Panadería

La Miga Dorada ya es una panadería premium en Paracotos

María Blanco comenzó a hacer pan hace 10 años en el garaje de su casa y hace 7 decidió abrir su propia panadería. Cada año compraba algunos equipos o hacía muebles hasta que logró abrir este domingo. Esta joven panadera, además, ha ganado la Copa Nacional Fevipan y tres premios en el concurso El Cachito de Caracas

La Miga Dorada pasó de un garaje en Paracotos a abrir una panadería premium
todas las fotos son de swuany uzcátegui |@byswuany
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Steve Jobs le enseñó al mundo que las grandes historias pueden comenzar en un garaje y, hoy, una joven venezolana lo confirma. En Paracotos, un pueblo a las afueras de Caracas, María Blanco abrió La Miga Dorada, una panadería premium que comenzó, hace 10 años, en el garaje de una casa.

La Miga Dorada, la panadería, es un primoroso reducto en pleno casco histórico de Paracotos, justo frente a la iglesia colonial, en el que vende, entre muchas otras cosas, rosquitas, trenzas de leche, cachitos (los suyos han ganado premios en el concurso El Cachito de Caracas), dulcitos variados, pastelitos, panetones de masa madre (es un producto navideño pero saca ediciones especiales), tortas clásicas y otras como la vasca, sándwich de pernil en pan ciabatta de alta fermentación, tradicionales panes como campesino, de sándwich o de hamburguesa, perros calientes y, los fines de semana, panes de masa madre, en los que se ha especializado.

Y, aunque este domingo cortó la cinta inaugural, el logro cuenta una larga historia, y habla mucho de alguien que se ha esforzado desde cero, sin inversionistas mágicos, solo con trabajo, ahorro constante, formación y una familia que la apoya.

María Andreina es comunicadora social y graduada en cocina en el Chef Campus Culinary. En la gran crisis de 2016, se dio cuenta que la gente quería pan y empezó a prepararlo en la cocina de su casa, consiguiendo un poco de harina por aquí y otro por allá. «En ese tiempo ni siquiera tenía un nombre para mi negocio. En diciembre, con lo que logré vender de pan de jamón, me pagué un curso de panadería, para mejorar mis productos».

La gran demanda de la gente –que se agolpaba desde la madrugada en la puerta de su casa para poder comprar pan, anotarse en una lista e ir a buscar el pan a las 3 pm-, hizo que su papá le cediera una cuarta parte del garaje de su casa para ampliar la producción. «Él me compró la amasadora (hasta entonces, todo era a mano) y yo un horno. Y le pusimos nombre al negocio: La Miga Dorada», cuenta María, y no puede evitar conmoverse.

Comenzó a vender los panes en el abasto de su papá (en la parte de abajo donde ahora está La Miga Dorada) pero tenía que levantarse a las 2 am todos los días para hacer la masa porque no tenía neveras (esa historia la puedes leer haciendo clic aquí).

Hoy el centro de producción de los panes sigue allí, pero ahora ocupa todo el garaje. Al nuevo local trasladará solo el obrador de los dulces.

La Miga Dorada pasó de un garaje en Paracotos a abrir una panadería premium
Tiene mesas adentro y afuera. Foto Swuany Uzcátegui

En 2019, María empieza a soñar con tener su propia panadería, «pero no como las portuguesas tradicionales» apunta. La quería premium, que fuera un rincón donde las personas pudieran sentarse a disfrutar una experiencia. Escogió un local del edificio comercial que, hace años, construyó su papá (también poco a poco) y empezó a ahorrar e invertir.

El logo de La Miga Dorada. Foto Swuany Uzcátegui

Desde entonces, de cada venta que María hace de sus productos, «una parte va al pote» destinado a la inversión. «Un año hice los muebles, al siguiente compré los equipos, y así iba. Todos los años pensaba que ahora sí abriría, pero no lo lograba. El día antes de la inauguración, los papeles que tenía pegados a los vidrios no quería salir y yo lo entendía porque ¡tenían 7 años allí!», cuenta.

Desde que amplió la panificadora a todo el garaje de su casa, María emplea a mujeres del pueblo para que la ayuden, y ahora sumó más al local.

En paralelo, esta joven de Paracotos también aprovechó para formarse. Ha hecho varios cursos con profesores internacionales y locales, y comenzó a relacionarse con maestros panaderos y pasteleros venezolanos, como Luis Rogelio Salcedo, Rosalba Jiménez y María Evans. El esfuerzo también dio frutos por ese lado: ganó la Copa de la Federación de Industriales del Pan en 2024 y tres premios en el concurso El Cachito de Caracas, en ambas categorías: de autor y tradicional.

Durante el acto de inauguración, María resaltó una y otra vez el apoyo de su familia, y también fue notorio. Sus papás Andrés y Mireya, y sus hermanos María de los Ángeles y Andrés jr. participaban, atendían, servían. Y no fue solo ese día. Todos ellos están involucrados, a diario, en La Miga Dorada, incluso cuando tienen sus propias profesiones y trabajos.

«Paracotos no está lejos de Caracas», refiere María. «Incluso pueden pasar si están en la Autopista Regional del Centro, en la vía a otro sitio, y disfrutar de un café, de la panadería y de la pastelería», agrega. Y es cierto, al tomar la salida de Paracotos, son apenas 10 minutos para llegar al casco central de este pueblo de montaña, a la iglesia colonial y a La Miga Dorada.

Coordenadas de La Miga Dorada

Instagram. @panaderia.lamigadorada

Dónde. Centro de Paracotos, frente a la iglesia. Edificio Libador, primer piso.

Horario. De lunes a domingo, desde las 7 am. Viernes, sábado y domingo cierra a las 9 pm, el resto de los días a las 8 pm.

Estacionamiento. Sí, frente al edificio.

Delivery a Caracas. Sí, cuadrando directamente con ellos. María va con frecuencia a la ciudad a buscar ingredientes.

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