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La gran competencia desleal de los vinos y destilados "maleteados"

La gran competencia desleal de los vinos y destilados "maleteados"

Los importadores formales de vinos y destilados deben pagar hasta 70% del precio de la botella en impuestos y esperar mucho tiempo para obtener los permisos y las bandas tributarias. Los vinos y destilados «maleteados», en cambio, llegan directo a bodegones y tiendas virtuales sin necesidad de cumplir con los trámites legales de venta de licores. 

 

En los últimos meses, los bodegones han proliferado en toda Venezuela, ofreciendo productos de todo tipo. En muchos casos, venden también vinos y destilados que han sido importados sin tramitar todos los pasos y permisos que las distribuidoras formales sí deben cumplir.

Una importadora formal de licores requiere meses de trámites para traer al país algún vino o destilado, entiéndase sobre todo whiskies. Desde que empieza el proceso de negociación con la bodega o destilería y hasta que el producto llega por fin a los anaqueles, se deben cubrir procesos de permisología sanitaria, aprobación de etiquetas, pago de impuestos de nacionalización y la entrega de las bandas de Seniat (el ente tributario de Venezuela) que lleva cada botella, previo pago de impuestos a los licores y bebidas alcohólicas.

Norángel Portal, hasta hace muy poco gerente de Mercadeo de una pequeña importadora de vinos, explica que las distribuidoras legales se ven afectados principalmente por el tema de precios pues “al no pagar la nacionalización y los impuestos requeridos, (los licores que se venden en bodegones) pueden ser más baratos”. Además se hace difícil competir con la cantidad de vinos nuevos en los bodegones.

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Foto: Chris Wood / Freeimages

“Ellos (los bodegones) no pasan por toda la permisología sanitaria donde se revisan las características del producto y la etiqueta, desde el grado alcohólico hasta la variedad de la uva utilizada”, en un proceso que puede tomar meses y es muy costoso explica Portal.

Mariano Piccioni, gerente de Ventas de una importante importadora, añade que la falta de controles de aduana y fiscales, se refleja en el enorme ingreso de vinos y destilados, pero advierte que la competencia de precios es más dura en los destilados que en los vinos.

Piccioni afirma que es muy poca la diferencia de precios en los vinos porque normalmente “no pueden comprarlos directamente en la bodega sino a un distribuidor” lo que acorta la brecha de precios.

En donde sí hay una incidencia importante es en el rubro de destilados porque, en los que se importan legalmente se pagan muchísimos impuestos frente a los “maleteados”: En Venezuela, cerca del 70% del precio de cada botella vendida legalmente son impuestos. 

Las distribuidoras legales también se enfrentan al aprovechamiento que hacen estos importadores ilegales de su trabajo de mercadeo. Portal refiere el caso de un vino en particular que llegó a los bodegones justo después de una gran inversión publicitaria que hicieron los distribuidores legales en puntos de venta, a un precio superior al promocionado por ellos, pero beneficiándose del espacio de tiempo que requieren para reponer inventarios.

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Foto: Freeimages

«La competencia se hace más desleal en el caso de los destilados, pues cerca de un 70% de precio final se debe al pago de impuestos y traslados, que los ‘maleteados’ no pagan aunque compren el producto a mayor precio fuera del país», explica Piccioni.

 

Estos productos «maleteados» suelen llegar en barco. Bastan 40 días para el traslado, pasan por aduana sin controles ni pago de impuestos, e incluso traen al país marcas que los importadores no han introducido al mercado nacional o, aún peor, se encuentran en trámites en organismos venezolanos para poder entrar.
Las importadoras, además, hacen una importante inversión en el traslado del producto en cavas refrigeradas, mantas térmicas y depósitos climatizados para garantizar la calidad de los vinos que ingresan al país, mientras que los «maleteados» llegan en containers donde no hay ninguna garantía de la calidad del producto, es decir, pueden haber sido sometidos a altas temperaturas, maltratados o, incluso, adulterados.