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¡Termina la carrera!

Con una anécdota de la vida real, Ricardo Adrianza nos invita a sumar la empatía como pilar fundamental en nuestras actuaciones como líderes

¡Termina la carrera!

“Los líderes son efectivos por lo que son interiormente; por las cualidades que los hacen personas. Para llegar al más alto nivel de liderazgo, los seres humanos tienen que desarrollar estos rasgos interiormente. Si puedes llegar a ser el líder que debes ser dentro de ti, serás capaz de convertirte en el líder que quieres ser fuera de ti. La gente querrá seguirte y cuando esto suceda, serás capaz de enfrentar cualquier cosa en este mundo”. Este fragmento es de John Maxwell –uno de los mayores exponentes en temas de liderazgo– en su obra Las 21 cualidades indispensables de un líder.

La frase de Maxwell concreta la importancia de construir cualidades de liderazgo a partir del Ser. Con todos los adelantos en el campo de la psicología y la neurociencia, es innegable la influencia que tienen las llamadas habilidades blandas en el crecimiento personal.

Ahora bien, la construcción de liderazgos no es tarea fácil. Yo diría que, principalmente, debe contar con el compromiso irrenunciable de la persona que lo persiga. A mi juicio, ese compromiso es una referencia sine qua non para abrazar los objetivos planteados individualmente y, por ende, el de las organizaciones: ¡mejores personas, mejores resultados!

Por otra parte, la visión de las empresas donde laboren debe incluir un enfoque “hacia la gente” bien estructurado, lo cual influirá positivamente en el reconocimiento de las potencialidades de sus colaboradores, y consecuentemente, en un mejor rendimiento personal y profesional.

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Foto: Fauxels / Pexels

Sin embargo, en este largo camino de crecimiento, nuestros jóvenes se tropiezan con muchas realidades que forzosamente van restando fuerza a sus planes. Como es consabido, las particularidades de vivir en un país tan golpeado como el nuestro influyen significativamente en nuestro ánimo, y créanme, esas realidades afectan mucho más a nuestros jóvenes profesionales.

Resulta doloroso verlos afectados por las vicisitudes de la vida diaria, sin la esperanza cercana de cambios estructurales que alimenten la motivación de crecer, y más aún, de creer que es posible conseguir sus objetivos de independencia económica, a la par de su crecimiento personal.

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Estoy convencido de que el principal obstáculo que los aleja de posiciones de liderazgo está centrado, principalmente, en el aspecto emocional. Entonces, apostar por incrementar ese capital emocional es clave para desarrollarlos y potenciar sus fortalezas.

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Foto: Pixabay / Pexels

Para apoyar mi empeño – y el de la firma que represento – en abonar el camino para la construcción de nuevos liderazgos, quiero compartir en este artículo algunas reflexiones del coach americano de básquetbol, Glenn “Doc” Rivers, resumidas en un documental de Netflix de nombre: El manual de juego.

Como parte de su ritual de presentación ante un nuevo reto, “Doc” decía: “Soy humano y voy a cometer errores”. Esta frase me parece fabulosa para graficar que la vida es un caer y levantarse todos los días, pero que en modo alguno debe entorpecer la guía de objetivos trazada. La consecución de objetivos es un proceso que incluye reveses y aprendizajes.

“Termina la carrera”, es uno de los nobles consejos de “Doc”. En una primera lectura, quizás estas palabras no te indiquen, pero al conocer la historia que las respalda, te hará sentido.

En sus años de juventud, la maestra del colegio, en un ejercicio planteado a sus alumnos convidó al joven Glenn Rivers a revelar su aspiración de qué quería ser cuando fuera adulto. Este respondió en varias oportunidades: “basquetbolista profesional”, a pesar del rechazo de la maestra de no validar tal afirmación por considerarla poco creíble. Su insistencia le valió la expulsión de la clase, y luego de algunas diferencias con el padre, recibió su respaldo alentándolo a trabajar duro y ¡terminar la carrera!

Foto: Skitterphoto / Pexels

La exitosa campaña profesional de Rivers –como jugador y entrenador– confirman el coraje en no desmayar, a pesar de las voces agoreras que pretendían desviarlo de un sueño dibujado desde niño. Nos recuerda, además, que aunque no siempre acertemos en lo que queremos, la orden es seguir adelante.

Y, precisamente, esta historia respalda mi pensamiento en cuanto a la importancia de no renunciar. Una de las claves para ello, es evitar preocuparse demasiado por el fracaso. Fracasar supone no tener éxito nunca y ¡eso no es cierto! En su lugar, adopta la idea de que puedes aprender de tus errores. El éxito a menudo sobreviene tras muchos intentos.

Estas ideas, entre muchas, son potenciadoras de las fortalezas de carácter y de la construcción de liderazgos no exento de errores. Es imperativo ponerlas en práctica desde el inicio y desligarse de presentarse como víctima. Si te presentas como tal, supondrá una limitación adicional en tu carrera y en tus planes, y peor aún, dejarás tu destino en manos de terceros.

Foto Bongkarn / Pexels

Por nuestra parte, –quienes lideramos– debemos entender que, si no afianzamos el capital emocional de nuestros colaboradores, el éxito será a medias. No implantar programas de educación emocional y mentorias, luce irresponsable y nos pasará factura en el futuro, la misma que está pagando el país con la reiteración de políticas públicas erradas.

Sumemos entonces a la empatía como pilar fundamental en nuestras actuaciones como líderes. Eso, les aseguro, afianzará el desarrollo de nuevos líderes y creará un vínculo de relaciones duraderas, lo que indudablemente potencia a las organizaciones.

 

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