<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

¿Puede el vino convertirse en un dolor de cabeza?

La polémica en torno a la posibilidad de que el irresistible fruto de la vid, sinónimo de disfrute, constituya un detonante de migrañas o malestares de este tipo es amplia. Más allá de que beber en exceso, cualquier tipo de alcohol, se traduzca en resaca, la conexión, en casos especiales y de poca ingesta, se remite a hechos concretos. Las explicaciones, sin embargo, son disímiles

¿Puede el vino convertirse en un dolor de cabeza?

La versión más popular hace culpables a los sulfitos, una sustancia antiséptica y antioxidante, que impide la reacción del vino frente a la luz, el calor, el oxígeno y el trasporte. El sommelier Olivier Magny, autor del libro Into wine, an invitation to pleasure, refrenda la tesis y acota que los vinos “buenos”, orgánicos, biodinámicos o hechos con sulfitos de origen volcánico, no son una amenaza, a diferencia de los vinos “malos y baratos, con sulfitos derivados del petróleo”.
“Se reconocen por el olor a cerillo quemado y una cierta sensación de adormecimiento en la lengua”, perjura Magny. En contraposición, médicos y especialistas plantean otras explicaciones. Frederick Freitag, director asociado del Diamond Headache Clinic en Chicago, afirma que los sulfitos pueden llegar a causar síntomas de alergia y asma en determinadas personas, pero no dolores de cabeza.
De acuerdo con lo escrito por Dorothy J. Gaiter y John Brecher en The Wall Street Journal, el síntoma responde a la acción de dos sustancias naturales presentes en el vino: Histamina —dilatador de vasos sanguíneos— y tiramina —constrictor de vasos sanguíneos.
Si bien la medida en que se presentan depende de diversos factores, como el tipo de uva, el suelo en que crecen las viñas, entre otros, los tintos suelen presentar mayor concentración. No en vano se habla del síndrome “RWH”: Red Wine Headache.
El factor determinante, empero, está en el grado de sensibilidad que tengan los comensales a estas sustancias. Estudios señalan que, en el caso de la histamina, el problema surge en ausencia de una enzima, en el intestino, que ayuda a metabolizarla. La tiramina, por su parte, incide en la medida en que eleva la presión sanguínea.
Este tipo de dolor de cabeza, en consecuencia, suele presentarse en personas que normalmente responden igual frente a quesos envejecidos, ciertos enlatados, carnes curadas o ahumadas, así como frutas cítricas.
Entonces: ¿dejar de tomar vino? Jamás. Por suerte se trata de una excepción a la regla. Las recomendaciones apuntan a beber siempre en moderación, con comida y, sobre todo, de forma alternada con agua, considerando que es la deshidratación una causa importante.
Algunos exhortan a ingerir antihistamínicos, ibuprofeno o aspirinas antes de regar las copas, o vitamina B6, por ayudar a metabolizar la histamina. En todo caso, y por encima de cualquier recomendación “de hijo de vecino”, si una persona nota esta sensibilidad frente al vino, más le vale acudir al médico que perdérselo.

]]>