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Razones para saborear New Orleans

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16/09/2017
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FOTOS DANIELA MEJÍA

New Orleans, en Luisiana, es la ciudad menos “gringa” de los Estados Unidos. Es un punto geográfico con tanta personalidad, que sale de los esquemas. Olvídate de la típica comida sobria o estándar americana. El cajún y el creole tienen su propia magia y traspasa la materia gastronómica. La sazón se lleva en la fiesta, la música, el arte, la literatura y hasta el culto religiosoRazones sobran para visitar New Orleans. Y es que, aunque la ciudad todavía sufre por los embates de Katrina, la música y el espíritu fiestero no dejan de ser centro de atención. Tampoco las mil y un singularidades de la ciudad, consecuencia directa de la mezcla de culturas; puros productos mestizos bañados por el Mississippi.

Franceses, españoles, caribeños, africanos, estadounidenses y hasta italianos han forjado la idiosincracia de esta ciudad. Como pudiera ser un pueblo costero venezolano (hágase una imagen de Choroní o Margarita), la golpeada ciudad del “Big easy” se ha caracterizado por ser una urbe tolerante a toda nueva influencia. La soltura en el trato amable y su disposición permite que el arte y costumbres se fusionen y reinventen. Nola es una tierra fértil para la producción cultural. Pero ojo: lo clásico se conserva.

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La bohemia cubre el French Quarter en los balcones de todas sus casas con arquitectura hispana. En los alrededores de la Jackson Square, justo en las bases de la Catedral de San Luis, artistas plásticos y tarotistas ofrecen sus trabajos.

Aprovecha y recorre la calle Canal, el malecón y el “levy” adyacente al Mississippi. Eleva tus plegarias en la misa al ritmo del jazz de la iglesia de San Agustín. Que los tragos se te suban a la cabeza en la calle Bourbon o refínate con la buena música de la calle Frenchman y condiméntate en los “fin de mes” mulatos, reminiscentes de casas creoles y cajún.

Este tipo de comida criolla es picantosa y sumamente condimentada. Tiene aromas y tonos muy fuertes, está cargada de una buena dosis de proteínas como carne y mariscos a menos que te inclines hacia el típico pollo frito de Louisiana.

Aquí un pequeño recorrido que debes saborear sin excepción:

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El gumbo es un hervido con arroz que se puede servir con camarones, cangrejo, pollo o carne. Es un plato denso, cuyo picante y espesor hace sudar a cualquiera. Aún más, si lo mezclas con el sol intenso del mediodía sureño de Estados Unidos. Si este tipo de plato te gusta y no te asustas con las especias y la pimienta, la jambalaya es otro tradicional que debes degustar. Elaborado a base de arroz, pudiera ser comparada con la paella española, ¡pero cuidado, que ni el vodoo, típico también de Nola, evitará el picor de este plato!

Si eres un comensal más del tipo Deli, New Orleans te ofrece los típicos Po-boys: sándwiches grandes con carne o mariscos desmenuzados. Su nombre viene de la pronunciación sureña de poor boy, niño pobre. Son relativamente económicos, pero se trata de una comida completa. Así que de pobre, no tienen nada. El más típico es el de camarones fritos, pero si te gusta lo exótico, no puedes dejar de probar el de caimán o el de roast beef con gravy, que es una “gordura” para chuparse literalmente los dedos después de que estos se embadurnen de salsa. Para este tipo de manjares los locales recomiendan visitar el restaurante Mother’s, donde supuestamente se prepara desde 1938, el mejor jamón ahumado. Personalmente recomendamos comprar uno cerca del Mercado Francés, en un local llamado “Gazebo”.

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Los “Lucky Dogs”, son perros calientes clásicos americanos, pero los carritos que los venden conservan la imagen desde la década de los 60. Tal como los narra John Kennedy Toole en su famosa novela de publicación póstuma La conjura de los Necios. Se pueden ubicar en la decadente calle Bourbon, la misma a la que “Fortuna” lleva al abnegado “chico trabajador” de la novela referida.

Entre las casas de strippers, las discotecas de ambiente (LGBT) y los bares para universitarios puedes disfrutar de este tipo de “bala fría”. Disfrútala con una cerveza típica de Luisiana, Cane Break: una ale dulce, rubia y refrescante.

Si te apetece, comer #LaMeriendita, prueba los beignets y un café olé (au lait), del famoso Café Du Monde, el mismo desde 1862, en la calle Decatour. Los beignets son unos buñuelos cubiertos de azúcar nevada, muy parecidos en sabor a las malasadas portuguesas.

Si encuentras mucha cola para entrar al histórico local, puedes optar por otro dulce típico, el praline: torticas de pecan u otra nuez, aglutinadas con crema y caramelo. Suelen ser empalagosas, así que quizás quieras pequeñas dosis de ellas o probarlas combinadas en un cremoso helado.

Otras curiosidades gastronómicas son los chocolates de Tabasco.

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Ya estás listo para disfrutar de la noche y festivales de Nola.

Si buscas una rumba más salvaje, puedes ir a la concurrida y turística calle Bourbon, pero si quieres disfrutar de la gran música de set que nace en esta región o escuchar un poco de jazz, debes ir a la calle Frenchman. De seguro, ahí le encontrarás muchos otros atractivos a esta ciudad.

¡Laissez les bons temps rouler!