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Las "amargas" uvas del tiempo y otros rituales del Año Nuevo

 Algunas costumbres permanecen en el tiempo, otras por diversas razones se van perdiendo. En esta crónica, Alberto Veloz se refiere a las tradiciones que reinan en el momento de recibir el nuevo año

Las "amargas" uvas del tiempo y otros rituales del Año Nuevo

Así como en algunos lugares se festeja la Nochevieja, en Venezuela se habla del Año Nuevo, precedido por una copiosa cena y fiesta con mucho baile y bebidas, que después de las 12 campanadas se prolonga hasta que el cuerpo aguante.

Esta fiesta universal rige a partir del calendario gregoriano, impuesto por el papa Gregorio XIII en el año 1582. Alrededor de estas celebraciones se han ido tejiendo costumbres que se convirtieron en tradiciones y varían de un país a otro.

Es una fiesta pagana, aunque el 1° de enero se corresponde con la circuncisión de Jesús a los 8 días de nacido según la ley judía, pero su fin no es festejar este hecho, sino el de despedir un año y darle la bienvenida al otro.

El mundo entero prepara festejos de todo tipo y condición, desde grandes comilonas, alegres fiestas, exhibiciones pirotécnicas hasta ritos que unen la superchería con la religión en un sincretismo ceremonial a veces disparatado y sin sentido donde imperan las supersticiones.

El momento clímax, a la medianoche, es para desear paz, salud y abundancia durante los próximos 365 días, aunado a declaraciones falsas de amor por toda la humanidad.

Como por arte de magia a las 12 en punto se intenta perdonar todos los sinsabores que se han tenido durante ese año con los semejantes, aunque el 2 de enero estén fajados otra vez.

Caracas y su cañonazo

En la Caracas de hace mucho más de medio siglo la pregunta de los caraqueños era: ¿Dónde vas a esperar el cañonazo? Es importante acotar para las nuevas generaciones que el “cañonazo” era lo más tradicional que teníamos los capitalinos para recibir el nuevo año.

La “esperada” del cañonazo solía ser en la Plaza Bolívar; en la misa de medianoche cuando la seguridad permitía esos horarios o en familia, escuchando el radio que anunciaba los doce cañonazos de La Planicie.

Es importante aclarar que esta costumbre había nacido de un viejo cañón que miraba a Caracas desde el antiguo Cuartel San Carlos en el sector La Trinidad, en las adyacencias al Panteón Nacional.

Año Nuevo

Gran cañón de Caracas en el antiguo Cuartel San Carlos. La Planicie. 1910. Circa

Cuenta el historiador y cronista José García de La Concha en su libro “Reminiscencias” que los muchachos de la época le tenían el sobrenombre de “La cochina” o “La verraca” a ese viejo cañón, que era muy querido porque marcaba el inicio de un nuevo tiempo de esperanza.

Durante el gobierno de Cipriano Castro, en 1910 se construyó la Escuela Militar en La Planicie donde fueron instalados dos cañones que marcaban con puntualidad el comienzo del nuevo año. “La verraca” pasó al olvido.

Era una costumbre sintonizar la emisora Radio Rumbos para escuchar al locutor de guardia anunciando cuanto tiempo faltaba para terminar el año, mientras alternaban gaitas y aguinaldos con la sempiterna canción de Néstor Zavarce «Faltan 5 pa´ las doce”:

A la medianoche en punto la emisora transmitía, de manera directa, las doce campanadas de la torre de la Catedral de Caracas y al finalizar, entre sollozos y algarabía, se escuchaba el Himno Nacional a todo volumen.

Caraqueños reciben el Año Nuevo en la Plaza Bolívar. 1930. Circa

El momento del estruendoso cañonazo nos lo recuerda fielmente don García de La Concha: “Para el caraqueño de época pasada, sentir el «cañonazo» era la llegada del Nuevo Año con todas sus penas y alegrías. A muchos encontraba el día primero del año, tranquilos, indiferentes, y les preguntaba y me contestaban, ‘Si yo no sentí el cañonazo, yo estaba durmiendo’; y yo soy de los que si no siento el cañonazo para mí es una noche cualquiera. Efectivamente, mi abuela me decía: ‘Lo que soy yo me acuesto temprano porque no quiero oír el ‘cañonazo’, porque me da mucha tristeza, me trae muchos recuerdos'».

Esperando las 12 campanadas de la Catedral. María Filomena Sigillo Giannetto. Caracas en Retrospectiva

Es el momento de escuchar a Maracaibo 15 en “El cañonazo”:

Las “amargas” uvas del tiempo

Millones de venezolanos exiliados por cientos de circunstancias revivirán en estas navidades la amarga experiencia que le tocó transitar al gran poeta Andrés Eloy Blanco con apenas 27 años de edad en la nochevieja de 1923 en Madrid cuando no pudo regresar a Venezuela por circunstancias imprevistas.

Su espíritu democrático le recordaba a la patria lejana que en aquellos años aciagos estaba bajo el yugo de una dictadura implacable como fue la de Juan Vicente Gómez.

Y fue en la Puerta del Sol, kilómetro cero de la “Madre Patria” cuando Calíope, musa de la poesía, llevó de la mano al bardo para reflejar en “Las uvas del tiempo” el dolor de la lejanía de los seres queridos, la patria quejada políticamente mientras a su alrededor todo era festejos y alegría para recibir un nuevo año, en medio de costumbres diferentes y ajenas, como la de comer una uva por cada campanada que marcan el fin y el comienzo de un tiempo.

Escuchemos al mismo Andrés Eloy Blanco declamando su poema “Las uvas del tiempo”

Supersticiones importadas y nacionales

La llegada de miles de inmigrantes al país trajo consigo la entrada de costumbres y tradiciones que poco a poco fueron ganando terreno en nuestra sociedad, que las ha adoptado como propias sin hurgar en su origen y significado.

Una de ellas es precisamente la de comer 12 uvas al ritmo de las campanadas y pedir un deseo por cada una de ellas. Tradición importada de España que tiene dos teorías en su origen. Una se refiere al excedente en la producción de uvas de la variedad Aledo de Alicante en el año 1909, y para venderlas se promocionaba comerlas al ritmo de las campanadas durante el fin de año, a la vez que se deseaba la buena fortuna y prosperidad.

La otra teoría era que el pueblo llano comenzó a consumirlas en la Puerta del Sol en Madrid para igualarse a la alta burguesía que tenía la costumbre, importada de Francia, de comer uvas blancas y tomar champaña. En cualquiera de los casos, este cronista nunca ha podido “atragantarse” con tantas uvas en tan poco tiempo.

Fin de Año en la Plaza Bolívar de Caracas, años 50. María Filomena Sigillo Giannetto. Caracas en Retrospectiva

Otra tradición, pero esta venida de Italia, es comer un plato de lentejas al iniciar el año, que según la conseja es símbolo de abundancia y prosperidad en el año que recién comienza.

Para viajar muchas veces la gente le ha dado por salir a la calle con una maleta o tener en la mano un billete de alta denominación, preferiblemente en divisas como símbolo de grandes ganancias; mientras que usar ropa interior de color rojo tendrá mucho amor y si es amarilla la suerte le acompañará.

También existe una vieja costumbre caraqueña que era el “estreno” del 24 y el 31, y consiste en usar vestimentas nuevas en las fiestas, que si la economía no da para un atuendo completo, aunque sea comprar un par de medias.

Cuando las fiestas eran hasta el amanecer

La costumbre en Caracas, después de intentar cumplir con todos los ritos y supersticiones, es reunirse en familia y con amigos en las casas para esperar al nuevo año o recibirlo en los clubes privados y más recientemente en hoteles.

Año Nuevo

Plaza Bolívar adornada para esperar el cañonazo en 1940. Así es nuestra Navidad en Venezuela

Hace muchos años era de buen tono celebrar en locales nocturnos de moda como el Roof Garden, frente a la Plaza Bolívar donde se ofrecía una espléndida cena navideña para recibir el año 1942 con Billo´s Caracas Boys y en medio del extenso menú de marcado acento francés estaban las infaltables hallacas y el dulce de lechosa, estos dos platos consumidos por igual en todas las clases sociales.

Fin de año en el Roof Garden 1942

Otro menú para la Nochebuena o el Fin de Año de principios de siglo lo ofrecía el restaurante La Bella Italia en el centro de Caracas y disponía de lo que ahora llaman servicio de “delivery” pero con su nombre en español: “envío a domicilio” de pavo trufado, hallacas de gallina, pastelitos de pollo, ensalada de gallina, galantina de pavo en gelatina, raviolis de pollo a la italiana, espagueti y tallarines a la italiana (sic). También ofrecían “vinos y licores legítimos de las mejores marcas y bombones de la afamada casa Streglio de Turín”.

La Bella Italia cena de fin de año 1937

Festejar esta fecha en los hoteles de cinco estrellas que dispone la ciudad no era tan frecuente. En los últimos años se ha ido popularizando la idea y éstos ofrecen paquetes que incluyen cena de gala, baile con orquestas y hasta alojamiento con desayuno el primer día del año.

Maracaibo 15 interpreta “Viejo Año”:

Se extingue la tradición

Los clubes tradicionales de la ciudad como el Caracas Country Club y el desaparecido Club Paraíso ofrecían bailes de gala de estricta etiqueta. Las grandes orquestas de Billo´s Caracas Boys, Los Melódicos y Luis Alfonso Larrain se disputaban la preferencia del público. La mayoría de los socios recibían el año en sus casas y luego iban a festejar en el club.

Esta costumbre, similar para todos los demás clubes de la capital, prácticamente se extinguió porque los socios prefirieron viajar para pasar el fin de año fuera del país.

Desde hace algún tiempo el sitio de reunión son los clubes de playa, como la fiesta del Club Camurí que se ha convertido en todo un acontecimiento social en ambiente playero chic con despliegue de fuegos artificiales.

La pandemia con su cuarentena a cuestas trastocó absolutamente todo a nivel global. Se escucharán los petardos, cohetes y luces de bengala de siempre que explotarán para irrumpir el silencio del cielo caraqueño y si el consumo de lentejas augura abundancia, se necesitarán muchísimos kilos de lentejas para volver a la bonanza de años anteriores.

Bibliografía

José García de La Concha. Reminiscencias. Caracas 1962
Fotos: María Filomena Sigillo Giannetto. Caracas en Retrospectiva.

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