazo: solo quiero expresar lo que pienso.

Muchas veces hemos recibido esa crítica suave pero punzante: «Ustedes solo hablan lo malo de nuestro fútbol, no aportan sino destruyen, todo es criticar». Así se nos tilda, por más enamorados que hemos demostrado estar de esta novia llamada fútbol venezolano que a pesar de tanto coñazo que nos da, seguimos fiel a ella.

Los últimos episodios que evidencian la ruptura de buenos términos entre la FVF y la Liga FutVE, contrastan con todo lo que el universo fútbol en plena pandemia acontece. Mientras en el mundo, incluso en Latinoamérica, actual foco principal de la COVID-19, las partes involucradas en el fútbol avanzan para encontrar puntos comunes que permitan recobrar algún tipo de normalidad en la actividad, en Venezuela hay una guerra de almohadas que deja en parapeto lo que una parte y otra hacen y dejan de hacer mientras tratan de defenderse. Sí, defenderse, porque son ataques y respuestas, golpes van y golpes vienen.

Tanto la FVF como la Liga FutVE han respondido a la luz pública a tuits de periodistas. Comunicados de prensa en los que incluso en uno se amenaza con una demanda por hacer alguna denuncia por Twitter. ¿Se imaginan cómo fuera el mundo si cualquier institución respondiera a las críticas o señalamientos que alguien, un simple mortal, pueda hacer en redes sociales? Nos volveríamos locos.

Y así estamos. En una incertidumbre que no cesa desde hace ya casi un año, cuando comenzó el enfrentamiento entre la FVF y su empleado, el entonces seleccionador Rafael Dudamel. El conflicto que devino en la «renuncia obligada» del técnico a su cargo, parecía que sería ya un punto superado, pero ahora surge este en el que se evidencia una batalla por el predominio o la legalidad de las instituciones que forman parte del fútbol rentado nacional, un choque evidente en el que se ventila al conocimiento de la opinión pública aspectos que bien pueden manejarse a lo interno. No: uno ataca y el otro contesta, con comunicados, documentos, folios, páginas en PDF y una amenaza de denuncia de injerencia ante Conmebol.

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La FVF revoca las jornadas disputadas hasta ahora del campeonato 2020 sin consultar a los clubes ni futbolistas, una medida que recibe la reacción negativa de la Liga FutVE y hasta los mismos jugadores que desde diversas posiciones negociaban sus relaciones contractuales en medio del confinamiento. Luego aparecen propuestas de cómo se jugaría una especie de campeonato que defina los puestos internacionales para 2021, una de la FVF, entidad que aún no cede los derechos de organización del campeonato a los equipos, y otra de los clubes en consulta con el gobierno nacional a través del ministro de Deporte, quien forma también parte del tren ejecutivo de la FVF. Mayor pastel.

¿Cómo puede uno como comunicador dedicar solo elogios al fútbol nacional cuando los mismos que piden mayor apoyo se lanzan dardos públicos con toda la intención de que se levante la polvareda en los medios?

En un conflicto de intereses tales, Conmebol tendría la última palabra como árbitro, algo a lo que se llegaría como la última y deplorable opción en la que todas las partes jugarían a la hecatombe, a la aniquilación total, una Guerra Fría en la que está en juego nada menos que el futuro del fútbol venezolano.

Mientras, no hay fecha para que los equipos vuelvan a los entrenamientos ni menos una para que comience la actividad competitiva, equipos con deudas con su personal, otros que tiraron la toalla y no tendrían cómo salir al ruedo en un panorama afectado por otros condicionantes que también influyen (el tema del combustible es un factor directo en la vuelta a las actividades). Un panorama oscuro, así no les guste que uno a veces parezca un profeta del desastre.

Disputas y rencillas en la mesa. Servida para todos los comensales. Servida para que la prueben y opinen qué les parece, todos. Conflictos. Choque de poderes, de autoridad. Desilusión. Así vamos. ¿De qué otra cosa se puede hablar?