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Le Drugstore, el espíritu caraqueño de los 70

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28/04/2015
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FOTOS CORTESÍA ALBERTO VELOZ

Perros calientes de un metro, cervezas gigantes, sándwiches de exóticas mezclas, helados pantagruélicos, lingotes de chocolate y exquisitas crepes condensan el alma gastronómica de lo que fue la meca de la juventud y la moda caraqueña de los años 70 y 80: Le Drugstore levantó su santamaría, de fina trama en hierro, el 14 de diciembre de 1970 en el Centro Comercial Chacaíto
Una publicidad de intriga anunciaba que el corazón de Caracas comenzaría a latir en otro sitio. Era la revelación de un concepto novedoso ya que pronto abriría el más moderno y funcional centro comercial, con una arquitectura acorde al benigno clima de la ciudad: abierto al cielo, amplio, despejado, sin necesidad de aire acondicionado. Prueba de ello es que, después de casi medio siglo, su moderna estructura resiste el tiempo gracias a su diseño arquitectónico que lo conserva joven y contemporáneo.

Por eso, al escribir sobre Le Drugstore es imprescindible referirse a su ubicación. Por añadidura estaba rodeado de comercios importantes, verdaderamente elegantes y de gran renombre como la sucursal de Yves Saint Laurent Rive Gauche, Adam´s, Maruja Sanz, Minouche, Wilco, Vogue, Carnaby, las icónicas tiendas de telas Les Sentiers y Raymar; nights clubs como El Hipocampo, el piano bar Baby Scotch, la moderna discoteca Eva y el exclusivo Le Club, además de las salas Cinema 1 y Cinema 2, las únicas donde se podía fumar, para felicidad de los adictos a la nicotina.

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Pero el imán del emporio comercial de Chacaíto indudablemente fue esta mezcla de fuente de soda de avanzada combinada con el concepto de farmacia “american way of life” y mini tiendas, con decoración pop que impactaba por sus pisos de damero en blanco y negro en contraste con la madera trabajada a la inglesa en estilo Art Noveau y celosías con vitrales que separaban los ambientes. Años antes Le Drugstore de París, en Champs Elysées, hacía furor entre la juventud gala.

En una breve encuesta de memoria gastronómica a los habitués del sitio, casi todos respondieron: “Los perros calientes de un metro y las gigantescas y estrafalarias jarras de cerveza que llegaban a la mesa dentro de un paral de madera, porque si no, se caían. Había que ingerirlas rápido ya que se calentaban de lo grande que eran. Las salchichas de estilo alemana, polaca o winners con repollo agrio, las bañaban varios tipos de salsas entre las que destacaban la clásica alemana con un lejano toque dulzón y la mostaza importada de primera línea.

 

Sándwiches y helados con nombre propio
Le Drugstore fue un concepto donde el eje era la comida rápida pero no tan rápida, de excelente factura, muy lejos a lo que pudiera pensarse como “comida chatarra”, con servicio atento y eficaz. Materia prima de primera calidad, ingredientes importados sin limitaciones de ningún tipo, armonía de sabores y originalidad en la concepción del menú constituyeron la clave del éxito y su permanencia en el tiempo, amén de la hermosa y muy punky clientela que pululaba día y noche en el lugar.

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La peculiar carta presentaba sándwiches con nombres de personajes famosos de la época, reales o de ficción, como el “Renny” (por el conocido y mundano animador Renny Ottolina) confeccionado con pan negro relleno de queso suizo y salmón ahumado. “Miss Venezuela” con pan de comino, queso crema, salmón ahumado y cebollas fritas. Ambos tenían el astronómico precio de Bs. 12, eran los más costosos. El siguiente en categoría, a Bs. 9, se llamaba ostentosamente “Onassis” y tenía pavo, jamón, queso suizo, ensalada de repollo, salsa rusa en pan de comino. “El Cordobés” se consumía en pan francés redondo relleno de pavo y pastrami. “Luis Aparicio” lo representaba un pan de comino pletórico de lengua picada y queso suizo o el “Beatles” henchido de tocineta, tomates, queso grillado, dentro de pan tostado. No podía faltar el popular y groserito “Jaimito” de queso crema, confituras, nueces y pan negro o “Don Fulgencio” con pasta de hígado, cebollas sauté en pan de comino y así hasta 38 variedades. Un sueldo promedio para ese entonces rondaba los Bs. 3.200.

Pero si los sándwiches creaban hábito, los helados se convertían en manía, no en vano la sección se llamaba Heladomanía, donde la “Ponchera para dos” a un precio de Bs. 15, moneda fuerte de los años 70, era literalmente una gran ponchera con cinco variedades de helados, lluvia de frutas, abundante crema Chantilly y muchísimas nueces. “El Levantador” con helado de vainilla, ensalada de frutas, cubierta de butterscotch y crema Chantilly. La “Reina Africana” helado de chocolate, lluvia de cerezas, crema Chantilly y cerezas cubiertas de chocolate. “El Infiel” tenía helado de fresa con cubierta de fresa, marshmallow y lluvia de menta.

La lista larga, variada y sugestiva de sabores hacía muy difícil la decisión. Todas estas delicias se presentaban en hermosas y extravagantes copas que obligatoriamente se tenían que compartir dado el indescriptiblemente exagerado tamaño.
Mención especial el capítulo de las sodas, de donde vienen propiamente las conocidas fuentes de soda. Helados para burbujear “Ice Cream Sodas” con insinuantes nombres como el Midgnight, The Pink Lady, The Red Baron, o el Hoboken que contenía soda de piña con helado de chocolate. Todos a Bs. 4 quitaban la sed a cualquier mortal.

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La hora del té se saciaba con una inmensa variedad de crepes, tanto saladas como dulces. Las había elegantes y refinadas como la crepe de puntas de espárragos, jamón y sauce mousseline. Otra rellena de mariscos y salsa nantua o la de foie gras truffe. Entre las crepes sucrées estaba la Belle Helene con crema d´amande, pera y hot fudge o la crepe melba plena de creme patisserie, melocotones y sauce framboise. La recomendación de la carta era ¡Té para dos ya que tres son una multitud!

El muy original menú por su diseño y textos invitaba a la gula exacerbada por las insinuaciones como Jardín… de ensaladas y platos fríos; en Entremeses para abusar de ellos… se publicitaban los arenques en crema agria, el paté de foie gras truffé, una docena de ostras o caviar a Bs. 40. Hamburgers que hacen dar el SI… Sopas de Alto Status… donde tenían cabida la sofisticada y elegante vichyssoise o una caliente y muy francesa sopa de cebolla au gratin. Todo estaba acompañado de chaperonas para nuestros platos exquisitos…! es decir enormes raciones de papas fritas, ensaladas de repollo o de papas a la alemana al increíble precio de Bs. 2.50. Variedad de huevos de la gallina de oro en múltiples combinaciones y texturas.

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Con la advertencia: “Estamos en contra de la ley seca” se ofrecían desde una cerveza hasta botellas de Dom Perignon o Veuve Clicquot a Bs. 120 y 80 respectivamente, pasando por un Poully-Fuisse o Chateauneuf du Pape por la módica cantidad de Bs. 45. Coctelería tradicional a Bs. 7 cada combinado.

 

El último alarido de la moda
Eso era lo que se conseguía en las muchas mini tiendas ubicadas a la entrada y distribuidas como en un laberinto donde vendían franelas fosforescentes con estampados, nombres y figuras a solicitud del cliente. Discos del hit parade recién salidos al mercado internacional que se escuchaban en el ambiente musical a juego con las luces del local. Cerrajería con llaves de colores psicodélicos y llaveros raros y complicados.

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Librería colmada de best sellers, revistas y diarios del mundo entero, postales insólitas y afiches de colección. Joyas y bisutería fina y no tan fina, ropa avant garde y accesorios, perfumes y las muy novedosas Greetings Cards, tarjetas de felicitación para cualquier evento con ocurrentes y picantes frases, contribuían a que las máquinas registradoras no cesaran de sonar.

Monitores de televisión y diapositivas proyectaban en las paredes imágenes icónicas del momento para el entretenimiento de los clientes. En un pequeño espacio de este enjambre de reducidos comercios “picaban”, con un enorme mazo, trozos de lingotes de chocolate negro, blanco o con frutos secos que vendían por peso. No existía el engañoso y aberrante concepto de comidas light.

Indudablemente que Le Drugstore marcó un momento crucial en la vida urbana del caraqueño, especialmente en la juventud venida de todas las clases sociales y rincones de la ciudad, donde se dejó ver un cosmopolitismo a la altura de las grandes capitales, sin envidiar nada y mucho menos sentirse en un país del tercer mundo, todo lo contrario avanzábamos aceleradamente hacia el primero.
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